Austria expulsó recientemente a tres diplomáticos rusos acusados de utilizar su cobertura oficial para llevar a cabo actividades de espionaje en Viena. Pero más allá de las personas involucradas, lo que ha puesto en alerta a investigadores, periodistas y exfuncionarios de inteligencia es algo que se ve a simple vista desde la calle: los imponentes sistemas de antenas instalados en los tejados de los edificios diplomáticos rusos.
Una postura más firme frente al espionaje
La ministra de Asuntos Exteriores austriaca, Beate Meinl-Reisinger, fue contundente tras la expulsión. Declaró que Austria estaba adoptando una posición más dura ante este tipo de actividades y señaló específicamente lo que denominó el ‘bosque de antenas’ en la representación diplomática rusa.
‘Está claro que es inaceptable que la inmunidad diplomática se utilice para llevar a cabo espionaje’, afirmó la ministra en un comunicado oficial. Sus palabras no dejaron lugar a interpretaciones: Viena está dispuesta a marcar límites.
Antenas que apuntan en la dirección equivocada
No es inusual que una embajada cuente con antenas satelitales en su tejado. La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas permite a las misiones diplomáticas utilizar medios de comunicación seguros con sus gobiernos. Sin embargo, la instalación de radiotransmisores inalámbricos requiere el consentimiento del Estado receptor.
Lo que ha llamado la atención de los expertos no es la presencia de antenas, sino su comportamiento. Una investigación publicada por ‘The Financial Times’ en marzo revelaba que varias antenas parabólicas en edificios diplomáticos rusos en Viena parecían moverse y reposicionarse con frecuencia, algo que analistas consultados calificaron de inusual para sistemas destinados exclusivamente a comunicaciones diplomáticas.
El periodista de investigación austriaco Erich Möchel, que ha monitorizado estos sistemas junto a un colectivo de tecnólogos e ingenieros electrónicos conocido como Nomen Nescio, explicó al equipo de verificación de ‘Euronews’, El Cubo, que una de las antenas del complejo de la embajada rusa en el tercer distrito de Viena ‘apunta lejos hacia el oeste’, lo cual, según sus palabras, ‘no es habitual en las comunicaciones de las embajadas’.
Esa antena, además, no apunta hacia los satélites asociados a la comunicación con Moscú, sino hacia satélites comerciales que transportan tráfico de comunicaciones entre Europa y África. Un detalle que, para los investigadores, resulta difícil de ignorar.
Una posible estación de inteligencia de señales
El análisis del grupo Nomen Nescio va más allá. Según Möchel, un edificio diplomático ruso ubicado en el distrito 22 de Viena parece funcionar como una ‘estación de inteligencia de señales pura’, con varias antenas orientadas hacia satélites que gestionan comunicaciones entre Europa y África.
El grupo también detectó que una antena parabólica se reposiciona de manera regular antes de volver a su orientación habitual. Para Möchel, ese movimiento tiene una explicación posible: ‘Posiblemente estén buscando algo, algún canal especial en otro satélite’.
Además, los investigadores identificaron estructuras inusuales en los tejados fabricadas con materiales ligeros como madera y plástico. Möchel considera que podrían tratarse de radomos, es decir, recintos diseñados para proteger las antenas de las condiciones meteorológicas y, al mismo tiempo, ocultar la dirección hacia la que apuntan.
Un fenómeno que no es exclusivo de Rusia
Las sospechas sobre actividades de vigilancia desde tejados diplomáticos no son nuevas ni exclusivas de Rusia. Un reportaje del semanario alemán ‘Der Spiegel’, basado en documentos filtrados por el exagente de la NSA Edward Snowden, reveló que la embajada de Estados Unidos en Berlín albergaba equipos de vigilancia en su azotea utilizados para la recopilación de señales de inteligencia.
En 2013, el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán llegó a convocar al embajador británico en medio de acusaciones similares contra los servicios de inteligencia del Reino Unido.
Lo que hace singular el caso de Viena es la combinación de expulsiones diplomáticas, declaraciones oficiales explícitas y un seguimiento técnico independiente que apunta en la misma dirección: las antenas rusas en la capital austriaca hacen algo más que mantener contacto con Moscú.



