Han transcurrido más de cuatro años desde que Angela Merkel se despidiera de la política alemana tras 16 años como canciller. Desde diciembre de 2021, cumplió su promesa de mantenerse alejada del foco público, con excepciones contadas: la gira de presentación de sus memorias y alguna aparición puntual. Sin embargo, su regreso reciente a la escena ha demostrado que el tiempo no ha erosionado ni un ápice su magnetismo.
Un regreso que eclipsa al canciller en activo
La primera señal llegó en febrero pasado, cuando Merkel acudió al congreso federal de la Unión Cristianodemócrata (CDU), su partido, por primera vez desde que abandonó el cargo. Ni siquiera tomó la palabra, pero su mera presencia bastó para eclipsar al actual canciller, Friedrich Merz, con quien, por cierto, no mantiene una relación precisamente cálida.
Tres meses más tarde, su reaparición vuelve a coincidir con un momento de especial turbulencia política. Alemania atraviesa una grave crisis interna en el seno del Gobierno de coalición entre conservadores y socialdemócratas, agravada por la tensión con Estados Unidos a raíz del conflicto con Irán. Primero fue una entrevista con la revista Focus, en la que llamó a la serenidad. Después, su presencia en las jornadas sobre sociedad y tecnología re:publica, celebradas en Berlín.
‘Nada es casualidad con Merkel’
El politólogo Hajo Funke, profesor de la Universidad Libre de Berlín, lo tiene claro: ‘Le preocupa el estado del partido y de la República, y eso tiene peso’, señala. ‘No tiene peso operativo, no puede imponer un cambio, pero es una voz fuerte’, subraya. En su opinión, Merkel ha estado presente ‘todo el tiempo’ y ahora simplemente se pronuncia ‘con más fuerza’.
Este martes, la expanciller recibió la Orden del Mérito del Parlamento Europeo por su ‘liderazgo constante y fundamental en el avance de la Unión Europea’. El expresidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, fue uno de los que la elogió públicamente con motivo de este reconocimiento.
Salas llenas y jóvenes entusiastas
En el evento organizado por la cadena pública WDR en el marco de re:publica, la expectación era enorme. El público se agolpaba frente a la sala con dos horas de antelación. Muchos se quedaron fuera. Cuando Merkel subió al escenario, los aplausos resonaron con fuerza. Entre los asistentes, una llamativa presencia de jóvenes que fotografiaban, grababan y hasta se hacían selfis con ella al fondo.
Se la veía relajada, conectando con el público tanto en el formato más formal del inicio como después, sentada en una mesa de madera junto a dos jóvenes podcasters, en una escenografía que evocaba el salón de un piso compartido. ‘Buena reputación’, bromeó ella misma al referirse a su popularidad.
El contraste con Merz no pasa desapercibido
En ese ambiente podía palparse, según los presentes, cierto anhelo por Merkel o, quizás, por una época política diferente. Y es que el contraste con Friedrich Merz resulta difícil de ignorar. El actual canciller acumula números muy bajos en los sondeos mientras la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) lidera las encuestas con un 29% de intención de voto, según el último sondeo de INSA.
El profesor Thomas König, de la Universidad de Mannheim, explica la diferencia de fondo: ‘Merz quiere cambiar el statu quo, hacer reformas. Merkel hizo todo lo contrario: mantenerlo’. La expanciller, añade, era una ‘mediadora’ que esperaba a leer las encuestas antes de reaccionar, mientras que Merz proyecta una imagen que ‘los medios ven como la de alguien de otra época’.
Sea como fuere, los datos hablan por sí solos: cuatro años después de abandonar el poder, Angela Merkel sigue llenando salas y capturando titulares. Una influencia silenciosa, pero indudablemente presente.



