A poco más de dos semanas para la primera vuelta presidencial del 31 de mayo de 2026, Juan Daniel Oviedo, fórmula vicepresidencial de la candidata Paloma Valencia, del Centro Democrático, habló sobre el estado de la campaña, la polarización creciente en el país y el papel que él mismo juega en la construcción de un voto de centro. Su mensaje central fue contundente: Colombia no puede quedarse atrapada entre el populismo de los extremos, una frase que resume tanto la estrategia electoral del binomio como el diagnóstico que hacen del momento político.

Oviedo, conocido por su trabajo como exdirector del DANE y por su estilo de campaña cercano y directo —repartiendo periódicos en las calles, recorriendo mercados y barrios populares—, aseguró sentir un ambiente tenso pero movilizado. En sus palabras, la polarización ha escalado en las últimas semanas, con amenazas a candidatos, denuncias de presión de grupos ilegales y señalamientos de que el Gobierno del presidente Gustavo Petro estaría haciendo campaña abierta a favor del candidato Ivan Cepeda, todo lo cual, según él, genera incertidumbre sobre las garantías electorales.

Contexto y antecedentes

Colombia atraviesa uno de sus ciclos electorales más convulsos en décadas. La campaña presidencial de 2026 se desarrolla en un país profundamente dividido entre el proyecto de izquierda que representa el petrismo —encarnado esta vez en la candidatura de Iván Cepeda— y una derecha que busca capitalizar el desgaste del gobierno Petro tras cuatro años de turbulencias económicas, reformas fallidas y confrontaciones institucionales. En ese escenario, Paloma Valencia, senadora de larga trayectoria del Centro Democrático y figura reconocida por su rigor técnico y posiciones firmes, se posiciona como la alternativa de la centro-derecha.

La elección de Oviedo como fórmula vicepresidencial no fue casual. El exdirector del DANE tiene un perfil técnico, moderado y con llegada a sectores independientes y de centro que históricamente han desconfiado del uribismo puro. Analistas políticos han señalado desde el momento de su designación que su misión era precisamente ampliar la base electoral de Valencia más allá del núcleo duro del partido. Oviedo lo reconoció en la entrevista: trabajar para acercar al centro ha sido una de sus tareas explícitas en la campaña.

El contexto de seguridad electoral también es preocupante. En las semanas previas a la primera vuelta se han registrado ataques a la infraestructura de la Registraduría Nacional y amenazas directas contra varios candidatos en regiones donde grupos armados ilegales mantienen presencia activa. Estas circunstancias han encendido alertas en organismos nacionales e internacionales de observación electoral, y han dado pie a un debate sobre si Colombia tiene las condiciones mínimas para garantizar unas elecciones libres y transparentes.

Los puntos clave

  • Oviedo afirmó que Colombia no puede quedarse ‘atrapada entre el populismo de los extremos’, posicionando a la fórmula Valencia-Oviedo como la opción del centro pragmático y técnico.
  • El candidato reconoció que su rol explícito en la campaña ha sido acercar al electorado de centro a la candidatura de Paloma Valencia, ampliando la base más allá del núcleo uribista tradicional.
  • Expresó preocupación por las garantías electorales ante amenazas a candidatos, ataques a la Registraduría y denuncias de que el Gobierno estaría haciendo campaña institucional a favor de Iván Cepeda.
  • Ante la pregunta de qué haría si su fórmula no pasa a segunda vuelta, Oviedo no descartó apoyar a Abelardo de la Espriella, señal de que hay conversaciones en la oposición sobre posibles alianzas de cara al balotaje.
  • La campaña de calle de Oviedo —repartiendo periódicos y recorriendo barrios— es una estrategia deliberada para proyectar cercanía y diferenciar al binomio de una política percibida como elitista o de escritorio.

¿Qué significa esto?

Las declaraciones de Oviedo revelan que la campaña Valencia-Oviedo está librando una batalla en dos frentes simultáneos: hacia adentro, consolidando el voto de la derecha y centro-derecha que se siente desencantada con el gobierno Petro; y hacia afuera, intentando seducir al elector independiente que no se identifica con ninguno de los extremos pero que tampoco ha encontrado aún en esta fórmula una razón emocional suficiente para movilizarse. El discurso anti-polarización es una apuesta calculada, pero también riesgosa: en elecciones muy polarizadas, los mensajes moderados a veces no generan la energía necesaria para movilizar votos.

El escenario de una posible alianza con Abelardo de la Espriella en segunda vuelta es igualmente revelador. Muestra que la oposición al petrismo ya está pensando en términos de bloques y no de candidaturas individuales, lo que sugiere que el verdadero duelo podría definirse en el balotaje. Si Valencia pasa a segunda vuelta, la capacidad de construir una coalición amplia contra el candidato oficialista será determinante. La oposición sabe que dividida, pierde.

Perspectiva para América Latina

Lo que ocurre en Colombia tiene resonancias claras en toda América Latina, una región que lleva más de una década oscilando entre gobiernos de izquierda populista y reacciones de derecha igualmente polarizantes. La búsqueda de un ‘centro técnico y democrático’ que ofrezca una alternativa real a esa dinámica es un desafío compartido por países como Chile, Perú, Ecuador y Argentina, donde las opciones moderadas han tenido dificultades para sobrevivir electoralmente en contextos de alta crispación. El caso colombiano será observado con atención como un termómetro de si ese espacio político tiene viabilidad real o si la lógica del ‘estás conmigo o contra mí’ sigue dominando las urnas latinoamericanas.

Para la región también importa el debate sobre garantías electorales. En un continente donde la legitimidad de los procesos democráticos está bajo permanente cuestionamiento —desde Venezuela hasta El Salvador, pasando por los conflictos postelectorales en Perú— cualquier señal de interferencia gubernamental o violencia política en Colombia alimentará narrativas que debilitan la confianza institucional más allá de sus fronteras.

Lo que viene en las próximas semanas es decisivo: la primera vuelta del 31 de mayo dirá si el espacio de centro que Oviedo y Valencia intentan construir tiene respaldo real en las urnas o si Colombia, como temen muchos analistas, seguirá dividida en dos bloques irreconciliables. La segunda vuelta, si llega a producirse entre extremos, podría ser la prueba más dura para la democracia colombiana en lo que va del siglo.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 22 de mayo de 2026
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