Las muertes registradas a bordo del crucero MV Hondius, provocadas por la agresiva variante Andes del hantavirus, han encendido todas las alarmas en Europa y han reabierto el debate sobre si el bloque comunitario está realmente preparado para afrontar una nueva pandemia.
Una amenaza que activa los mecanismos europeos
Aunque el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) ha catalogado el riesgo para la población europea como ‘muy bajo’, el Consejo de la Unión Europea no ha tardado en reaccionar. El jueves activó su mecanismo de respuesta a crisis en modo de intercambio de información, con el objetivo de vigilar de cerca la evolución del brote.
Los expertos insisten en que no hay motivos para el pánico, pero reconocen que el episodio sirve como termómetro para medir la capacidad de reacción colectiva del continente ante amenazas sanitarias emergentes.
Los reglamentos que blindan a Europa
Tras el traumático impacto del COVID-19, la UE reformó sus mecanismos de respuesta sanitaria con el fin de evitar la descoordinación, el caos normativo y las disputas sobre vacunas que marcaron aquella crisis. Dos reglamentos son hoy la columna vertebral de esa nueva arquitectura.
El primero, el Reglamento 2022/2371, obliga a todos los países miembros a alertarse entre sí en un plazo máximo de 24 horas a través del Sistema de Alerta Precoz y Respuesta. La activación se justifica cuando una amenaza es inusual, provoca una mortalidad significativa, se expande con rapidez o supera la capacidad de respuesta de un solo Estado.
El segundo, el Reglamento 2022/2372, apunta directamente a la coordinación y el control: establece procedimientos para la aprobación conjunta y el almacenamiento compartido de vacunas y medicamentos, uno de los puntos más conflictivos durante la pandemia anterior.
La Comisión Europea puede activar el primer reglamento a propuesta del ECDC o de la Agencia Europea de Medicamentos, mientras que el Consejo tiene la potestad de poner en marcha el segundo.
Además, los Estados miembros pueden recurrir al Mecanismo Europeo de Protección Civil, orientado al despliegue de equipos y material de respuesta. España, de hecho, ya lo ha activado en relación con el hantavirus. Este mecanismo también integra a diez países no pertenecientes a la UE, entre ellos Noruega, Ucrania, Serbia y Turquía.
La cuarentena, sin protocolo unificado
Sin embargo, existe una laguna notable en el sistema europeo: no hay un protocolo unificado de cuarentena. Cada Estado aplica sus propias medidas, tal como quedó en evidencia durante la crisis del COVID-19, cuando las restricciones variaban enormemente de un país a otro.
Con el hantavirus, la situación parece, por ahora, mejor encauzada. Alemania, Italia, España, el Reino Unido y Estados Unidos están siguiendo criterios similares, alineados con las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Las recomendaciones generales contemplan una cuarentena de seis semanas para los contactos de alto riesgo, pruebas PCR, vigilancia estricta y distanciamiento de entre metro y medio y dos metros. En la mayoría de los casos, la cuarentena puede cumplirse en el domicilio, aunque países como el Reino Unido y Francia exigen que parte de ese período transcurra en un entorno hospitalario.
Un test para el futuro
El brote de hantavirus no ha desencadenado una emergencia sanitaria de gran escala, pero sí ha puesto bajo el foco las fortalezas y las grietas del sistema europeo de respuesta a pandemias. La coordinación ha mejorado respecto al pasado, pero la ausencia de protocolos comunes de cuarentena sigue siendo un punto débil que Europa deberá abordar antes de que llegue una amenaza de mayor envergadura.


