Una funeraria en Durango, México, fue el escenario del último adiós a Kevin González, el joven de 18 años que falleció el pasado domingo 10 de mayo, apenas un día después de reencontrarse con sus padres, quienes habían sido deportados a México tras semanas de detención migratoria en Arizona.
Un guerrero que luchó hasta el final
El velorio, cubierto de flores blancas, reunió a familiares y amigos que rindieron homenaje a un joven que enfrentó la enfermedad con una fortaleza que dejó huella en quienes lo conocieron. Su padre, Isidoro González Avilés, describió a su hijo con orgullo y dolor a partes iguales.
‘Nos sentimos orgullosos de mi hijo. Él fue un guerrero. Luchó contra viento y marea’, declaró durante el velorio, horas antes del sepelio.
Kevin padecía cáncer de colon en etapa 4. Aunque nació en Estados Unidos, creció en México y fue diagnosticado tras enfermarse durante una visita a su familia en Chicago en la Navidad pasada. Desde entonces, su vida dio un vuelco irreversible.
Padres detenidos, hijo agonizando
La historia de Kevin está marcada por la separación familiar derivada de las políticas migratorias. Sus padres, Isidoro González Avilés y Norma Anabel Ramírez Amaya, intentaron regresar a Estados Unidos al conocer el diagnóstico de su hijo. Sin embargo, fueron detenidos en abril cerca de Douglas, Arizona, cuando cruzaban la frontera de manera irregular, según informó el Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
Ambos habían sido deportados previamente por ingresar al país sin documentación. Durante semanas permanecieron en un centro de detención migratoria en Arizona mientras su hijo se debilitaba en México.
Fue un juez de distrito en Tucson, Arizona, quien ordenó su liberación el jueves por la mañana. El viernes fueron deportados nuevamente a México y el sábado, por fin, pudieron abrazar a Kevin en Durango, donde el joven los esperaba desde hacía una semana.
El reencuentro que llegó a tiempo
‘Estas lágrimas son de emoción, de volver a verlo, de volver a tocarlo, de decirle cuánto lo quiero’, dijo la madre entre lágrimas al abrazar a su hijo ese sábado por la noche, en lo que sería su último encuentro.
Para Kevin, ese momento lo era todo. Antes de morir, agradeció públicamente a quienes hicieron posible el reencuentro: ‘Gracias por ayudar a mi familia a poder tener la opción’, dijo en una entrevista con CNN.
El joven falleció el domingo 10 de mayo, el mismo día en que México celebraba el Día de las Madres.
El dolor de quienes lo conocieron
La abuela de Kevin, Virginia Amaya, expresó durante el velorio la magnitud de su pérdida. ‘Un dolor muy grande, porque para mí no es mi nieto, es mi hijo’, confesó con la voz entrecortada.
Sus amigos también despidieron a alguien que, según recuerdan, llenaba de energía cualquier espacio. Keira Zamarripa describió el contraste entre el Kevin que conoció y el que dejó ir la enfermedad: ‘Kevin era muy alegre, muy de andar con todos en el salón platicando. Ver cómo la enfermedad lo cambió, pues sí, es muy triste’.
Óscar González, otro amigo cercano, relató que estuvieron presentes durante todo el proceso: ‘Duele mucho su despedida. Vimos cómo fue decayendo’.
Un féretro cargado de símbolos
Sobre el féretro, además de las flores blancas, se colocaron objetos que resumían la vida de Kevin: dos peluches, uno con la camiseta de la selección mexicana de fútbol y otro con una toga, junto a una corona con la dedicatoria ‘Descansa en paz mi compa Chon’. Frente a todo, una fotografía del joven sonriente recordaba cómo era antes de que la enfermedad irrumpiera en su vida.
Kevin González tenía 18 años. Su historia, atravesada por la migración, la enfermedad y el amor familiar, conmovió a miles de personas en ambos lados de la frontera.



