La relación entre Alemania y Estados Unidos atraviesa su momento de mayor tensión desde la posguerra, al menos en términos de percepción ciudadana. Un estudio de largo aliento realizado por el Centro de Historia Militar y Ciencias Sociales de la Bundeswehr revela que la confianza de los alemanes en Washington como socio de la OTAN se desplomó hasta 28 puntos porcentuales en un solo año, mientras que el apoyo al aumento del gasto en defensa propio alcanzó el 65%, el nivel más alto registrado desde que el estudio comenzó en 1996.
El hallazgo desmonta uno de los grandes mitos sobre la cultura política alemana: que se trata de una sociedad intrínsecamente pacifista y reacia a todo lo que huela a militarismo. Los datos de 2025 muestran una ciudadanía que no solo acepta el rearme, sino que lo exige, y que mira con creciente escepticismo a un aliado que durante décadas fue considerado el pilar indiscutible de su seguridad.
Contexto y antecedentes
El punto de inflexión fue febrero de 2022. La invasión rusa a gran escala de Ucrania sacudió los cimientos del orden de seguridad europeo y obligó a Alemania a replantear décadas de contención militar voluntaria. El gobierno del entonces canciller Olaf Scholz anunció ese mismo año un fondo especial de 100.000 millones de euros para modernizar la Bundeswehr, rompiendo con la tradición de mantener el gasto militar por debajo del 2% del PIB exigido por la OTAN. Hasta ese momento, ninguna mayoría ciudadana respaldaba un aumento del presupuesto de defensa.
El estudio en cuestión, titulado ‘¿Alemania en un papel de liderazgo militar? Opiniones sobre seguridad y defensa en la República Federal de Alemania 2025’, es dirigido por el Dr. Timo Graf y forma parte de una serie anual que, al realizarse de forma sistemática e independiente de los vaivenes políticos inmediatos, permite identificar tendencias reales en la opinión pública. Con cerca de 300 preguntas sobre política exterior, de seguridad y de defensa, el instrumento ofrece una fotografía sociológica de una profundidad difícil de igualar.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 actuó como catalizador adicional. Sus declaraciones sobre Groenlandia, sus críticas abiertas a la OTAN, su acercamiento a Rusia en el contexto de la guerra ucraniana y la más reciente escalada con Irán han generado una sensación de abandono estratégico entre la ciudadanía alemana que los números traducen con crudeza.
Los puntos clave
- La confianza de los alemanes en Estados Unidos como socio fiable de la OTAN cayó hasta 28 puntos porcentuales en 2024, situándose en mínimos históricos, con apenas un tercio de los encuestados considerando a Washington un aliado confiable.
- El apoyo al incremento del gasto en defensa propio llegó al 65% en 2025, el máximo desde 1996, impulsado por el llamado ‘efecto Trump’ que añadió 7 puntos porcentuales a la tendencia ya ascendente desde 2022.
- El Dr. Graf descarta un nuevo desplome tan abrupto de la confianza en EE.UU. para 2025, argumentando que ya se parte de un nivel muy bajo y que un núcleo duro de alemanes transatlánticos mantiene su vínculo con Washington.
- La Bundeswehr goza de una imagen pública considerablemente más positiva de lo que el estereotipo del ‘pacifismo alemán’ sugiere, lo que representa un cambio de época en la mentalidad colectiva del país.
- El debate sobre la reintroducción del servicio militar obligatorio ha ganado tracción política y social en Alemania, algo impensable hace apenas cinco años.
¿Qué significa esto?
El giro en la opinión pública alemana no es un dato menor: Alemania es la mayor economía de Europa y su posición dentro de la OTAN tiene peso determinante para el equilibrio de la alianza. Que una mayoría de sus ciudadanos respalde ahora un gasto militar mayor y mire con desconfianza a Washington implica que el paraguas de seguridad estadounidense, que durante 80 años funcionó como axioma incuestionable de la arquitectura europea, está siendo puesto en duda desde las bases sociales, no solo desde las elites políticas. Esto allana el camino para que los gobiernos europeos avancen hacia una mayor autonomía estratégica sin enfrentarse a un rechazo popular masivo.
El impacto es también interno: el debate sobre el servicio militar obligatorio, los presupuestos de defensa y el rol internacional de Alemania dejan de ser temas de nicho para convertirse en cuestiones de agenda ciudadana. Eso transforma la política doméstica alemana y, por extensión, la capacidad de Berlín para liderar iniciativas de defensa comunitaria en la Unión Europea, especialmente en un momento en que Francia y el Reino Unido también presionan por una Europa de la defensa más autónoma.
Perspectiva para América Latina
Para América Latina, el reordenamiento de las percepciones en Europa tiene consecuencias indirectas pero relevantes. Una Europa que invierte más en su propia defensa y se distancia de la tutela estadounidense redirige recursos diplomáticos, financieros y políticos hacia sus propias prioridades regionales. Esto puede traducirse en una menor atención a los asuntos latinoamericanos desde Berlín, pero también en oportunidades: una UE más autónoma estratégicamente tiende a buscar socios comerciales y políticos diversificados, y América Latina es una región con la que Europa comparte valores democráticos y lazos históricos que Washington no siempre prioriza.
Además, la pérdida de confianza en EE.UU. que documentan los alemanes resuena con debates propios de la región. Varios gobiernos latinoamericanos han expresado en los últimos años su incomodidad ante la política exterior de Washington, ya sea por las sanciones, por la injerencia en asuntos internos o por la volatilidad de la diplomacia trumpista. En ese sentido, el desencanto alemán no es un fenómeno aislado: forma parte de una reconfiguración global de la influencia norteamericana que América Latina lleva tiempo procesando a su propia manera.
En los próximos meses, cuando el Centro de Historia Militar de Potsdam complete la recogida de datos de 2025, se sabrá si la cascada de eventos de este año, incluyendo la escalada con Irán y las tensiones en torno a Groenlandia, terminó de erosionar lo que queda de confianza en Washington o si el núcleo transatlántico resistió. Ese resultado será una señal importante no solo para Alemania, sino para el futuro de la OTAN y del orden occidental tal como lo conocemos.



