A tan solo diez días de la primera vuelta presidencial en Colombia, una encuesta de las firmas Guarumo y Ecoanalítica revela un dato tan relevante como el de las preferencias electorales: quiénes son los candidatos por los que los colombianos jamás emitirían su voto. Según la medición, Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia encabezan ese incómodo listado de rechazo, una métrica que los analistas consideran tan decisiva como la intención de voto positiva.

Este indicador, conocido en la ciencia política como ‘voto negativo’ o ‘techo electoral’, puede determinar de manera silenciosa el destino de una elección. Un candidato que concentra altos niveles de rechazo enfrenta una barrera estructural que ninguna campaña publicitaria logra derribar fácilmente, sin importar cuántos puntos sume en intención de voto directa. La fotografía que ofrece esta encuesta, publicada el 21 de mayo de 2026, es, en ese sentido, una radiografía más honesta del electorado colombiano.

Contexto y antecedentes

Colombia llega a esta cita electoral en un clima de profunda polarización política. El gobierno de Gustavo Petro, el primer mandatario de izquierda en la historia del país, ha reconfigurado el mapa ideológico nacional y generado reacciones intensas en todos los extremos del espectro. En ese escenario, candidatos como Iván Cepeda —senador históricamente vinculado a causas de derechos humanos y aliado político del petrismo— y Paloma Valencia —figura del conservadurismo más crítico con el gobierno actual— representan polos opuestos que generan adhesiones fuertes, pero también rechazos igualmente apasionados.

Abelardo de la Espriella, abogado penalista reconocido por su figuración mediática y su perfil combativo, irrumpió en la arena electoral con una propuesta de corte populista que ha generado tanto entusiasmo como escepticismo. Su presencia en la encuesta de rechazo sugiere que su estilo confrontacional, aunque efectivo para ganar visibilidad, también ha generado anticuerpos en sectores importantes del electorado.

Las encuestas de rechazo tienen una larga tradición en la política latinoamericana. En Colombia, este tipo de mediciones cobraron especial relevancia desde las elecciones de 2018 y 2022, cuando la fragmentación del voto obligó a los estrategas a calcular no solo cuántos votantes podían sumar, sino cuántos podían bloquear en una segunda vuelta. La historia reciente demuestra que el candidato con menor rechazo acumulado suele tener ventaja decisiva en el balotaje.

Los puntos clave

  • Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia lideran la encuesta de rechazo electoral, lo que impone un techo real a sus aspiraciones presidenciales más allá de su intención de voto positiva.
  • La medición fue realizada por Guarumo y Ecoanalítica, firmas con metodología reconocida, y publicada el 21 de mayo de 2026, a diez días de la primera vuelta presidencial.
  • El ‘voto negativo’ es un indicador crítico en sistemas de doble vuelta como el colombiano, ya que un candidato muy rechazado difícilmente puede construir coaliciones amplias para el balotaje.
  • La polarización ideológica del país, acentuada durante el gobierno de Petro, explica en gran parte por qué figuras de extremos opuestos del espectro político acumulan rechazo simultáneamente.
  • Este tipo de encuesta obliga a los equipos de campaña a revisar estrategias de alianzas y moderación del discurso en la recta final antes de las elecciones.

¿Qué significa esto?

Que un candidato encabece la lista de rechazo no significa automáticamente que esté condenado a perder la primera vuelta, pero sí que su camino hacia la presidencia se vuelve exponencialmente más difícil si llega a una segunda vuelta. En un sistema donde la mayoría absoluta es el umbral de victoria, construir coaliciones con otros sectores políticos resulta esencial. Y esa tarea se complica enormemente cuando amplios segmentos de la ciudadanía han manifestado que bajo ninguna circunstancia votarían por cierto candidato. El rechazo, en ese sentido, es tan estructural como el apoyo.

Para los candidatos señalados, el desafío inmediato es doble: mantener su base movilizada para pasar la primera vuelta y, simultáneamente, iniciar un discurso de apertura que reduzca su nivel de rechazo de cara al balotaje. Paloma Valencia deberá convencer a votantes de centro que la ven como demasiado radical en sus posiciones; Cepeda necesitará desprenderse de la sombra del gobierno Petro en los sectores que ya castigaron electoralmente al oficialismo; y De la Espriella deberá demostrar que su perfil mediático puede traducirse en gobernabilidad real.

Perspectiva para América Latina

El caso colombiano es un espejo en el que varios países latinoamericanos pueden reconocerse. La región atraviesa un ciclo político marcado por la fragmentación, el surgimiento de outsiders y la dificultad de construir consensos. En México, Chile, Argentina y Brasil, los procesos electorales recientes han demostrado que el voto negativo —más que el voto positivo— suele ser el factor decisivo en segunda vuelta. El rechazo masivo a Bolsonaro en Brasil en 2022, o el ‘voto en contra’ que catapultó a Pedro Castillo en Perú, son ejemplos recientes de cómo este fenómeno puede inclinar la balanza. Colombia, con su sistema de doble vuelta y su electorado altamente polarizado, enfrenta en 2026 una versión local de este mismo dilema regional.

Lo que sigue

Con la primera vuelta presidencial colombiana a la vuelta de la esquina, las próximas encuestas serán cruciales para determinar si los niveles de rechazo se estabilizan o se modifican ante el impacto de los debates finales y los movimientos de última hora en el tablero de alianzas. Lo que está claro es que en esta elección, saber por quién no votarán los colombianos puede ser tan revelador —o más— que saber por quién sí lo harán.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 21 de mayo de 2026
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