El mercado de bonos estadounidense atraviesa su peor momento en casi dos décadas. El rendimiento de los títulos del Tesoro a 30 años trepó hasta el 5,2 %, un nivel que no se veía desde 2007, mientras los inversores huyen de la deuda pública ante el fantasma de una inflación cada vez más difícil de domar.
La guerra con Irán dispara los temores inflacionarios
El conflicto bélico con Irán, que cumple ya 80 días desde su inicio, ha actuado como detonante de una cadena de presiones económicas globales. Los precios del petróleo y el gas han alcanzado sus cotas más altas en cuatro años, en parte por el cierre prácticamente total del estratégico estrecho de Ormuz. Esta crisis energética se ha extendido a otros sectores: desde los alimentos hasta los billetes de avión, el encarecimiento es generalizado.
La inflación resultante ha sacudido con fuerza el mercado de renta fija. Los bonos son especialmente sensibles al alza de precios, y los inversores exigen rendimientos más elevados para proteger el valor real de sus carteras. Cuando los precios de los bonos caen, su rentabilidad sube, y eso es exactamente lo que está ocurriendo.
El bono a 10 años marca también un nuevo máximo anual
El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años, referencia clave que condiciona directamente las tasas hipotecarias en Estados Unidos, escaló hasta el 4,67 %, su cota más alta en más de un año. Antes del inicio de la guerra con Irán, ese mismo indicador rondaba el 4 %, lo que ilustra la magnitud del deterioro registrado en pocas semanas.
‘Los mercados de bonos advierten que la inflación podría ser mucho más persistente de lo que muchos inversores anticiparon’, señaló Nigel Green, director ejecutivo del grupo deVere, en un comunicado reciente.
Consecuencias para toda la economía estadounidense
El mercado de bonos del Tesoro no es un asunto exclusivo de grandes inversores: sus movimientos determinan el costo del dinero en toda la economía. Unos rendimientos más altos se traducen, tarde o temprano, en hipotecas más caras, préstamos para automóviles más onerosos y mayor presión sobre el crédito empresarial.
Las bolsas también acusan el golpe. Las acciones estadounidenses cerraron en rojo el martes: el Dow Jones retrocedió 230 puntos, un 0,46 %; el S&P 500 perdió un 0,7 %, y el Nasdaq cayó un 1,1 %. Los rendimientos elevados de los bonos compiten directamente con la renta variable, desvían flujos de inversión y encarecen la financiación corporativa.
Un fenómeno que trasciende las fronteras de EE.UU.
La presión sobre la deuda pública no es exclusiva de Estados Unidos. El rendimiento de los bonos británicos a 30 años alcanzó su nivel más alto desde 1998, y los títulos japoneses equivalentes marcaron un máximo histórico. Los inversores globales están deshaciendo posiciones en renta fija soberana ante la preocupación por el deterioro de las finanzas públicas y los déficits crónicos que afectan a las principales economías del mundo.
Ajay Rajadhyaksha, presidente global de Investigación de Barclays, fue contundente en su análisis: ‘Los factores que impulsan la venta masiva —el deterioro fiscal, el gasto en defensa, la inflación persistente y la parálisis de los bancos centrales— no se resolverán la próxima semana. De hecho, están empeorando’.
Los bancos centrales, bajo presión
El repunte de los rendimientos también anticipa que los mercados esperan nuevas intervenciones de los bancos centrales para contener la inflación. Según la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU., los precios al consumidor crecieron en abril a la tasa anual más alta en tres años, lo que complica el margen de maniobra de la Reserva Federal.
La situación, en definitiva, combina un escenario de guerra activa, energía cara, inflación al alza y finanzas públicas bajo tensión: una mezcla que los mercados financieros están empezando a penalizar con dureza.


