La industria siderúrgica mundial atraviesa una de sus crisis más profundas en décadas, y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) acaba de lanzar una advertencia sin precedentes: el exceso de capacidad global de acero podría escalar de 640 millones de toneladas en 2025 a 745 millones en 2028. Detrás de este desequilibrio estructural hay un actor protagónico que domina el debate: China, cuyas acerías exportaron en 2025 un volumen récord de 131 millones de toneladas, un 153% más que en 2020, superando toda la producción de acero de la Unión Europea en ese mismo año.
El problema no es solo de magnitud, sino de origen. Según la OCDE, una acería china promedio recibió en 2024 subvenciones estatales equivalentes a 15 veces las que reciben los productores de otros países en relación con sus activos totales. Esta distorsión masiva del mercado hace que los fabricantes europeos, latinoamericanos y de otras economías miembro de la organización compitan en condiciones radicalmente desiguales, poniendo en riesgo su viabilidad a largo plazo y la independencia estratégica de naciones que dependen del acero para infraestructura, defensa y manufactura.
Contexto y antecedentes
El exceso de capacidad siderúrgica no es un fenómeno nuevo. Ya en la década de 2010, la OCDE y el G20 identificaron el problema como una amenaza seria al comercio internacional y crearon el Foro Global sobre Exceso de Capacidad Siderúrgica en 2016. Sin embargo, los avances han sido mínimos: la producción estatal, especialmente la china, siguió creciendo impulsada por planes de desarrollo industrial que priorizan el empleo y la autosuficiencia por encima de la rentabilidad de mercado.
China es hoy responsable de más del 50% de la producción mundial de acero. Su modelo, basado en empresas estatales fuertemente subsidiadas, le permite vender por debajo de los costos de producción reales, inundando los mercados internacionales con acero barato. Europa y Estados Unidos han respondido con aranceles y medidas antidumping, pero la OCDE ahora detecta una nueva estrategia de evasión: exportar acero semielaborado al sudeste asiático para transformarlo allí y reexportarlo a mercados protegidos. Las exportaciones chinas de acero semielaborado a esa región aumentaron un 300%, una señal inequívoca de triangulación comercial.
A este panorama se suma la presión de los costes energéticos, agravada por la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio. La energía puede representar hasta el 40% de los costos de producción del acero, lo que convierte al sector en uno de los más vulnerables ante cualquier shock en los precios del gas o el petróleo. El secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, fue claro al respecto en la última reunión ministerial: es necesario atacar ‘las causas de raíz, entre ellas las subvenciones perjudiciales y otras prácticas ajenas al mercado’.
Los puntos clave
- Exceso de capacidad en expansión: La OCDE proyecta que el sobrante global de producción de acero pasará de 640 millones de toneladas en 2025 a 745 millones en 2028, un aumento que supera en casi 320 millones de toneladas la producción anual total de todos los países miembro de la organización.
- Desproporción entre oferta y demanda: Mientras la demanda mundial crecerá apenas 34 millones de toneladas entre 2026 y 2028, los productores planean añadir 139 millones de toneladas de nueva capacidad en el mismo periodo.
- Subsidios chinos sin parangón: En 2024, las acerías chinas recibieron subvenciones estatales 15 veces superiores, en proporción a sus activos, a las que reciben productores en el resto del mundo, distorsionando gravemente la competencia internacional.
- Evasión de aranceles mediante triangulación: Las exportaciones chinas de acero semielaborado al sudeste asiático aumentaron un 300%, lo que la OCDE interpreta como una posible estrategia para esquivar barreras comerciales y medidas antidumping en mercados occidentales.
- Riesgo estratégico para las economías nacionales: Los gobiernos temen una dependencia creciente de importaciones en un material considerado crítico para la construcción, la defensa, las infraestructuras energéticas y la fabricación de vehículos eléctricos y centros de datos.
¿Qué significa esto?
Las consecuencias de este desequilibrio van mucho más allá de los balances corporativos. Si las siderúrgicas de Europa y otras economías avanzadas no pueden competir con precios artificialmente deprimidos, el cierre de plantas y la pérdida de empleos serán inevitables. Pero el impacto más profundo es estratégico: el acero es un insumo esencial para la transición energética —turbinas eólicas, redes eléctricas, estructuras de paneles solares— y para la industria de defensa. Depender de un único proveedor dominante con intereses geopolíticos propios es una vulnerabilidad que los gobiernos no pueden ignorar.
Al mismo tiempo, la situación agudiza las tensiones comerciales globales. Las respuestas unilaterales —aranceles, cuotas, subsidios propios— generan represalias y fragmentan aún más el comercio internacional en un momento en que la cooperación multilateral ya está bajo presión. La advertencia de Cormann apunta exactamente a este dilema: sin reglas multilaterales efectivas y sin mecanismos que obliguen a todos los países a transparentar sus subsidios, la carrera hacia el fondo continuará y todos perderán, excepto quienes puedan sostener el juego con recursos estatales ilimitados.
Perspectiva para América Latina
Para América Latina, esta crisis tiene un doble filo. Por un lado, países como Brasil, México, Argentina y Colombia cuentan con industrias siderúrgicas propias que compiten directamente con las exportaciones chinas en sus mercados domésticos. Brasil, con la gigante Gerdau y otras productoras, ya ha activado medidas antidumping en el pasado y enfrenta ahora una presión renovada. La inundación de acero chino barato puede destruir empleos formales en sectores industriales clave y desincentivar la inversión en capacidad productiva local.
Por otro lado, varios países de la región son grandes importadores de acero y podrían, en el corto plazo, beneficiarse de precios más bajos para sus proyectos de infraestructura y construcción. Sin embargo, esta ventaja es ilusoria si se considera el costo estructural: la desindustrialización progresiva y la pérdida de capacidad estratégica en un material que será central para la infraestructura del siglo XXI. La discusión que lidera la OCDE es también una oportunidad para que los países latinoamericanos con industria siderúrgica exijan mayor reciprocidad y transparencia en los acuerdos comerciales con China.
La próxima reunión del Foro Global sobre Exceso de Capacidad Siderúrgica y las negociaciones en el marco de la OMC serán escenarios decisivos para ver si la comunidad internacional logra articular una respuesta coordinada. Mientras tanto, los productores de acero en todo el mundo miran con inquietud los planes de expansión chinos para 2028, conscientes de que sin reglas del juego comunes, la tormenta apenas comienza.


