La guerra en Irán está sacudiendo los cimientos del comercio marítimo mundial. Las perturbaciones en el estrecho de Ormuz comprometen el suministro del llamado combustible búnker, el carburante pesado que mantiene en marcha a los grandes buques de carga y que sostiene alrededor del 80% del comercio global por vía marítima.

El combustible que mueve el mundo

El combustible búnker es un derivado petrolífero de baja calidad, más denso y contaminante que la gasolina o el queroseno. Se obtiene del fondo de los tanques de almacenamiento durante el proceso de refinado del crudo y, pese a su carácter residual, resulta imprescindible para la navegación comercial a gran escala.

La importancia de este producto es difícil de exagerar: los barcos que lo usan transportan mercancías de todo tipo, desde electrónica hasta alimentos, conectando continentes y abasteciendo mercados en los cinco continentes. Sin él, las cadenas de suministro globales simplemente se detendrían.

Singapur, el epicentro de la crisis

El impacto más inmediato se está sintiendo en Asia, continente muy dependiente del petróleo proveniente de Oriente Medio. Singapur, considerado el mayor centro de repostaje de combustible búnker del mundo, ya registra reservas ajustadas y precios en constante ascenso.

Antes del estallido del conflicto, el precio del combustible búnker en el puerto singapurense rondaba los 500 dólares por tonelada métrica. A comienzos de mayo, esa cifra había escalado por encima de los 800 dólares por tonelada, un incremento de más del 60% en pocas semanas.

‘Lo único que vemos es el precio en Singapur subiendo, subiendo y subiendo’, advirtió Natalia Katona, analista del portal especializado en materias primas OilPrice. La experta señaló que el corte prolongado de grandes proveedores de crudo pesado, como Irak y Kuwait, derivará inevitablemente en desabastecimiento.

Las navieras buscan salidas de emergencia

Ante la presión creciente, las compañías navieras están adoptando medidas de emergencia. Algunas han optado por reducir la velocidad de sus buques para consumir menos combustible, mientras que otras están revisando rutas y horarios para optimizar sus recursos.

A más largo plazo, ciertas empresas del sector están acelerando sus inversiones en embarcaciones capaces de operar con combustibles alternativos, aunque esta transición requiere tiempo y capital significativo.

Sin embargo, los analistas advierten de que muchas navieras más pequeñas no podrán sostener esta presión durante mucho tiempo. Henning Gloystein, de la consultora Eurasia Group, alertó de que los efectos se propagarán más allá de Asia a través de las cadenas de suministro globales, afectando a empresas y consumidores en todos los rincones del planeta.

El coste se trasladará al consumidor

Por ahora, buena parte del encarecimiento está siendo absorbida por las propias navieras, pero eso podría cambiar pronto. June Goh, analista de petróleo en Sparta Commodities, advirtió de que las empresas del sector podrían verse obligadas a ‘trasladar los costes a los clientes’ en un futuro próximo.

Las consecuencias para el consumidor final podrían ser notables: productos importados más caros, inflación en bienes de consumo y presión sobre sectores que dependen del comercio internacional.

Según la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente, la guerra en Irán está costando a la industria naviera mundial alrededor de 340 millones de euros al día, una cifra que refleja la magnitud del desafío.

Asia en modo de emergencia energética

El continente asiático, golpeado primero y con mayor intensidad por este shock energético, ha recurrido a distintas formas de ‘triaje energético’: mayor uso del carbón, compras de crudo ruso y revisión de planes para desarrollar energía nuclear.

Según datos de Naciones Unidas, más de la mitad del comercio marítimo mundial pasó por puertos asiáticos en 2024. Cualquier perturbación sostenida en la región tendrá, inevitablemente, consecuencias de alcance internacional.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 12 de mayo de 2026
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