A menos de tres semanas de la segunda vuelta presidencial en Colombia, el candidato Abelardo de la Espriella ha dado un movimiento que trasciende las fronteras nacionales: una llamada con la primera ministra italiana Giorgia Meloni, con quien, según sus propias palabras, ‘compartimos la defensa de los valores’. El gesto no es menor: se trata de un candidato que busca proyección internacional y legitimar su perfil ante el electorado colombiano justo en el momento más decisivo de su campaña.
El próximo domingo 21 de junio, De la Espriella se medirá en las urnas contra el senador y activista Iván Cepeda en una segunda vuelta que promete ser uno de los comicios más polarizados de la historia reciente del país. En ese contexto, el acercamiento con la líder del partido ultraderechista italiano Fratelli d’Italia no es un acto diplomático ordinario, sino una señal política cargada de simbolismo ideológico.
Contexto y antecedentes
Abelardo de la Espriella es un reconocido abogado penalista colombiano que se convirtió en figura pública al defender a personajes polémicos vinculados al paramilitarismo y la política tradicional. Su irrupción en la arena electoral sorprendió a muchos analistas, pero su discurso centrado en la seguridad, la familia tradicional y el rechazo al modelo de izquierda representado por el gobierno de Gustavo Petro le permitió consolidar una base electoral conservadora que lo llevó a la segunda vuelta.
Giorgia Meloni, por su parte, es desde 2022 la primera ministra de Italia y la líder más prominente de la derecha nacionalista europea. Su partido, Fratelli d’Italia, es heredero de tradiciones neofascistas, aunque Meloni ha matizado ese pasado en sus discursos de gobierno. Sin embargo, su agenda en temas como migración, identidad cultural, familia y oposición a la ‘ideología de género’ la convierten en un referente ideológico claro para sectores conservadores de todo el mundo.
El vínculo entre ambos no surge en el vacío: desde hace varios años existe una red informal de partidos y líderes de derecha y ultraderecha en el mundo que buscan articularse globalmente, al estilo de lo que representa el trumpismo en Estados Unidos o Vox en España. Colombia, con su segunda vuelta presidencial en juego, se convierte en el nuevo escenario de ese pulso ideológico global.
Los puntos clave
- La llamada con Meloni se produjo en el período más crítico de la campaña, con apenas semanas antes del balotaje del 21 de junio, lo que indica una estrategia deliberada de posicionamiento internacional.
- De la Espriella invocó ‘la defensa de los valores’ como denominador común con la primera ministra italiana, una expresión que en el vocabulario conservador alude a la familia tradicional, la religión y el orden social.
- Su rival en segunda vuelta es Iván Cepeda, senador de izquierda, defensor de derechos humanos y uno de los críticos más duros del paramilitarismo en Colombia, lo que configura una polarización ideológica extrema.
- El escrutinio del CNE ya arrojó resultados definitivos de la primera vuelta, confirmando que ambos candidatos pasaron a la fase final con diferencias marcadas en sus bases electorales regionales.
- Circula un video en redes sociales donde supuestamente se planea difundir desinformación sobre De la Espriella entre adultos mayores, lo que añade una capa de guerra sucia al ya tenso ambiente preelectoral.
¿Qué significa esto?
El acercamiento con Meloni tiene un doble propósito estratégico. Hacia afuera, le permite a De la Espriella presentarse como un estadista con interlocución internacional, elevando su perfil más allá del litigio jurídico por el que es conocido. Hacia adentro, le envía un mensaje claro a su electorado: que su proyecto político tiene respaldo en las corrientes conservadoras que hoy gobiernan en Europa, y que no está solo en su visión del mundo. En un país donde la polarización entre izquierda y derecha es cada vez más aguda, ese simbolismo puede traducirse en votos.
Sin embargo, el gesto también conlleva riesgos. Asociarse con Meloni puede alejar al electorado moderado o independiente que no se identifica con el nacionalismo europeo, y puede reforzar la narrativa de sus opositores que lo ubican en un espectro ideológico radical. La segunda vuelta en Colombia raramente la gana quien solo consolida su base: necesita ampliarla, y ese equilibrio será el verdadero desafío de las próximas semanas.
Perspectiva para América Latina
Lo que ocurre en Colombia es un reflejo de una tendencia regional más amplia: la derecha latinoamericana está buscando articularse con sus pares europeos y norteamericanos para ganar legitimidad y acceso a redes de financiación, asesoría y comunicación política. Ya ocurrió con Javier Milei en Argentina y su cercanía con figuras como Donald Trump y el propio ecosistema de Vox. La llamada entre De la Espriella y Meloni sigue ese mismo patrón, y anticipa que, de llegar a la presidencia, Colombia podría reorientar su política exterior hacia un eje más conservador, alejándose del multilateralismo progresista que ha caracterizado al gobierno de Petro.
Para el resto de América Latina, el resultado del 21 de junio en Colombia será leído como un termómetro del estado de la disputa ideológica en la región. Una victoria de De la Espriella reforzaría la narrativa de un ‘giro a la derecha’ continental; una de Cepeda, en cambio, prolongaría el ciclo progresista que comenzó con Petro en 2022. Ninguno de los dos escenarios es neutro para vecinos como Venezuela, Ecuador o Brasil.
Lo que viene ahora es una recta final intensa: campañas en terreno, debates presidenciales, y una batalla por el voto independiente que definirá el rumbo político de Colombia para los próximos cuatro años. El acercamiento con Meloni es solo el primer movimiento de un tablero que promete muchas más sorpresas antes del domingo 21 de junio.



