Susana Raffalli | «Lo que ocurrió en Venezuela no lo he visto ni en…

Susana Raffalli | «Lo que ocurrió en Venezuela no lo he visto ni en…

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Redacción News Media

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La experta en atención de emergencias Susana Raffalli ha dejado al descubierto una realidad sin precedentes tras los sismos ocurridos en Venezuela el pasado 24 de junio. Durante sus más de dos décadas de trayectoria recorriendo escenarios de desastre en distintos rincones del planeta, nunca había sido testigo de una escena tan desgarradora como la de ciudadanos removiendo toneladas de escombros con sus propias manos, intentando desesperadamente rescatar a sus seres queridos y vecinos atrapados. Esta imagen, que define como algo que no ha presenciado ni siquiera en naciones con crisis humanitarias extremas como Haití o Pakistán, marca un hito doloroso en la historia reciente de la región.

El evento sísmico que sacudió La Guaira dejó una huella imborrable en la geografía y en la vida de sus habitantes. Tras el impacto de los dos movimientos telúricos, la experta realizó una inspección en el terreno que le permitió observar una paradoja estructural inusual. Mientras que las edificaciones formales, situadas en la zona costera y construidas sobre suelos arenosos, colapsaron estrepitosamente, las viviendas informales ubicadas en las laderas montañosas, conocidas localmente como ranchos, permanecieron en pie al estar asentadas sobre bases rocosas más estables. Este fenómeno invirtió la lógica habitual de los desastres, donde la infraestructura más precaria suele ser la primera en sucumbir.

El contexto previo al desastre es fundamental para

El contexto previo al desastre es fundamental para entender la magnitud de lo ocurrido en esta franja costera. Antes del 24 de junio, el paisaje estaba claramente dividido entre la ciudad planificada frente al mar, que contaba con servicios públicos, y los asentamientos informales que trepaban por las montañas. Esta configuración geográfica, que durante años marcó una brecha social profunda, se convirtió en el escenario de una inversión de roles tras el sismo. La vulnerabilidad, que antes se asociaba casi exclusivamente a quienes habitaban las laderas, se desplazó hacia los sectores que residían en los edificios de la zona baja, quienes perdieron sus hogares y estabilidad en cuestión de segundos.

Raffalli es enfática al señalar que, en su amplia experiencia, nunca había visto que los sectores de menores recursos fueran los menos perjudicados por una catástrofe de tal magnitud. Según sus palabras, en la mayoría de los terremotos que ha atendido a nivel global, el daño estructural siempre guarda una relación directa con la vulnerabilidad social, afectando desproporcionadamente a los más pobres. En este caso particular, la experta subraya que, desde una perspectiva humanitaria, la población que tradicionalmente recibía asistencia por sus condiciones precarias no resultó ser la más necesitada tras el movimiento telúrico, pues fueron los habitantes de los edificios quienes quedaron en una situación de mayor desamparo.

Las reacciones ante este panorama han sido de absoluta sorpresa, incluso para quienes han dedicado su vida a la ayuda humanitaria. La experta destaca que, al comparar lo sucedido en La Guaira con sus vivencias en el terremoto de Haití en 2010 o en las emergencias de Pakistán, la diferencia radica en la desconexión entre la pobreza y el daño físico. Mientras que en otras latitudes la precariedad de la vivienda es el factor determinante para la tragedia, en este episodio venezolano se generó un nuevo grupo de damnificados: personas de clase media baja o sectores populares que, de un momento a otro, se vieron despojados de sus empleos, sus familias y sus techos debido al desplome de las estructuras formales.

Para los colombianos, este tipo de eventos representan

Para los colombianos, este tipo de eventos representan una alerta sobre la importancia de la planificación urbana y la gestión de riesgos en zonas costeras. La situación en Venezuela pone de presente cómo la geología del terreno y la calidad de las construcciones pueden cambiar drásticamente el impacto de un sismo, independientemente del nivel socioeconómico de los residentes. Esto obliga a reflexionar sobre la seguridad de las edificaciones en nuestras propias ciudades y la capacidad de respuesta ante desastres que, como se ha visto, pueden afectar a cualquier estrato social de manera inesperada, alterando la economía local y la seguridad de miles de personas.

Al analizar los antecedentes, resulta evidente que la labor de Raffalli, quien ha liderado iniciativas como SAMAN contra la desnutrición infantil bajo la coordinación de Cáritas, le ha dado una perspectiva única sobre la resiliencia de la sociedad civil. No obstante, la magnitud de la reconstrucción tras estos terremotos plantea un desafío que trasciende la capacidad de las organizaciones no gubernamentales. La experta advierte que, a diferencia de otras crisis que ha gestionado, esta requiere obligatoriamente de los recursos, la logística y las capacidades técnicas que solo un Estado puede movilizar para garantizar una recuperación efectiva y segura para los afectados.

La perspectiva a futuro para Venezuela es compleja, ya que está en juego la capacidad de reconstruir no solo los edificios, sino el tejido social que quedó fracturado tras el desastre. La experta sugiere que el camino por recorrer es largo y requiere una intervención estatal decidida, dado que la magnitud de los daños estructurales supera las posibilidades de las iniciativas privadas o de la sociedad civil organizada. Lo que está en juego es la estabilidad de una población que, tras perder sus bienes materiales, enfrenta ahora la incertidumbre de un proceso de reconstrucción que debe ser planificado con rigor técnico para evitar futuras tragedias.

Para el ciudadano común, esta situación significa una lección sobre la fragilidad de la seguridad habitacional. El hecho de que personas que contaban con servicios y edificaciones formales hayan perdido todo en un instante subraya que la prevención no es un tema exclusivo de quienes viven en zonas de riesgo evidente. En términos prácticos, esto afecta la percepción de seguridad, el valor de las propiedades y la necesidad de exigir mejores estándares de construcción. La lección es clara: la preparación ante un desastre natural debe ser una prioridad ciudadana que involucre tanto el conocimiento del suelo donde habitamos como la exigencia de políticas públicas sólidas.

Ante este panorama de incertidumbre y reconstrucción, es necesario detenerse a pensar en nuestra propia realidad. Si hoy ocurriera un evento de esta magnitud en su entorno cercano, ¿qué tan preparado se siente para enfrentar una pérdida total de su vivienda y cómo cree que reaccionaría su comunidad ante una emergencia que no distingue entre niveles sociales?

Preguntas frecuentes

¿Qué evento específico analiza Susana Raffalli en Venezuela?

Analiza los sismos ocurridos en el país el pasado 24 de junio.

¿Qué escena inédita presenció Raffalli tras los sismos?

Vio a ciudadanos removiendo toneladas de escombros por cuenta propia.

¿Cuál es la experiencia de Susana Raffalli en desastres?

Tiene más de dos décadas recorriendo escenarios de desastre en distintos rincones del planeta.

📰 Este articulo fue redactado a partir de la informacion publicada por BBC News Mundo (publicado originalmente el 2026-09-07). Ver la fuente original.