Por primera vez en la historia moderna, un presidente de Estados Unidos ha expresado apoyo público y explícito a un candidato en un país considerado dentro de la órbita de influencia rusa. Donald Trump publicó este jueves un mensaje en su red Truth Social en el que declaró su ‘pleno y total respaldo a la reelección’ del primer ministro armenio Nikol Pashinyan, de cara a las elecciones del próximo 7 de junio, calificándolo de ‘gran amigo y líder’ que está ‘haciendo que su país sea fuerte, próspero y muy seguro’.
El gesto no es solo simbólico: viene acompañado de acuerdos estratégicos firmados esta semana en Ereván por el secretario de Estado Marco Rubio, un pacto sobre minerales críticos de tierras raras y el anuncio de la llamada ‘Trump Route for International Peace and Prosperity’ (TRIPP), una ruta comercial que busca conectar Asia Central con Estados Unidos a través del Cáucaso Sur. El mensaje de Trump cerró con un guiño inequívoco: ‘Make Armenia Great Again — MAGA’. La respuesta geopolítica de Moscú no se ha hecho esperar.
Contexto y antecedentes
Armenia lleva años protagonizando uno de los giros geopolíticos más dramáticos del espacio postsoviético. Nikol Pashinyan llegó al poder en 2018 tras una revolución popular de corte democrático y, desde entonces, ha ido distanciándose progresivamente de Rusia, su tradicional aliado y garante de seguridad. El punto de quiebre llegó en 2020, cuando Armenia perdió la guerra del Alto Karabaj frente a Azerbaiyán sin que Moscú interviniera militarmente, lo que generó una profunda desconfianza hacia las garantías de seguridad rusas.
Ese trauma impulsó a Pashinyan a buscar nuevos socios. En 2023, Armenia suspendió su participación activa en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la alianza militar liderada por Rusia. En paralelo, intensificó el diálogo con la Unión Europea y Estados Unidos. El año pasado, la firma de un acuerdo de paz con Azerbaiyán bajo mediación estadounidense en la Casa Blanca —con el presidente Ilham Aliyev— fue el mayor hito de este nuevo rumbo. Francia también ha dado señales claras de apoyo: el presidente Emmanuel Macron afirmó en la reciente Cumbre de la Comunidad Política Europea en Ereván que el ‘giro de Armenia hacia Europa’ marca ‘la apertura de una nueva era’.
Ahora, con las elecciones del 7 de junio en el horizonte, la disputa interna armenia refleja la tensión geopolítica global: Pashinyan enfrenta una oposición que cuenta con el respaldo abierto de Rusia, en medio de denuncias generalizadas de injerencia electoral por parte del Kremlin. Moscú, por su parte, ha intensificado las advertencias, amenazando con cortar el suministro de gas y petróleo a precios subsidiados y con imponer restricciones a las exportaciones armenias.
Los puntos clave
- Respaldo sin precedentes: Es la primera vez que un presidente estadounidense apoya públicamente a un candidato en un país de la órbita regional rusa, lo que eleva el gesto de Trump a la categoría de declaración geopolítica.
- Acuerdo de minerales críticos: Washington y Ereván firmaron esta semana un pacto sobre minerales de tierras raras, recursos vitales para tecnologías modernas como la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos y la industria de defensa.
- La ruta TRIPP: Trump anunció la construcción de una ruta comercial que conectaría Asia Central con Estados Unidos a través del Cáucaso, un proyecto que desafía directamente la influencia económica rusa y china en la región.
- Presión rusa en aumento: El Kremlin ha amenazado con retirar el acceso de Armenia a energía barata y con sancionar exportaciones armenias como respuesta al acercamiento con Occidente, en lo que analistas describen como presión de coerción económica.
- Elecciones del 7 de junio: Los comicios se perfilan como un referéndum de facto sobre la orientación geopolítica de Armenia, con Pashinyan representando el eje prooccidental y la oposición alineada con Moscú.
¿Qué significa esto?
El respaldo de Trump a Pashinyan trasciende la política interna armenia: es una señal directa a Moscú de que Washington está dispuesto a competir activamente por la influencia en el espacio postsoviético, incluso en países que históricamente han sido parte del patio trasero ruso. El acuerdo de minerales críticos añade una dimensión económica concreta a lo que podría haber sido un simple gesto retórico. Las tierras raras armenias tienen valor estratégico en la carrera tecnológica global, y su acceso para empresas estadounidenses representa un golpe a la dependencia de Washington de las cadenas de suministro dominadas por China.
Para Armenia, los riesgos son igualmente enormes. Depende todavía del gas ruso y tiene una economía profundamente integrada con el mercado ruso y la diáspora que envía remesas desde ese país. Un corte energético o comercial por parte de Moscú podría generar una crisis económica interna que la oposición aprovecharía políticamente. Pashinyan está apostando a que los beneficios del acercamiento occidental —inversión, seguridad y reconocimiento internacional— compensarán ese costo, pero la partida aún no está ganada.
Perspectiva para América Latina
El caso armenio ofrece un espejo incómodo para varios países de América Latina que navegan tensiones similares entre grandes potencias. La presión de Rusia sobre Ereván por su giro hacia Occidente recuerda las dinámicas de coerción económica que también han experimentado naciones latinoamericanas al intentar diversificar sus alianzas estratégicas. La táctica del ‘gas como arma política’ tiene paralelos con el uso de la deuda, las inversiones o el comercio como instrumentos de influencia en la región. Más relevante aún es la señal que envía Washington: el interés de Trump por los minerales críticos de Armenia es parte de una estrategia global que también incluye a países latinoamericanos ricos en litio, cobre y otros recursos estratégicos, como Chile, Argentina, Bolivia o el Congo.
Para la región, la lección es clara: el acceso a minerales críticos se ha convertido en una moneda de cambio geopolítica de primer orden, y las grandes potencias están dispuestas a competir activamente por asegurarlo. El modelo que se ensaye en Armenia —acuerdos de recursos a cambio de respaldo político y seguridad— podría replicarse en América Latina en los próximos años.
Con las elecciones armenias fijadas para el 7 de junio, el mundo observará si el respaldo de Trump y el apoyo europeo son suficientes para consolidar el giro prooccidental de Pashinyan frente a una oposición respaldada por Moscú. Los próximos pasos a seguir serán el desarrollo de la ruta TRIPP, la respuesta económica concreta de Rusia y, sobre todo, el resultado electoral que definirá si Armenia completa uno de los giros geopolíticos más audaces de la era postsoviética.



