El hallazgo de seis cuerpos sin vida en un vagón de carga en Laredo, Texas, el pasado 10 de mayo, dejó una estela de dolor que se extiende hasta las comunidades más humildes de Honduras. Entre las víctimas se encontraban al menos dos ciudadanos hondureños, incluido un adolescente de 14 años, cuyas familias hablan ahora de su angustia e impotencia ante CNN.
Un golpe inesperado para la abuela de Nelson
María Amanda Colindres, de 72 años, describió con voz quebrada el momento en que recibió la noticia de la muerte de su nieto, Nelson Davian Portillo Martínez. ‘Cuando me dijeron, fue un golpe, no lo esperaba’, relató la mujer, quien reconoció que la última vez que habló con el joven fue hace tres años, a través de una videollamada.
‘Es lo que me pesa, que no lo volví a ver’, dijo Colindres, quien agregó que ahora solo encuentra consuelo en la fe. ‘Me he aferrado a Dios porque es lo único que me queda’, expresó con resignación.
Según sus familiares, Nelson llegó a Honduras en noviembre de 2025 junto a su madre y su hermano menor, luego de que decidieran regresar voluntariamente tras haber vivido más de nueve años de forma irregular en Estados Unidos. Sin embargo, la madre pronto tomó la decisión de intentar cruzar nuevamente la frontera de manera irregular, llevando consigo a sus dos hijos.
A finales de marzo, la familia emprendió otra vez la travesía migratoria. ‘Como ella ya tenía varios años de estar allá, ya miraba diferente acá, y entonces decidió irse otra vez. Ella no pensaba que el niño iba a fracasar’, comentó la abuela del adolescente.
El abuelo pide ayuda para repatriar el cuerpo
Buenaventura Portillo, abuelo de Nelson, lamentó la pérdida y señaló que ahora solo esperan poder recibir el cuerpo del joven para darle sepultura en su tierra natal, en San Juan Pueblo, en la zona Atlántica de Honduras.
‘Es un dolor muy fuerte perder a un ser querido, pero es la voluntad de Dios y hay que vivir con eso’, dijo el hombre con la voz entrecortada.
Portillo hizo un llamado urgente a las autoridades hondureñas para que faciliten los trámites necesarios y permitan repatriar el cuerpo lo antes posible, con el fin de aliviar en algo el sufrimiento que vive la familia.
Denis, deportado dos veces y muerto al tercer intento
En la ciudad de El Negrito, en el norte de Honduras, otra familia llora la muerte de Denis Isaías Anariba Herrera, de 24 años, identificado como el otro hondureño fallecido en el tren.
Nahun García, tío del joven, confesó a CNN que la familia no sabía que Denis iba a intentar cruzar de esa manera. ‘Nosotros no sabíamos nada que él se iba a montar en ese tren, la mamá no sabía qué se iba a ir en ese tren de allí para allá. Nos sentimos mal por la pérdida de este muchacho, que nadie quería que se fuera para allá’, dijo entre lágrimas.
La historia de Denis refleja la dura realidad de miles de migrantes. Había vivido cuatro años en Estados Unidos, donde dejó una esposa y una hija de apenas un año. El pasado 24 de diciembre de 2025 fue detenido por agentes de inmigración y deportado a Honduras el 8 de enero. Al día siguiente, intentó reingresar de forma irregular, fue capturado y deportado nuevamente el 25 de febrero. Apenas semanas después, lo intentó una tercera vez con resultados fatales.
Calor mortal en un vagón sin salida
Los seis cuerpos fueron descubiertos por un empleado de Union Pacific en Laredo, Texas. Las autoridades, incluidos el médico forense y el alcalde de la ciudad, señalaron que las muertes fueron probablemente causadas por hipertermia, es decir, un golpe de calor extremo dentro del contenedor cerrado.
Según el jefe de la policía de Laredo, las víctimas fueron introducidas en el vagón el sábado 9 de mayo en Del Rio, Texas, dos días después de que el tren partiera desde Long Beach, California. Entre los fallecidos también se identificaron tres ciudadanos mexicanos. El sheriff del condado de Bexar, Javier Salazar, indicó que un séptimo cuerpo hallado en la zona podría estar vinculado al mismo caso.
Las autoridades investigan el suceso como un caso de tráfico de personas, un crimen que sigue cobrando vidas mientras las familias, a miles de kilómetros de distancia, solo pueden llorar y esperar.



