A pocas semanas de las elecciones presidenciales en Colombia, la fórmula vicepresidencial del candidato Sergio Fajardo, Edna Bonilla, lanzó un mensaje directo a los votantes indecisos: el país no está obligado a elegir entre una izquierda radical y una derecha que, según ella, busca regresar a ‘épocas oscuras’. La exsecretaria de Educación de Bogotá habló con El Tiempo en la recta final de una campaña que, según las encuestas, ha dejado rezagado al centro político frente a las opciones más polarizadas.
La última encuesta de Guarumo y Ecoanalítica confirma lo que muchos analistas ya advertían: las propuestas moderadas enfrentan una batalla cuesta arriba en un escenario electoral dominado por los extremos ideológicos. Sin embargo, Bonilla insiste en que todavía hay espacio para una alternativa distinta, y que los millones de colombianos que aún no han decidido su voto representan la mejor oportunidad del centro para hacerse escuchar el día de los comicios.
Contexto y antecedentes
Sergio Fajardo, exgobernador de Antioquia y exalcalde de Medellín, lleva más de una década intentando consolidar un proyecto político de centro en Colombia. Su propuesta ha girado históricamente en torno a la educación, la transparencia institucional y la reducción de la desigualdad sin acudir a recetas ideológicas rígidas. En las elecciones de 2022, Fajardo obtuvo apenas el 4,2% de los votos en primera vuelta, un resultado que muchos interpretaron como el fracaso momentáneo del centro, aunque él lo leyó como una señal de que el mensaje aún no había encontrado el canal adecuado para llegar al electorado masivo.
Edna Bonilla, su compañera de fórmula en esta nueva contienda, aporta al binomio un perfil técnico vinculado al sector educativo. Como secretaria de Educación de Bogotá, lideró políticas públicas orientadas a la permanencia escolar y la calidad de la enseñanza en los sectores más vulnerables de la capital. Su inclusión en la candidatura busca equilibrar la imagen de Fajardo con una figura que conecte con las demandas sociales concretas de los colombianos de a pie.
El contexto político de Colombia en 2026 está marcado por la polarización entre el oficialismo del presidente Gustavo Petro —representado por candidatos afines a su proyecto de ‘Colombia Humana’— y sectores de derecha que prometen un giro radical en las políticas económicas y de seguridad. En ese escenario, el espacio para el centro se ha ido comprimiendo, alimentado además por una desconfianza ciudadana hacia las instituciones y por un ciclo de noticias dominado por la inseguridad y la crisis económica.
Los puntos clave
- Edna Bonilla es la fórmula vicepresidencial de Sergio Fajardo y tiene experiencia como secretaria de Educación de Bogotá, lo que le otorga un perfil técnico y social diferenciado.
- La última encuesta de Guarumo y Ecoanalítica muestra que el centro político está marginado de la batalla principal, concentrada entre candidatos de izquierda y derecha con mayor músculo electoral.
- Bonilla apuesta por los votantes indecisos como el factor decisivo en la recta final de la campaña, argumentando que representan un segmento lo suficientemente amplio para cambiar el resultado.
- La fórmula Fajardo-Bonilla tiene propuestas concretas en seguridad y educación pública, dos de los temas que más preocupan a los colombianos según todos los sondeos recientes.
- El debate sobre una posible Asamblea Constituyente ha entrado en la campaña: Bonilla advierte sobre los riesgos que tendría ese proceso en un momento de alta polarización, mientras que un comité ciudadano recolecta firmas para impedirla.
¿Qué significa esto?
La situación del centro político en Colombia refleja un fenómeno que no es exclusivo de ese país: en sociedades profundamente fracturadas, las propuestas moderadas tienden a perder visibilidad frente a los discursos más emocionales y confrontacionales de los extremos. Para Fajardo y Bonilla, el desafío no es solo electoral sino también comunicacional: deben demostrar que la moderación no equivale a tibieza o falta de propuestas, y que gobernar con transparencia y enfoque técnico puede producir resultados más sostenibles que las promesas de transformación radical. El hecho de que insistan en llegar a los indecisos revela que son conscientes de que su base consolidada no es suficiente para competir.
Las consecuencias de esta dinámica van más allá del 2026. Si el centro no logra consolidarse como una fuerza política viable en Colombia, el país podría quedar atrapado en un ciclo de gobiernos polarizados que dificulten los consensos necesarios para enfrentar problemas estructurales como la violencia, la desigualdad y la crisis del campo. La advertencia de Bonilla sobre los ‘riesgos de una Asamblea Constituyente en tiempos de polarización’ apunta precisamente a ese escenario: cuando no hay acuerdos posibles, las instituciones se vuelven campos de batalla permanente.
Perspectiva para América Latina
Lo que ocurre en Colombia resuena en gran parte de América Latina, donde el centro político ha venido perdiendo terreno frente a los extremos desde hace al menos una década. En países como Argentina, Perú, México y Brasil, la ciudadanía ha oscilado entre gobiernos de izquierda y derecha sin que hayan emergido con fuerza proyectos moderados capaces de articular mayorías estables. El caso colombiano es un laboratorio político de primer orden: si Fajardo y Bonilla logran movilizar a los indecisos y demostrar que el centro puede ser competitivo, el mensaje tendrá repercusiones en toda la región. Si fracasan, será una nueva señal de que la polarización está ganando la guerra cultural y electoral en el continente.
Para los latinoamericanos que observan desde afuera, la pregunta de si Colombia puede ‘salvarse de los extremos’ —en palabras de la propia Bonilla— es también su propia pregunta. Las democracias de la región atraviesan una crisis de representación que favorece a quienes ofrecen respuestas simples a problemas complejos, y Colombia es hoy uno de los escenarios más visibles de esa tensión global entre populismo y gobernanza institucional.
Lo que resta de campaña será decisivo para saber si el mensaje del centro logra penetrar en el electorado colombiano. Todos los ojos estarán puestos en cómo evolucionen las encuestas en estos días finales, en si la recolección de firmas contra la constituyente genera un efecto movilizador y, sobre todo, en cuántos de esos votantes indecisos decidirán que Colombia merece una opción distinta a los extremos que hoy dominan el debate.



