A menos de un año de las elecciones presidenciales de 2026, el mapa político colombiano comienza a tomar forma en la percepción ciudadana. Una nueva encuesta de Guarumo y Ecoanalítica revela que el Pacto Histórico, la coalición de izquierda que llevó a Gustavo Petro a la presidencia, y el Centro Democrático, el partido fundado por Álvaro Uribe Vélez, son las fuerzas políticas con las que más se identifican los colombianos encuestados en mayo de 2026.
Sin embargo, el dato que más llama la atención no es quién lidera, sino el fenómeno del desencanto: el 22,9 por ciento de los encuestados afirmó no sentir afinidad con ningún partido o movimiento político del país, una cifra que habla de una ciudadanía crecientemente desconectada de la oferta partidaria tradicional y que representa un electorado volátil, decisivo en cualquier contienda electoral.
Contexto y antecedentes
Colombia atraviesa un momento de intensa polarización política. El gobierno de Gustavo Petro, el primero de izquierda en la historia del país, llega a su recta final entre una profunda división social: mientras sus bases lo defienden como un hito histórico, sus críticos lo acusan de haber profundizado la inestabilidad económica e institucional. En ese contexto, el Pacto Histórico mantiene una base de identificación relevante, aunque enfrenta el desgaste natural del ejercicio del poder.
El Centro Democrático, por su parte, ha logrado consolidarse como el principal referente de la oposición. Fundado en 2013 como vehículo político del expresidente Uribe, el partido ha sabido capitalizar el descontento con el gobierno Petro y se posiciona como una de las fuerzas más organizadas de cara a 2026. La pugna entre estas dos visiones de país —una progresista y otra conservadora-liberal— estructura el debate político colombiano desde hace más de una década.
La misma encuesta de Guarumo y Ecoanalítica ubica a Iván Cepeda como el candidato con mayor intención de voto, con un 37,1 %, seguido por Abelardo de la Espriella con 27,5 % y Paloma Valencia con 21,7 %. No obstante, los escenarios de segunda vuelta muestran una dinámica diferente: Cepeda aparecería por debajo de De la Espriella y perdería frente a Paloma Valencia, lo que sugiere que la primera vuelta y el balotaje obedecen a lógicas electorales muy distintas.
Los puntos clave
- El Pacto Histórico y el Centro Democrático son los partidos con mayor identificación entre los colombianos según la encuesta de mayo de 2026 de Guarumo y Ecoanalítica.
- Un significativo 22,9 % de los encuestados declaró no identificarse con ningún partido ni movimiento político, lo que evidencia un alto nivel de desafección ciudadana.
- Iván Cepeda encabeza la intención de voto en primera vuelta con 37,1 %, pero los escenarios de segunda vuelta lo muestran en desventaja frente a Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia.
- Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático, aparece como la figura con mayor capacidad de ganar en un balotaje, lo que la convierte en una pieza clave del tablero electoral.
- Cepeda, De la Espriella y Valencia también lideran la lista de candidatos por quienes los colombianos dicen que ‘nunca votarían’, lo que refleja la polarización extrema del electorado.
¿Qué significa esto?
Los resultados de esta encuesta revelan una paradoja propia de las democracias polarizadas: los candidatos más conocidos y con mayor intención de voto son, simultáneamente, los más rechazados. Esto implica que la elección presidencial de 2026 no se definirá tanto por entusiasmo como por rechazo, una dinámica en la que el voto útil y las alianzas de segunda vuelta serán determinantes. El hecho de que Cepeda lidere en primera vuelta pero pierda en segunda es una señal de alerta para el Pacto Histórico: su techo electoral podría ser más bajo de lo que sugieren los sondeos iniciales.
El 22,9 % que no se identifica con ningún partido representa además un territorio en disputa que ninguna fuerza política ha logrado capturar plenamente. Este segmento, generalmente compuesto por jóvenes, votantes urbanos y ciudadanos decepcionados de la política tradicional, puede inclinar la balanza en una elección que, según los datos actuales, se perfila como extremadamente competitiva y fragmentada.
Perspectiva para América Latina
Lo que ocurre en Colombia no es un fenómeno aislado: la tensión entre izquierda y derecha, combinada con un creciente desencanto institucional, es una constante en buena parte de América Latina. Países como Chile, Perú, Ecuador y Argentina han experimentado en años recientes la misma fractura entre bloques ideológicos antagónicos y un electorado que busca alternativas fuera del sistema. En ese sentido, Colombia se convierte en un laboratorio político de primer orden para la región, donde la pregunta central ya no es solo quién gana, sino si las instituciones democráticas pueden procesar ese nivel de polarización sin crisis de gobernabilidad.
Para los observadores latinoamericanos, el caso colombiano también plantea una pregunta estructural: ¿puede un partido de izquierda que llegó al poder con promesas transformadoras sostener su base electoral tras cuatro años de gobierno en un país con enormes desigualdades y presiones económicas? La respuesta que dé Colombia en 2026 tendrá resonancia en toda la región.
Lo que viene ahora es una carrera electoral que apenas comienza a acelerarse. Las próximas semanas serán cruciales para definir alianzas, consolidar candidaturas y, sobre todo, observar cómo evoluciona ese casi 23 % de ciudadanos sin partido: su decisión final podría ser, en última instancia, la que escriba el resultado de la primera vuelta presidencial en Colombia.



