El Festival de Eurovisión arrancó con fuerza en Viena, pero también con una notable carga política. La primera semifinal del certamen dejó diez clasificados para la gran final del sábado, entre ellos la favorita Finlandia y el controvertido representante de Israel, Noam Bettan, cuya presencia sigue levantando ampollas en toda Europa.
Finlandia lidera con ‘Lanzallamas’
El representante finlandés Pete Parkkonen actuó junto a la violinista Linda Lampenius interpretando ‘Liekinheitin’, conocida en castellano como ‘Lanzallamas’. La mezcla de una voz pop angustiosa con violines de fuego encendió al público y confirmó el favoritismo que las casas de apuestas ya le habían otorgado semanas antes.
Junto a Finlandia, también consiguieron su billete para la final el griego Akylas con ‘Ferto’, el grupo de goth metal serbio Lavina con ‘Kraj Mene’, el folk-rapper moldavo Satoshi con ‘Viva, Moldova!’ y el conjunto femenino croata Lelek con ‘Andromeda’. Bélgica también logró superar la criba, dejando fuera a Croacia, Lituania, Polonia y Suecia.
Cinco países eliminados en la primera noche
Estonia, Georgia, Montenegro, Portugal y San Marino no lograron convencer ni a los jurados ni al televoto y quedaron eliminados. La actuación de San Marino fue especialmente llamativa, ya que contó con la presencia como invitado especial del icono de los años 80 Boy George, aunque ni eso fue suficiente para salvar a Senhit de la eliminación.
Israel, entre abucheos y aplausos
Uno de los momentos más tensos de la noche lo protagonizó el representante israelí Noam Bettan, quien interpretó la balada rock ‘Michelle’ entre una mezcla de abucheos y aplausos desde el auditorio. Pese a la hostilidad de una parte del público, el cantante logró clasificarse para la final del sábado.
Su presencia en el certamen ha generado un boicot sin precedentes en la historia reciente de Eurovisión. España, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia e Islandia han decidido no participar esta edición en protesta por la inclusión de Israel, en medio del conflicto armado en Gaza. Esto supone un golpe económico y de audiencia para un concurso que el año pasado congregó a 166 millones de espectadores en todo el mundo.
La UER endurece las normas de votación
La Unión Europea de Radiodifusión, organizadora del certamen, ha respondido a las acusaciones de manipulación del voto reforzando sus mecanismos de control. Entre las medidas adoptadas destaca la reducción a la mitad del número de votos permitidos por persona, que ahora queda fijado en un máximo de 10, además de nuevas salvaguardias contra lo que la organización denomina ‘actividades de votación sospechosas o coordinadas’.
Sin embargo, la UER se negó a expulsar a Israel del certamen, una decisión que fue el detonante definitivo para que los cinco países anunciaran su retirada en diciembre del año pasado.
La política, sombra permanente de Eurovisión
Esta edición celebra el 70 aniversario del festival bajo el lema ‘Unidos por la música’, pero las tensiones geopolíticas ensombrecen la efeméride. No es la primera vez que la política irrumpe en el escenario: en 2022, Rusia fue expulsada del certamen tras la invasión a gran escala de Ucrania.
Durante la semana del festival están previstas varias manifestaciones propalestinas en Viena, incluido un evento musical denominado ‘No Stage for Genocide’. Sus promotores han instado públicamente a los artistas participantes a retirarse del concurso.
El jueves se celebrará la segunda semifinal, donde otros 10 países lucharán por su plaza en la final. Además, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia están clasificados de forma automática por ser los principales financiadores del certamen, mientras que Austria accede directamente como país anfitrión y ganador de la edición anterior.
Con solo 35 países participantes, esta es la edición con menos concursantes desde 2003, una cifra que refleja el impacto acumulado del boicot y las ausencias por razones económicas o artísticas de años anteriores.



