Su nombre ha permanecido en las sombras durante años, pero Nadia Marcinko podría estar a punto de convertirse en el nuevo centro de atención en el interminable escándalo que rodea al fallecido financiero Jeffrey Epstein. Señalada como posible cómplice, protegida por un acuerdo de inmunidad y descrita también como víctima, su historia es una de las más complejas y perturbadoras de todo este caso.
67 visitas a la cárcel
Cuando Epstein cumplió su primera condena de 13 meses de prisión por solicitar sexo a una menor, los registros penitenciarios revelan que una mujer lo visitó en al menos 67 ocasiones. Esa persona era Nadia Marcinko, quien fue su novia principal durante siete años y su copiloto en el avión privado que el magnate usaba para trasladarse entre sus múltiples residencias.
Marcinko ocupó un lugar especialmente cercano a Epstein, considerada su pareja más importante tras Ghislaine Maxwell. Sin embargo, hasta ahora ha permanecido relativamente desconocida para el gran público.
Inmunidad judicial y nuevas presiones
En el acuerdo judicial firmado en 2008, Marcinko fue identificada como una de las cuatro mujeres señaladas como ‘posibles cómplices’ de Epstein, junto a Sarah Kellen, Lesley Groff y Adriana Ross. Ese mismo acuerdo les concedió inmunidad judicial, lo que ha blindado legalmente a estas mujeres durante más de una década.
Sin embargo, el panorama podría estar cambiando. Dos de ellas —Kellen y Groff— están a punto de ser interrogadas por legisladores estadounidenses. Una congresista ha pedido que la investigación se extienda a las cuatro, incluyendo a Marcinko, a pesar de los acuerdos legales vigentes.
Sus abogados han insistido en todo momento en que ella es una víctima de Epstein, y hasta la fecha no ha sido acusada ni imputada de ningún delito.
Lo que dicen las víctimas
Las mujeres de Palm Beach, Florida, cuyos testimonios llevaron a la condena de Epstein en 2008, declararon ante la policía que Marcinko participó activamente en los abusos que sufrieron siendo menores de edad. Sus relatos contradicen directamente la versión de inocencia que defiende el entorno de Marcinko.
La BBC tuvo acceso a archivos de correos electrónicos entre ella y Epstein, documentos que arrojan luz sobre la naturaleza de su relación. Esos mensajes revelan que ambos compartían el deseo de formar una familia juntos. También muestran que, durante años, Epstein le habría pedido reclutar a otras mujeres para satisfacer sus deseos sexuales, y que ella habría accedido a ello.
Una relación marcada por la coerción
Sin embargo, esa misma correspondencia muestra una dinámica profundamente coercitiva por parte de Epstein. Según lo que Marcinko declaró a investigadores federales tras la muerte del financiero, él era físicamente violento: la estrangulaba y la empujaba por las escaleras.
Esas declaraciones forman parte de un documento publicado —aunque con partes censuradas— por el Departamento de Justicia de Estados Unidos en enero. El nombre de Marcinko no aparece en el texto, pero las cinco páginas de testimonio coinciden en todos sus detalles con lo que otras fuentes revelan sobre ella.
Orígenes y llegada al círculo de Epstein
Nacida como Nadia Marcinkova en el seno de una familia acomodada de Eslovaquia, comenzó su carrera como modelo en la adolescencia, lo que la llevó a trabajar en Japón y Taiwán. Llegó a Nueva York a través de Jean-Luc Brunel, íntimo amigo de Epstein y director de la sucursal neoyorquina de la agencia Karin Models.
Según sus propias declaraciones a investigadores, conoció a Epstein en 2003 durante una fiesta de cumpleaños de Brunel, cuando ella tenía 18 años. Los correos electrónicos rastreados por la BBC confirman que durante años ambos celebraron el 17 de septiembre como su ‘aniversario’, coincidiendo con la fecha en que ella llegó a Estados Unidos.
Quienes la conocieron en su infancia la recuerdan como una chica tímida y discreta. Desde la muerte de Epstein en 2019 —mientras aguardaba nuevos cargos por delitos sexuales— Marcinko ha desaparecido por completo de la vida pública y no respondió a las solicitudes de comentarios realizadas por la BBC.
Una pregunta sin respuesta clara
El caso de Nadia Marcinko plantea un dilema ético y legal de enorme calado: ¿puede una persona ser al mismo tiempo víctima de coacción sexual y cómplice de abusos? La respuesta a esa pregunta podría definir no solo su destino, sino también el alcance de la justicia en uno de los escándalos más oscuros de las últimas décadas.



