La empresa colombiana Promigás dio un paso significativo en su expansión internacional al inaugurar su primera planta termoeléctrica a gas natural en Perú, un proyecto que beneficiará a aproximadamente 155.000 hogares y que representa una apuesta concreta por la diversificación energética en uno de los mercados más dinámicos de América del Sur. La instalación, ya operativa, tiene una capacidad instalada de 19,6 megavatios y proyecta atender una demanda anual superior a los 160 gigavatios hora (GWh).

El anuncio fue confirmado por Juan Manuel Rojas, presidente de Promigás, y marca un hito en la estrategia de internacionalización de la compañía, que históricamente ha sido uno de los pilares del sector gasífero colombiano. Esta planta no solo amplía la cobertura energética en territorio peruano, sino que también posiciona a Promigás como un actor relevante en el mapa energético regional, en un momento en que la seguridad energética se ha convertido en una prioridad estratégica para los gobiernos latinoamericanos.

Contexto y antecedentes

Promigás es una empresa con más de siete décadas de trayectoria en Colombia, especializada en la distribución de gas natural y con presencia creciente en varios países de la región. Su llegada a Perú no es casual: el país andino enfrenta desde hace años un déficit en la cobertura eléctrica en zonas periféricas, donde las redes de distribución convencionales no logran llegar de manera eficiente ni asequible. En ese contexto, las plantas térmicas a gas natural representan una solución técnica y económicamente viable para cubrir esa brecha.

Perú cuenta con importantes reservas de gas natural, principalmente en el yacimiento de Camisea, descubierto en la región de Cusco y explotado desde 2004. Sin embargo, la infraestructura para llevar ese recurso a comunidades alejadas o para convertirlo en electricidad de manera descentralizada ha sido históricamente insuficiente. La inversión de Promigás apunta precisamente a ese eslabón pendiente de la cadena energética peruana.

En los últimos años, varias empresas colombianas del sector energético han acelerado su expansión hacia mercados vecinos como Perú, Ecuador y Centroamérica, en parte motivadas por la saturación del mercado doméstico y por los incentivos regulatorios que ofrecen esos países para atraer inversión privada en infraestructura. Promigás sigue esa tendencia con una propuesta centrada en la generación distribuida, un modelo que gana terreno frente a los grandes sistemas centralizados.

Los puntos clave

  • La planta termoeléctrica instalada por Promigás en Perú tiene una capacidad de 19,6 megavatios, suficiente para abastecer a más de 155.000 hogares de manera sostenida.
  • La demanda anual que cubrirá la instalación supera los 160 GWh, lo que la convierte en un proyecto de escala relevante para la generación distribuida en el país.
  • Esta es la primera planta térmica a gas natural que Promigás opera fuera de Colombia, lo que representa un hito en la internacionalización de la compañía.
  • El proyecto se enmarca en la estrategia de diversificación energética de Perú, que busca reducir su dependencia de fuentes hidroeléctricas vulnerables a fenómenos climáticos como ‘El Niño’.
  • La inversión refuerza el papel del gas natural como combustible de transición en la región, en un debate global sobre el camino hacia energías más limpias.

¿Qué significa esto?

Más allá de las cifras técnicas, la entrada en operación de esta planta tiene implicaciones concretas para decenas de miles de familias peruanas que hoy enfrentan interrupciones en el suministro eléctrico o simplemente no tienen acceso a energía confiable. La generación distribuida —es decir, producir electricidad cerca del punto de consumo en lugar de transportarla desde grandes centrales— reduce las pérdidas en la red y mejora la resiliencia del sistema. Para comunidades en zonas de difícil acceso, esto puede significar la diferencia entre tener o no tener luz de manera constante.

Desde el punto de vista empresarial, el movimiento de Promigás también envía una señal al mercado: las compañías energéticas colombianas tienen capacidad técnica y financiera para competir en el escenario regional. Sin embargo, el proyecto también abre debates relevantes sobre la dependencia prolongada del gas natural en un contexto de urgencia climática. Aunque el gas emite menos dióxido de carbono que el carbón o el petróleo, sigue siendo un combustible fósil, y su papel como ‘energía de transición’ es cada vez más cuestionado por organismos ambientales internacionales.

Perspectiva para América Latina

América Latina enfrenta una paradoja energética: es una región rica en recursos naturales —petróleo, gas, sol, viento y agua—, pero millones de sus habitantes aún carecen de acceso estable a la electricidad. Iniciativas como la de Promigás en Perú ilustran cómo el capital y el ‘know-how’ privado pueden acelerar la cobertura energética donde el Estado no llega, aunque también plantean interrogantes sobre la gobernanza de recursos estratégicos y la distribución de beneficios. En países como Bolivia, Ecuador y Colombia, este debate ya genera tensiones políticas importantes.

Además, la expansión de empresas colombianas en el sector energético regional es un fenómeno que merece seguimiento: refleja la consolidación de un modelo de ‘multilatinas’ —corporaciones latinoamericanas con vocación regional— que están redefiniendo las relaciones económicas dentro del continente, reduciendo la dependencia histórica de inversión extranjera proveniente de Europa o Estados Unidos.

Con esta primera planta en operación, Promigás deberá demostrar no solo su capacidad técnica, sino también su compromiso con las comunidades locales y con los estándares ambientales peruanos. Los próximos meses serán clave para evaluar el desempeño real de la instalación, su impacto en las tarifas eléctricas de los usuarios beneficiados y la posible expansión del proyecto a otras regiones del país. La región estará atenta.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 21 de mayo de 2026
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