Lo que parecía ser el ocaso definitivo de Hezbollah se ha convertido, paradójicamente, en su renacimiento. Las devastadoras campañas militares e israelíes que en 2024 dejaron al grupo al borde de la desaparición, incluyendo la eliminación de su líder histórico Hassan Nasrallah y la pérdida de su principal aliado regional con la caída del presidente sirio Bashar al-Asad, han dado paso a una nueva realidad: el grupo chií libanés se presenta hoy más envalentonado y políticamente relevante que en años recientes.

Israel ha intensificado masivamente su ofensiva en el Líbano desde que Estados Unidos e Israel iniciaron operaciones directas contra Irán a principios de marzo de 2025. Según el Gobierno libanés, más de un millón de civiles han sido desplazados y más de 3.000 personas han muerto. Lejos de destruir a Hezbollah, esta escalada le ha devuelto su narrativa más poderosa: la de ser el único defensor real del pueblo libanés frente a la ocupación extranjera.

Contexto y antecedentes

Durante gran parte de 2024, analistas y funcionarios regionales daban por sentada la derrota estratégica de Hezbollah. Israel había ejecutado una serie de operaciones de alto impacto: desde la eliminación de Nasrallah en septiembre de 2024 hasta el desmantelamiento parcial de sus redes de suministro a través de Siria. El grupo había perdido mandos intermedios clave, arsenales y capacidad operativa. En ese contexto, el Gobierno libanés comenzó conversaciones directas con Israel, mediadas por Washington, por primera vez en décadas, con el objetivo explícito de desarmar al grupo.

Sin embargo, el punto de inflexión llegó el 2 de marzo de 2025, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron ataques directos contra Irán. Para Hezbollah, esto representó una justificación estratégica para romper su contención. ‘Cuando la guerra entre Israel y Estados Unidos reanudó la guerra contra Irán, sentimos que era una oportunidad propicia para responder’, declaró a CNN Ibrahim Al Moussawi, miembro del parlamento libanés ligado al grupo. El lanzamiento de cohetes contra el norte de Israel fue la señal de que Hezbollah había regresado a la arena activa.

Nicholas Blanford, analista del Atlantic Council con base en Beirut, resume el efecto colateral de la estrategia israelí con claridad: ‘Lo que han hecho los israelíes es revitalizar por completo la lógica de la resistencia de Hezbollah’. Lejos de extinguir al movimiento, la presión militar le ha proporcionado el combustible ideológico que necesitaba para reclutar, movilizar y legitimarse frente a la población chiíta libanesa.

Los puntos clave

  • Hezbollah sobrevive y se adapta militarmente: a pesar de sufrir bajas significativas, el grupo ha comenzado a utilizar drones guiados con cables de fibra óptica para eludir los sistemas de defensa israelíes, atacando baterías antimisiles y posiciones militares en el sur del Líbano.
  • Los acuerdos de alto el fuego son papel mojado: tanto el alto el fuego de noviembre de 2024 como el último acuerdo firmado en Washington han sido sistemáticamente incumplidos por ambas partes; Israel sigue realizando ataques diarios y Hezbollah continúa respondiendo con cohetes y drones.
  • Israel profundiza su ocupación terrestre: las fuerzas israelíes cruzaron el río Litani a finales de abril, adentrándose más en el sur del Líbano bajo el argumento de garantizar la seguridad de sus ciudadanos en el norte del país.
  • La moral interna de Hezbollah permanece alta: según Blanford, fuentes internas indican que los combatientes del grupo están ‘preparados para una larga lucha’, lo que complica cualquier solución negociada a corto plazo.
  • La crisis humanitaria es devastadora: más de un millón de desplazados y más de 3.000 muertos según cifras del Gobierno libanés configuran una emergencia de proporciones que amenaza con desestabilizar al Estado libanés en su conjunto.

¿Qué significa esto?

El efecto más profundo de esta escalada no es solo militar, sino político e identitario. Al generar una crisis humanitaria masiva, Israel ha reproducido exactamente las condiciones que, históricamente, han alimentado el apoyo popular a Hezbollah entre la comunidad chiíta libanesa. El grupo puede ahora presentarse como la única fuerza capaz de defender al Líbano ante un Estado que, según sus propios voceros como Moussawi, ‘no cumplió con su deber’. Esta narrativa es, en palabras del propio Blanford, ‘su ventaja más poderosa’: la capacidad de generar lealtad inquebrantable entre jóvenes chiítas dispuestos a combatir.

Para Israel, el costo también es creciente. Desde el último alto el fuego frágil de mediados de abril, 15 soldados israelíes han muerto en territorio libanés. La operación, lejos de concluir, parece asentarse en una lógica de ocupación prolongada que históricamente ha demostrado ser insostenible, como lo evidenció la retirada israelí del sur del Líbano en el año 2000. El riesgo de quedar atrapado en un conflicto de baja intensidad pero alto costo político y humano es una amenaza real para el Gobierno de Tel Aviv.

Perspectiva para América Latina

América Latina alberga la diáspora árabe más numerosa fuera del mundo árabe, con comunidades libanesas especialmente activas en Brasil, Argentina, México, Colombia y Venezuela. Muchos de estos descendientes mantienen vínculos familiares, culturales y en algunos casos financieros con el Líbano. La escalada del conflicto no solo genera preocupación humanitaria en estas comunidades, sino que también reactiva debates sobre el papel de Hezbollah en la región: varios países latinoamericanos, bajo presión de Estados Unidos e Israel, han clasificado al grupo como organización terrorista, mientras que otros se niegan a hacerlo, lo cual genera tensiones diplomáticas internas.

Además, el conflicto tiene implicaciones para la seguridad regional. Organismos como la DEA y agencias de inteligencia estadounidenses han señalado históricamente que redes vinculadas a Hezbollah operan en la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay con fines de financiamiento. Un Hezbollah revitalizado y con mayor margen de acción internacional podría intensificar esas actividades, poniendo en alerta a los gobiernos de la región sobre amenazas que van más allá del conflicto de Medio Oriente.

Lo que hay que seguir de cerca en las próximas semanas es si el acuerdo de alto el fuego firmado en Washington logra alguna implementación real o si, como los anteriores, colapsa ante los hechos en el terreno. La clave estará en si el Gobierno libanés —debilitado, sin recursos y con legitimidad cuestionada— puede ejercer algún control efectivo sobre el sur del país, o si Hezbollah consolida su papel como el actor dominante en el territorio, reforzando una dinámica que los sucesivos intentos diplomáticos han sido incapaces de revertir.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 7 de junio de 2026
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