El mercado petrolero mundial atraviesa una de sus crisis más severas en décadas. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) advirtió este miércoles que las reservas globales de crudo se están agotando a un ritmo sin precedentes, como consecuencia directa de las perturbaciones en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más estratégicos del planeta.
Un déficit histórico en cifras
Según datos preliminares de la AIE, las existencias mundiales de petróleo se redujeron en 129 millones de barriles en marzo y en otros 117 millones en abril, meses marcados por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y las posteriores disrupciones en las exportaciones del Golfo Pérsico.
Los países miembros de la OCDE registraron las caídas más pronunciadas: sus reservas terrestres se contrajeron en 146 millones de barriles, mientras que las economías no pertenecientes a este grupo perdieron otros 24 millones de barriles en existencias visibles.
La situación ha llevado a la AIE a describir el escenario actual como un ‘shock de oferta sin precedentes’. Las pérdidas acumuladas de suministro de los productores del Golfo ya superan los mil millones de barriles, con más de 14 millones de barriles diarios que no pueden salir de la región debido al bloqueo en Ormuz.
Precios volátiles y respuesta internacional
Los mercados han reaccionado con fuertes oscilaciones ante la incertidumbre diplomática. El precio del crudo del mar del Norte, referencia para las entregas físicas a corto plazo, llegó a tocar un máximo de 144 dólares por barril antes de desplomarse por debajo de los 100 dólares, para luego recuperarse parcialmente.
Con el objetivo de estabilizar los mercados, la AIE anunció en marzo la liberación de 400 millones de barriles de las reservas de emergencia de sus países miembros, de los cuales ya se han extraído aproximadamente 164 millones.
Paralelamente, varios productores han buscado alternativas logísticas. Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos han comenzado a redirigir parte de sus exportaciones a través de terminales fuera del estrecho, mientras que los productores del Atlántico, incluidos los Estados Unidos, han aumentado los envíos hacia Asia.
Rusia, por su parte, también ha elevado sus exportaciones tras los ataques contra refinerías nacionales que redujeron su consumo interno. Además, exenciones temporales en las sanciones estadounidenses han permitido que más cargamentos rusos lleguen a los mercados internacionales.
La demanda también cede terreno
El impacto no se limita al lado de la oferta. Los elevados precios de los combustibles y la menor actividad económica global están lastrando el consumo. Las refinerías han reducido drásticamente sus niveles de operación y han recortado las importaciones de crudo ante la menor demanda de los usuarios finales.
En este contexto, la AIE revisó a la baja sus previsiones y ahora estima que la demanda mundial de petróleo caerá en 420.000 barriles diarios en 2026, situándose en 104 millones de barriles por día. Esta proyección supone una corrección de 1,3 millones de barriles diarios respecto a las estimaciones previas al inicio del conflicto con Irán.
Los sectores más golpeados son el petroquímico y la aviación, aunque la agencia anticipa que los precios elevados y las medidas de contención de la demanda seguirán limitando el consumo en los próximos meses.
¿Cuándo podría estabilizarse el mercado?
La AIE apunta a un posible punto de inflexión si se logra un acuerdo diplomático que permita restablecer de forma gradual los flujos comerciales a través del estrecho de Ormuz a partir del tercer trimestre del año.
Sin embargo, la advertencia es clara: incluso en ese escenario optimista, la oferta tardará más en recuperarse que la demanda, lo que mantendría el mercado en déficit hasta el último trimestre de 2025. La volatilidad, concluye la agencia, no ha dicho su última palabra.


