La pregunta sobre qué busca exactamente Donald Trump en Cuba se ha vuelto cada vez más urgente. El presidente de Estados Unidos ha declarado que puede ‘hacer lo que quiera’ con la isla, que podría tomar control de ella ‘casi de inmediato’ y que se trata de ‘un país fallido’ que solo va en una dirección: hacia abajo.

Sin embargo, detrás de esa retórica de poder hay una historia mucho menos conocida: la de un empresario de bienes raíces que, durante años, exploró en secreto oportunidades de negocio en la misma isla que hoy presiona con mano de hierro.

Una marca registrada en La Habana

Lo que pocos saben es que la compañía de Trump llegó a registrar la marca TRUMP en Cuba para posibles negocios en diversas áreas, según documentos publicados por la propia Casa Blanca. Hoteles con su nombre, campos de golf, proyectos inmobiliarios… todo eso estuvo sobre la mesa.

William LeoGrande, profesor de la American University en Washington y experto en la política estadounidense hacia Latinoamérica, no tiene dudas al respecto: ‘Creo que no hay dudas de que el señor Trump estaba muy interesado en la posibilidad ya sea de poner la marca Trump en un hotel cubano, o incluso quizás en ser propietario de campos de golf en Cuba’, señaló en diálogo con BBC Mundo.

El viaje secreto de 1998

El primer acercamiento documentado de una empresa de Trump a Cuba data de 1998. Ese año, la firma Trump Hotels & Casino Resorts envió de forma encubierta a un grupo de consultores a La Habana con el objetivo de explorar oportunidades comerciales, según reveló la revista Newsweek en 2016.

La publicación, basada en entrevistas con exejecutivos de Trump y en documentos empresariales y judiciales, precisó que la compañía gastó al menos 68.000 dólares en ese viaje. Según una de las fuentes consultadas, los representantes de Trump llegaron a establecer contacto con funcionarios del gobierno cubano, que en ese entonces encabezaba Fidel Castro.

Lo más llamativo del caso es la forma en que se habría canalizado ese dinero: a través de la consultora estadounidense Seven Arrows Investment & Development Corp., que supuestamente sugirió vincularlo a una organización benéfica católica para darle una apariencia legal bajo el marco del embargo.

La respuesta de Trump: ‘Nunca hice nada en Cuba’

Cuando Newsweek publicó esta información, a pocas semanas de las primeras elecciones presidenciales que Trump terminaría ganando, el entonces candidato reaccionó con rapidez y contundencia: ‘Nunca hice nada en Cuba. Nunca cerré un trato en Cuba’, afirmó.

Su portavoz en aquel momento, Kellyanne Conway, reconoció ante la cadena ABC que, según lo que entendía del artículo, ‘pagaron dinero’ en 1998, pero negó categóricamente que Trump hubiera invertido en la isla.

Las revelaciones generaron un escándalo político de inmediato. Rivales de Trump lo acusaron de haber violado el embargo de décadas impuesto a Cuba, precisamente mientras él se oponía públicamente a la normalización de relaciones con el país que el entonces presidente Barack Obama había puesto en marcha.

Presión máxima con un trasfondo de intereses

Hoy, con Trump de regreso en la Casa Blanca, el escenario es distinto pero las preguntas persisten. El mandatario aplica una presión sin precedentes sobre la isla: ha bloqueado sus suministros de petróleo, agravando una crisis interna que ya era colosal, y no descarta ninguna opción sobre el futuro del país.

Algunos analistas consideran que su objetivo final es derrocar al gobierno comunista que lleva más de seis décadas en el poder, un anhelo histórico de Washington. Otros, en cambio, sospechan que Trump podría conformarse con un cambio en la cúpula del poder cubano que le permita abrir negocios en la isla, tal como ocurrió en Venezuela tras el acuerdo alcanzado en enero.

Lo cierto es que Trump dejó abierta, hace tiempo, la posibilidad de concretar sus ambiciones cubanas ‘en el momento correcto’. La pregunta es si ese momento, para él, ha llegado por fin.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 13 de mayo de 2026
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