La economía mundial atraviesa uno de sus momentos más delicados desde la crisis financiera de 2008. Así lo advierte la Organización de las Naciones Unidas, que ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento global para 2026 ante el impacto directo del conflicto en Oriente Medio y el encarecimiento del petróleo.
Un crecimiento al borde del estancamiento
Según el informe ‘Situación y perspectivas de la economía mundial’ publicado a mediados de 2026, el PIB global crecerá apenas un 2,5% este año, por debajo del 2,7% estimado en enero. En un escenario más adverso, esa cifra podría desplomarse hasta el 2,1%, lo que representaría una de las tasas más bajas de todo el siglo, exceptuando la pandemia de COVID-19 y la gran recesión de 2008.
Shantanu Mukherjee, director de análisis económico del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, fue claro: aunque no se prevé una recesión global, ‘la vida puede volverse más dura para miles de millones de personas’ y algunos países podrían ver sus economías contraerse.
El estrecho de Ormuz, en el centro del problema
El detonante inmediato de esta revisión fue el bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán, tras los ataques aéreos lanzados por Estados Unidos e Israel contra territorio iraní. Esta vía marítima es esencial para el transporte global de petróleo, gas natural, fertilizantes y otros derivados energéticos.
El cierre parcial de este corredor estratégico disparó los precios de la energía a nivel mundial, algo que, según Mukherjee, ‘es un factor muy influyente, igual que los precios de los productos de refinería, cruciales para la producción industrial y el transporte comercial’.
La inflación vuelve a preocupar
El organismo internacional también ha elevado sus proyecciones de inflación global, que ahora se situará en el 3,9% en 2026, es decir, 0,8 puntos porcentuales más de lo previsto en enero. El impacto, sin embargo, no será uniforme.
En las economías desarrolladas, la inflación pasará del 2,6% en 2025 al 2,9% en 2026. En los países en desarrollo, el salto será mucho más pronunciado: del 4,2% al 5,2%, ya que el encarecimiento de la energía, el transporte y los bienes importados erosiona con fuerza el poder adquisitivo de la población.
Europa y Oriente Medio, los más golpeados
El continente europeo aparece como uno de los más vulnerables en este escenario. La Unión Europea verá frenarse su crecimiento del 1,5% en 2025 al 1,1% en 2026, mientras que el Reino Unido sufrirá una caída aún más pronunciada, pasando del 1,4% al 0,7%.
La ONU señala que Europa ‘está más expuesta’ debido a su fuerte dependencia de la energía importada, lo que presiona tanto a los hogares como al tejido empresarial.
La región más afectada, sin embargo, es Asia occidental, que agrupa a 21 países árabes, incluidos los del golfo Pérsico. Se espera que su crecimiento se desplome del 3,6% en 2025 al 1,4% en 2026, impactado no solo por el choque energético, sino también por los daños directos en infraestructuras y las graves perturbaciones en la producción de petróleo, el comercio y el turismo.
Asia y América Latina, impacto más moderado
China amortigua mejor el golpe gracias a su combinación energética diversificada y sus reservas estratégicas, aunque su crecimiento también se modera, del 5% al 4,6%. India seguirá siendo una de las grandes economías de mayor expansión, con un crecimiento del 6,4%, aunque lejos del 7,5% alcanzado en 2025.
En América Latina y el Caribe, el crecimiento pasará del 2,5% al 2,3%, una moderación leve pero que confirma la tendencia global. África, por su parte, registrará una leve caída, del 4,2% al 3,9%.
Estados Unidos, en cambio, se mantiene como la gran economía ‘relativamente resistente’, con un crecimiento previsto del 2%, similar al de 2025.
El economista principal de la ONU, Ingo Pitterle, advirtió que la clave para todos estos países es ‘cuánto tiempo durarán el conflicto y sus efectos, porque todos los colchones son claramente limitados’.


