El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reveló que aplazó entre dos y tres días un ataque militar contra Irán después de que líderes de Catar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos le pidieran personalmente que diera tiempo a la diplomacia. La confesión, inusualmente pública, pone de manifiesto la creciente influencia de las monarquías del Golfo sobre la Casa Blanca en uno de los momentos más delicados del conflicto.

Trump reconoce la presión de sus aliados del Golfo

El mandatario estadounidense describió a Catar, Arabia Saudí y los Emiratos como ‘grandes líderes y aliados’ en una publicación en su plataforma Truth Social. Según sus propias palabras, estos tres países le solicitaron que pospusiera la acción militar porque ‘se están llevando a cabo negociaciones serias’.

‘En su opinión se alcanzará un acuerdo que será muy aceptable para Estados Unidos, así como para todos los países de Oriente Medio y más allá’, escribió Trump la noche del lunes.

En declaraciones posteriores desde la Casa Blanca, el presidente fue más explícito: había ordenado frenar ‘un ataque muy importante’ a petición de Arabia Saudí, Catar, los Emiratos y ‘algunos otros’, que le aseguraron estar ‘muy cerca de lograr un acuerdo’.

‘Si podemos hacerlo sin bombardearles de forma masiva, estaré muy contento’, añadió Trump, combinando el tono conciliador con una advertencia directa a Teherán.

La amenaza sigue sobre la mesa

A pesar del aplazamiento, Trump no retiró la presión sobre el régimen iraní. El presidente afirmó haber ordenado a sus mandos militares que permanezcan ‘preparados para lanzar un ataque total y a gran escala contra Irán en cualquier momento, en caso de que no se alcance un acuerdo aceptable’.

La declaración ilustra la estrategia de doble vía de Washington: abrir una ventana diplomática mientras mantiene el músculo militar en posición de alerta máxima.

Catar defiende la desescalada y critica a Irán

Al día siguiente, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Catar, el doctor Majed Al Ansari, compareció en rueda de prensa en Doha para matizar la versión de Trump sin contradecirla abiertamente. Evitó comentar los detalles de las conversaciones entre el emir catarí, Tamim bin Hamad Al Thani, y el presidente estadounidense.

Sin embargo, Al Ansari fue claro sobre la posición de su país: ‘La región no debe volver a quedar sumida en la guerra y cualquier escalada tendría un efecto inmediato en sus pueblos’.

El diplomático subrayó que existe una ‘clara solidaridad regional’ en torno al apoyo al alto el fuego vigente y a los esfuerzos de mediación liderados por Pakistán. ‘Las negociaciones necesitan más tiempo’, insistió, y recordó que los efectos del conflicto se extienden mucho más allá de las fronteras del Golfo.

Catar también reivindicó la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, cerrado por Irán como medida de presión. ‘La libertad de navegación es jurídicamente nuestro derecho’, afirmó Al Ansari, reclamando la reapertura del paso marítimo sin alterar el statu quo internacional.

Críticas a Irán pese al tono diplomático

Pese al énfasis en la diplomacia, Catar no evitó lanzar duras críticas contra Teherán por los ataques que afectaron a su territorio durante el conflicto. El pequeño emirato, que históricamente ha mantenido relaciones con Irán por su proximidad geográfica y la explotación conjunta de recursos gasísticos, marcó así una distancia significativa respecto a Teherán.

La crisis pone sobre la mesa el renovado protagonismo de los estados del Golfo como actores diplomáticos de primer orden, capaces de influir directamente en las decisiones militares de la potencia más poderosa del mundo.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 19 de mayo de 2026
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