Una celebración que debía ser un símbolo de esperanza terminó convertida en una nueva fuente de controversia política en Colombia. Durante el festejo de un nacimiento a bordo de un buque hospital, el presidente Gustavo Petro lanzó un comentario en el que calificó a algunos bogotanos como ‘drogadependientes de las EPS’, una expresión que desató una inmediata y contundente reacción del exministro de Educación y exrector de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria.
Gaviria no tardó en responder desde su cuenta de X, y lo hizo con una dureza inusual incluso para el agitado debate político colombiano. El exfuncionario describió el comentario presidencial como ‘una canallada’ y ‘una burla’ hacia los enfermos crónicos del país, señalando que detrás de las palabras de Petro había un mensaje ‘sutil y cobarde’ dirigido a quienes dependen de medicamentos para sobrevivir: hipertensos, diabéticos, pacientes con cáncer y otras enfermedades crónicas.
Contexto y antecedentes
El enfrentamiento entre Gaviria y Petro no es nuevo ni aislado. Ambas figuras representan dos visiones profundamente distintas sobre cómo debe funcionar el sistema de salud en Colombia. Petro ha impulsado desde el inicio de su gobierno una reforma estructural del sistema de salud que busca eliminar o transformar radicalmente el papel de las Empresas Promotoras de Salud (EPS), a las que acusa de ser intermediarias corruptas que lucran con la enfermedad. Gaviria, en cambio, ha defendido consistentemente un enfoque más técnico y gradual, advirtiendo sobre los riesgos de desmantelar una infraestructura que, con todos sus defectos, atiende a millones de colombianos.
Las EPS son el eje central del modelo de aseguramiento en salud vigente en Colombia desde la Ley 100 de 1993. Durante décadas han sido objeto de críticas por su manejo financiero, los llamados ‘paseos de la muerte’ y las barreras de acceso a medicamentos. Sin embargo, también canalizan la atención de decenas de millones de afiliados. La reforma de Petro, que ha tenido un tortuoso camino legislativo, busca reemplazarlas por un modelo más estatal, algo que sus críticos consideran un retroceso hacia sistemas ineficientes del pasado.
El contexto más inmediato del incidente es igualmente revelador. El comentario de Petro sobre los ‘drogadependientes de las EPS’ se produjo en un escenario festivo, lo que para Gaviria agravó la falta de seriedad del mensaje. Además, el cruce se produce en medio de la recta final del gobierno de Petro, en un ambiente político crispado por denuncias de fraude electoral, tensiones institucionales y una polarización que no da tregua.
Los puntos clave
- El detonante: El presidente Petro utilizó la expresión ‘drogadependientes de las EPS’ para referirse a algunos bogotanos durante la celebración de un nacimiento en un buque hospital, un contexto que intensificó la percepción de frivolidad en el comentario.
- La reacción de Gaviria: El exministro calificó el comentario como ‘una canallada’ y denunció que Petro estaba, de forma ‘sutil y cobarde’, responsabilizando a los enfermos crónicos por consumir los medicamentos que necesitan para vivir.
- Los afectados señalados: Gaviria identificó explícitamente a hipertensos, diabéticos y pacientes con cáncer como los destinatarios implícitos del mensaje presidencial, poblaciones especialmente vulnerables dentro del sistema de salud.
- El trasfondo político: El incidente se enmarca en la disputa más amplia entre el gobierno Petro y sus críticos sobre la reforma al sistema de salud y el futuro de las EPS en Colombia.
- El patrón de conducta: Gaviria sugirió que, aunque el comentario podría parecer un exabrupto más, en realidad refleja una postura ideológica deliberada del presidente frente al modelo de aseguramiento en salud.
¿Qué significa esto?
Más allá del intercambio de palabras entre dos figuras políticas prominentes, este episodio revela una grieta profunda en la concepción que tiene el gobierno Petro sobre los pacientes y su relación con el sistema de salud. Llamar ‘drogadependientes’ a quienes consumen medicamentos recetados y necesarios para tratar enfermedades crónicas no es solo una imprecisión semántica: es una estigmatización que puede tener efectos reales en cómo se percibe socialmente a estos pacientes y, en última instancia, en las políticas que se diseñan para atenderlos. Cuando el lenguaje del poder deshumaniza a los enfermos, las consecuencias van más allá de lo simbólico.
Para el sistema político colombiano, este episodio también ilustra el nivel de desgaste del gobierno Petro en su relación con sectores técnicos e intelectuales que inicialmente le fueron afines o al menos comprensivos. Gaviria no es un opositor de derecha tradicional: es una voz del centro progresista con credenciales académicas y de gestión pública reconocidas. Que alguien de ese perfil utilice palabras como ‘canallada’ para describir al presidente en ejercicio señala un deterioro significativo de los puentes entre el gobierno y una parte de la clase dirigente colombiana.
Perspectiva para América Latina
El debate colombiano sobre las EPS y la reforma de salud resuena en toda América Latina, donde la tensión entre modelos de aseguramiento privado y sistemas públicos de salud es una constante. Países como Chile, Argentina, México y Perú han enfrentado sus propias crisis en torno a cómo garantizar acceso universal sin destruir capacidad instalada. El caso colombiano es observado con atención porque el país construyó durante tres décadas un modelo mixto que, imperfecto como es, logró tasas de cobertura relativamente altas. La forma en que Petro gestione —o no— esta reforma puede convertirse en una lección de política pública, positiva o negativa, para toda la región.
Más allá de lo técnico, el lenguaje utilizado por Petro para referirse a los pacientes crónicos toca una fibra sensible en sociedades latinoamericanas donde millones de personas dependen de sistemas de salud frágiles y donde la estigmatización de los enfermos tiene raíces históricas profundas. Que un presidente use ese lenguaje no es un detalle menor: marca el tono con el que un gobierno se relaciona con sus ciudadanos más vulnerables.
Lo que hay que seguir de cerca en los próximos días es si el gobierno Petro emite alguna aclaración o rectificación sobre el comentario, y si este episodio tendrá repercusiones en el avance de la reforma de salud en el Congreso, donde el proyecto ya ha tenido un camino accidentado. La reacción de organizaciones de pacientes y sociedades médicas también será un termómetro importante del impacto real de las palabras presidenciales.



