En mayo del año 2000, las Madres de Negro recogieron sus pancartas en el norte de Israel. Agotadas pero convencidas de haber logrado algo importante, celebraban lo que consideraban un triunfo colectivo: que ningún otro hijo israelí volviera a morir en lo que ellas mismas describían como una ocupación ‘estúpida e innecesaria’ en el sur del Líbano.

Al otro lado de esa misma frontera, cientos de mujeres libanesas también festejaban. Eran madres de combatientes de Hezbolá y del movimiento Amal, convencidas de que el sacrificio de sus hijos había dado frutos: habían logrado la retirada israelí sin condiciones de un territorio ocupado durante dos décadas. Dos grupos de madres, dos narrativas distintas, un mismo paisaje de dolor y banderas.

El origen de una herida histórica

La primera invasión israelí del sur del Líbano comenzó el 6 de junio de 1982. Más allá de sus motivaciones militares inmediatas, aquel conflicto tiene raíces políticas profundas. Una de las más relevantes fue el efecto desestabilizador que generó el acuerdo de paz entre Israel y Egipto, firmado en 1979, uno de los cuatro grandes hitos de ese año que reconfiguraron el mapa geopolítico de toda la región.

La apuesta del entonces primer ministro israelí Menachem Begin resultó contraproducente. En lugar de fortalecer las corrientes moderadas, debilitó a quienes intentaban liderarlas y dio oxígeno al movimiento sionista más radical. Dos de los impulsores de aquella tendencia fueron figuras que hoy influyen directamente en la política del actual jefe de Gobierno, Benjamín Netanyahu: el expresidente Moshé Katsav y el general Ariel Sharon, señalado en 1983 por la comisión Kahan como responsable de la masacre en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila, en el sur de Beirut.

Un coste muy alto, casi sin beneficios

Aquella ocupación dejó una factura enorme para Israel. Más de 250 soldados israelíes murieron en combate, la mayoría desde 1985, cuando el Gobierno del primer ministro Simón Peres decidió establecer un llamado ‘cinturón de seguridad’ al sur del río Litani, administrado junto al general maronita Antoine Lahud.

Ese mismo año, clérigos chiíes entrenados por Irán y protegidos por Siria comenzaron a unificar las distintas facciones de su confesión. El resultado fue el nacimiento de Hezbolá, una milicia que, una década después, lideraría la resistencia armada contra la presencia israelí con el respaldo de una sociedad libanesa dividida pero unida en ese rechazo.

La victoria de Hezbolá, construida mediante una meticulosa guerra de guerrillas combinada con una poderosa maquinaria propagandística, le permitió convertirse en el único grupo armado que sobrevivió al fin de la guerra civil libanesa (1975-1990). Con el tiempo, se transformó también en la fuerza política más influyente del país: en 2009 entró por primera vez en el Gobierno y nueve años después ganó las elecciones parlamentarias.

Historia que se repite

Un cuarto de siglo después de aquella derrota, la coalición que lidera Netanyahu parece empeñada en repetir una estrategia que historiadores israelíes e internacionales califican como el ‘gran error de Sharon’. El contexto regional ha cambiado, es cierto. La Resistencia Islámica, brazo armado de Hezbolá, aparece hoy más debilitada sin sus principales patrocinadores: la Guardia Revolucionaria iraní ha sido expulsada de Siria y el Gobierno de Damasco está ahora en manos de un antiguo líder yihadista reconvertido en aliado de Washington y Riad.

Además, el ejército israelí controla territorios estratégicos sirios en los Altos del Golán, con el respaldo de Moscú y la aparente complicidad del nuevo poder en Damasco. Y ha logrado, al menos en apariencia, reducir la amenaza palestina a través de su campaña militar y la ocupación de Gaza.

Sin embargo, bajo esta aparente fortaleza se esconde una amenaza latente. La historia de Oriente Próximo está llena de victorias militares que sembraron las semillas de futuras derrotas. Las madres, a ambos lados de cualquier frontera, lo saben mejor que nadie.

Publicidad
Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 20 de mayo de 2026
Compartir este artículo
X (Twitter) Facebook WhatsApp