El presidente ucraniano Volodímir Zelenski encendió las alarmas el pasado viernes al advertir que la inteligencia de su país detectó señales de que Rusia está preparando un nuevo ataque ‘masivo’ contra territorio ucraniano. La advertencia llega apenas días después de uno de los bombardeos más intensos y simbólicamente cargados de toda la guerra: una ola de ataques contra la región de Kiev que incluyó 90 misiles y 600 drones, y que marcó el primer uso confirmado del misil balístico Oreshnik en esa zona.
A través de sus redes sociales, Zelenski pidió a la población civil que permanezca atenta a las sirenas de alarma antiaérea y que busque refugio. ‘La Fuerza Aérea y los protectores de nuestro cielo trabajarán las 24 horas del día, como siempre’, escribió el mandatario, en un mensaje que combina la advertencia táctica con el intento de sostener la moral de una sociedad sometida a más de tres años de guerra continua.
Contexto y antecedentes
El misil Oreshnik, protagonista del último gran ataque, no es una amenaza nueva en términos técnicos, pero sí en términos estratégicos. Se trata de un misil balístico de alcance medio desarrollado por Rusia, capaz de transportar ojivas nucleares, aunque en los ataques documentados hasta ahora ha sido utilizado con cabezas convencionales. Su primer uso en combate fue registrado en noviembre de 2024, cuando impactó contra la ciudad de Dnipro, en el centro-este de Ucrania, generando una ola de condena internacional y un debate urgente sobre la escalada del conflicto.
El despliegue del Oreshnik contra la región de Kiev representa una escalada cualitativa. Moscú parece estar enviando un mensaje deliberado: tiene capacidad para alcanzar cualquier punto del país con armamento de nueva generación, difícil de interceptar con los sistemas de defensa disponibles actualmente en Ucrania. Líderes europeos de varios países condenaron con dureza el ataque, y varios analistas militares interpretaron el movimiento como una demostración de fuerza orientada tanto a Kiev como a sus aliados occidentales.
En este contexto, Zelenski lleva semanas intensificando sus gestiones diplomáticas para conseguir más armamento. Durante una visita a Suecia, el jueves anterior a su advertencia, el presidente ucraniano reconoció ante periodistas que está siendo ‘muy insistente’ en sus peticiones. Según fuentes cercanas al gobierno ucraniano, Zelenski también envió una carta directa al presidente estadounidense Donald Trump a principios de esa misma semana, solicitando munición adicional para los sistemas de misiles Patriot.
Los puntos clave
- Zelenski advirtió públicamente que la inteligencia ucraniana tiene información sobre la preparación de un nuevo ataque masivo ruso contra Ucrania.
- El ataque del fin de semana anterior incluyó el uso del misil Oreshnik con capacidad nuclear, junto con 90 misiles convencionales y 600 drones dirigidos contra la región de Kiev.
- El Oreshnik fue usado por primera vez en combate en noviembre de 2024 contra Dnipro, y su empleo repetido marca una tendencia preocupante de escalada armamentística rusa.
- Zelenski pidió formalmente a Donald Trump más misiles para los sistemas de defensa antiaérea Patriot, describiendo como ‘doloroso’ ver baterías sin munición disponible.
- Un dron ruso hirió a dos personas en Rumanía, país miembro de la OTAN y la UE, en uno de los incidentes de desbordamiento del conflicto más graves registrados desde 2022.
¿Qué significa esto?
La advertencia de Zelenski no es un recurso retórico aislado: responde a una lógica de comunicación estratégica que el gobierno ucraniano ha utilizado desde el inicio de la invasión para mantener la presión internacional y preparar a su población. Sin embargo, el contexto actual añade una dimensión nueva y más grave. El uso sistemático del Oreshnik sugiere que Rusia está dispuesta a emplear sus arsenales más avanzados, lo que eleva exponencialmente el riesgo para la infraestructura crítica ucraniana —energía, agua, comunicaciones— precisamente cuando el invierno agrava las condiciones humanitarias.
La insistencia de Zelenski en conseguir más misiles Patriot revela, además, una brecha preocupante en la cadena de suministro militar occidental. Tener baterías operativas pero sin munición equivale, en términos prácticos, a no tener defensa. Este déficit no es menor: los sistemas Patriot son actualmente uno de los pocos mecanismos capaces de interceptar misiles balísticos como el Oreshnik. Si Occidente no resuelve esta ecuación logística, Ucrania queda crecientemente expuesta a ataques que no puede neutralizar.
Perspectiva para América Latina
Para América Latina, la guerra en Ucrania ha dejado de ser un conflicto lejano con impacto solo humanitario. Las consecuencias económicas —en precios de alimentos, fertilizantes y energía— han golpeado de manera directa a economías de la región que dependen de importaciones provenientes de Ucrania y Rusia. Argentina, Brasil y varios países centroamericanos han sentido el efecto en sus cadenas agrícolas. Además, el uso de misiles con capacidad nuclear, aunque en configuración convencional, reaviva el debate global sobre la vigencia de los tratados de no proliferación y el orden de seguridad internacional, un tema que no es ajeno a regiones que históricamente han apostado por la desnuclearización, como lo establece el Tratado de Tlatelolco.
La postura de distintos gobiernos latinoamericanos frente al conflicto sigue siendo heterogénea: mientras algunos se alinean con la condena internacional a Rusia, otros mantienen vínculos comerciales y diplomáticos con Moscú. Este equilibrio se vuelve cada vez más difícil de sostener a medida que la guerra escala y las presiones de bloques geopolíticos opuestos se intensifican.
En las próximas horas y días, el mundo estará atento a si el ataque masivo que Zelenski anticipó efectivamente se materializa, y a la respuesta que ofrezca la OTAN ante el incidente en suelo rumano, que por primera vez plantea con claridad la posibilidad de un desbordamiento directo del conflicto hacia territorio de la alianza. La velocidad con que Estados Unidos responda a las solicitudes de armamento ucraniano también será un indicador clave del rumbo que tomará esta nueva fase de la guerra.



