A solo dos meses de entregar la Presidencia de Colombia, Gustavo Petro mantiene una percepción positiva del 45,3% entre los colombianos, según la más reciente encuesta de Guarumo y EcoAnalítica. El dato resulta llamativo no solo por su magnitud, sino porque representa una caída de apenas un punto porcentual respecto a la medición de abril, lo que sugiere que el desgaste natural del final de un mandato no ha erosionado de forma significativa el respaldo popular al primer gobierno de izquierda en la historia moderna del país.

La encuesta también revela el mapa político de la carrera presidencial que se disputa para suceder a Petro: el senador Iván Cepeda lidera las preferencias con un 37,1%, seguido por Álex Char de la Espriella con el 27,5% y la excandidata Paloma Valencia con el 21,7%. En un escenario hipotético de segunda vuelta, sin embargo, los números se reconfiguran y tanto Abelardo de la Espriella como Valencia superan a Cepeda, lo que anticipa unas elecciones de alta competitividad y escenarios abiertos.

Contexto y antecedentes

Gustavo Petro llegó al poder en agosto de 2022 como el primer presidente de izquierda elegido democráticamente en Colombia, en un país históricamente gobernado por la centroderecha y marcado por décadas de conflicto armado. Su gobierno impulsó reformas ambiciosas en salud, trabajo y educación, varias de las cuales chocaron con el Congreso y generaron una polarización intensa en la opinión pública. Desde el inicio de su mandato, las encuestas de aprobación oscilaron considerablemente, llegando a caer por debajo del 35% en momentos de mayor tensión política.

La firma Guarumo, en alianza con la consultora venezolana EcoAnalítica, ha realizado mediciones periódicas que han servido como termómetro de la opinión colombiana a lo largo del cuatrienio. Sus metodologías han sido utilizadas tanto por medios nacionales como por analistas internacionales para rastrear el comportamiento del electorado en un país con una democracia vibrante pero profundamente fragmentada.

El contexto electoral es fundamental para entender el peso de esta encuesta. Colombia celebrará elecciones presidenciales en 2026, y el nivel de popularidad de Petro al salir del poder tendrá efectos directos sobre qué tan fuerte queda el movimiento petrista —el Pacto Histórico— para apoyar a un candidato afín. Un presidente que se va con casi la mitad del país apoyándolo es un actor político que no desaparece del escenario.

Los puntos clave

  • La percepción positiva del gobierno Petro es del 45,3%, lo que lo ubica como uno de los presidentes colombianos con mayor aprobación al final de su mandato en las últimas dos décadas.
  • La caída entre abril y mayo fue de solo un punto porcentual, lo que indica una estabilización del respaldo ciudadano en la recta final del cuatrienio.
  • Iván Cepeda encabeza la intención de voto presidencial con el 37,1%, pero en segunda vuelta pierde terreno frente a Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia.
  • El escenario de segunda vuelta abre una carrera completamente diferente, donde la polarización izquierda-derecha podría definir el resultado final de las elecciones de 2026.
  • La encuesta fue realizada por Guarumo y EcoAnalítica, dos firmas con trayectoria en la medición de opinión política en Colombia y América Latina respectivamente.

¿Qué significa esto?

Un 45,3% de percepción positiva al final de un mandato no es un número menor en ningún contexto democrático latinoamericano. Para ponerlo en perspectiva: Iván Duque, el antecesor de Petro, terminó su gobierno con niveles de aprobación significativamente más bajos, golpeado por el estallido social de 2021. Que Petro mantenga casi la mitad del respaldo ciudadano sugiere que, a pesar de las reformas bloqueadas, los escándalos dentro del gobierno y las turbulencias institucionales, existe un núcleo sólido de colombianos que valora su gestión. Esto tiene consecuencias directas sobre la capacidad del petrismo de mantenerse como fuerza política relevante en el periodo postelectoral.

Por otro lado, el 54,7% restante no necesariamente representa rechazo activo, sino también neutralidad o indiferencia. Lo relevante es que la elección de 2026 se perfila como una disputa abierta en la que ningún candidato parte con ventaja aplastante. El hecho de que Cepeda, el candidato más cercano al petrismo, lidere en primera vuelta pero pierda en la segunda frente a figuras de centroderecha, refleja la dinámica clásica de la política colombiana: la izquierda moviliza bien su base, pero enfrenta dificultades para capturar el voto de centro en ballottage.

Perspectiva para América Latina

El caso colombiano es observado con atención en toda la región, especialmente en países donde la izquierda ha gobernado o busca gobernar en los próximos años. La trayectoria de Petro —un exguerrillero que llegó al poder por vías democráticas y que concluye su mandato con aprobación moderada pero estable— ofrece lecciones sobre los límites y posibilidades de los gobiernos progresistas en contextos institucionales complejos. Para países como Chile, Perú o Bolivia, donde las tensiones entre el ejecutivo y el legislativo son permanentes, el modelo colombiano representa tanto una advertencia como un punto de referencia.

Además, la proyección electoral con candidatos como Paloma Valencia, de perfil conservador, o Cepeda, de izquierda, recuerda la polarización que viven Argentina, Brasil y México: sociedades divididas en torno a proyectos políticos radicalmente distintos, donde las encuestas de mitad de ciclo son apenas el primer capítulo de una historia que se resolverá en las urnas.

Lo que viene ahora es crucial: los próximos dos meses definirán el legado concreto que Petro deje al país —si logra avanzar alguna de sus reformas pendientes o si se retira con una agenda incompleta— y con ello, el terreno político que heredarán los candidatos que hoy compiten por sucederlo. Las encuestas seguirán siendo el pulso de una Colombia que ya está pensando en su próximo capítulo.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 22 de mayo de 2026
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