Hace casi 200 millones de años, mientras los dinosaurios dominaban los continentes, las profundidades oceánicas albergaban criaturas de dimensiones extraordinarias. Ahora, el Museo de Historia Natural de Londres abre sus puertas a una exposición que rescata esos titanes del pasado y lanza, al mismo tiempo, una advertencia urgente sobre el presente: los océanos vuelven a estar bajo una presión sin precedentes.
‘Jurassic Oceans: Monsters of the Deep’ es el nombre de la muestra, que podrá visitarse hasta el 3 de enero de 2027 y que sitúa cara a cara al visitante con reptiles marinos prehistóricos de hasta 12 metros de longitud. Pero la exposición no es solo un viaje al pasado: sus curadores utilizan el registro fósil como espejo del futuro, señalando que el cambio climático ya acabó con ecosistemas enteros hace millones de años y que los patrones actuales resultan inquietantemente similares, solo que acelerados.
Contexto y antecedentes
El período Jurásico, que se extendió aproximadamente entre hace 201 y 145 millones de años, fue una era de explosión biológica tanto en tierra como en el mar. Mientras los grandes saurios terrestres capturan la imaginación popular, los mares jurásicos eran igualmente hostiles y fascinantes: los plesiosaruios, ictiosaurios y pliosaruios competían por dominar unas aguas cálidas y ricas en vida. Estos animales no eran dinosaurios en sentido estricto, sino reptiles marinos que habían evolucionado de antepasados terrestres para conquistar el océano.
El plesiosaurio, una de las estrellas de la exposición, es quizás el más icónico de estos depredadores. Con su característico cuello largo, cabeza pequeña y cuatro aletas que le permitían ‘volar’ bajo el agua, este reptil debía subir regularmente a la superficie para respirar aire, lo que lo hace biológicamente más cercano a los actuales cetáceos que a los peces. El doctor Marc E. H. Jones, conservador de reptiles y anfibios fósiles del museo, describe su locomoción como una especie de vuelo submarino coordinado, una imagen que subraya la sofisticación evolutiva de estas criaturas.
El Museo de Historia Natural de Londres es una de las instituciones paleontológicas más importantes del mundo, con una colección de más de 80 millones de especímenes. Sus exposiciones tienen una larga tradición de combinar divulgación científica con reflexión sobre los desafíos contemporáneos, y esta muestra no es la excepción: el equipo curatorial ha decidido usar el archivo fósil no solo como testimonio del pasado, sino como evidencia científica para el debate climático actual.
Los puntos clave
- La exposición ‘Jurassic Oceans: Monsters of the Deep’ puede visitarse en el Museo de Historia Natural de Londres hasta el 3 de enero de 2027, explorando la vida marina de hace casi 200 millones de años.
- El plesiosaurio, uno de los reptiles estrella de la muestra, podía alcanzar hasta 12 metros de longitud y usaba cuatro aletas para desplazarse como si ‘volara’ por el océano.
- El registro fósil demuestra que episodios de cambio climático, incluso relativamente lentos, provocaron extinciones masivas en los ecosistemas marinos prehistóricos.
- En los últimos 200 años, la actividad humana ha añadido más de 2.000 gigatoneladas de CO2 a la atmósfera, calentando los océanos y sometiendo sus ecosistemas a una presión sin precedentes.
- Los científicos advierten que el ritmo del cambio climático actual es significativamente más rápido que el de los episodios que devastaron la vida marina jurásica, lo que amplifica el riesgo para los ecosistemas contemporáneos.
¿Qué significa esto?
La decisión curatorial de vincular la paleontología con la crisis climática actual no es casual ni superficial: es una estrategia comunicativa que otorga al debate científico una escala temporal que los datos modernos, por sí solos, difícilmente consiguen transmitir. Cuando el doctor Jones afirma que ‘incluso un cambio climático lento puede tener un gran impacto en el ecosistema’, está apelando a millones de años de evidencia empírica. El mensaje implícito es devastador: si los lentos cambios naturales del pasado bastaron para borrar ecosistemas enteros, los cambios acelerados impulsados por la actividad humana representan una amenaza de una magnitud cualitativamente distinta.
El impacto no es solo científico o político: es también cultural y educativo. Exposiciones de este tipo tienen la capacidad de llegar a audiencias que no leen informes del IPCC pero sí visitan museos con sus familias. Convertir a un plesiosaurio en portavoz de la emergencia oceánica es una forma de pedagogía climática que puede resultar más efectiva que cualquier gráfico de temperatura. Los océanos absorben alrededor del 90% del exceso de calor generado por el efecto invernadero y producen más de la mitad del oxígeno del planeta: su deterioro no es una abstracción, sino una amenaza directa a la habitabilidad de la Tierra.
Perspectiva para América Latina
América Latina tiene una relación directa y profunda con ambas dimensiones de esta historia. En materia paleontológica, la región es uno de los territorios más ricos del mundo en hallazgos de esta era: Argentina, Brasil y Bolivia han protagonizado descubrimientos de dinosaurios y reptiles prehistóricos de relevancia global. De hecho, Bolivia acaba de anunciar el hallazgo de la mayor colección de huellas de dinosaurio conocida, lo que sitúa a la región en el centro de la investigación paleontológica internacional. Esta exposición londinense no es ajena a ese contexto: el interés por los ‘monstruos’ del pasado es universal, pero Latin América tiene especial protagonismo en desentrañar sus secretos.
En cuanto al cambio climático, la urgencia es aún más concreta para la región. Los arrecifes de coral del Caribe, los manglares del Pacífico y los ecosistemas marinos del Cono Sur están entre los más amenazados por el aumento de la temperatura oceánica y la acidificación de los mares. Los patrones que los fósiles jurásicos revelan como fatales para la biodiversidad marina no son historia lejana: son un mapa de riesgos que la región no puede permitirse ignorar.
La exposición permanecerá abierta en Londres hasta enero de 2027, tiempo suficiente para convertirse en un referente de la divulgación científica climática. Lo que habrá que seguir de cerca es si el mensaje trasciende las paredes del museo: si los datos que el registro fósil ofrece logran influir en políticas públicas y en la conciencia colectiva sobre la protección de los océanos, que hoy enfrentan una prueba sin precedentes en la historia geológica reciente.



