**Fui secuestrada por Corea del Norte y forzada a casarme con un soldado de EE.UU. – BBC News Mundo**
En una tarde cálida de agosto en la isla japonesa de Sado, Hitomi Soga se encontraba con su vida cambiando para siempre. A los 19 años, era una joven estudiante universitaria que había ido a comprar comestibles con su madre y ambas estaban regresando a pie a la casa familiar.
La vida cambió en cuestión de segundos cuando
La vida cambió en cuestión de segundos cuando tres hombres aparecieron por detrás de ellas y secuestraron a las mujeres. «Nos taparon la boca con algo y nos cubrieron la cabeza con una especie de bolsa», recordaba Soga, quien había ido a comprar comestibles con su madre.
Los días siguientes transcurrieron de forma confusa mientras la trasladaban de la costa a lo que ella creía que era primero una lancha rápida y luego un barco más grande. Soga se dio cuenta de que no tuvo oportunidad de hablar con su madre, a quien recuerda como una persona generosa, inteligente y cariñosa.
«No pude intercambiar unas últimas palabras con ella», dijo Soga, refiriéndose a la última vez que hablaron. «Días después, finalmente le destaparon los ojos y pensó: ‘Esto no es Japón’».
Ella permanecería allí durante los siguientes 24 años,
Ella permanecería allí durante los siguientes 24 años, pasando por una experiencia que cambiaría su vida para siempre.
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Una teoría sugiere que las autoridades norcoreanas pretendían utilizar a las personas secuestradas como «libros de texto vivientes», permitiendo a los espías aprender el idioma y las costumbres japonesas para luego infiltrarse en el país.
Japón ha identificado al menos a 17 personas que fueron secuestradas entre 1977 y 1983, aunque la cifra podría ser mayor. «Todavía no sé… si fui el objetivo específico o si fue algo aleatorio», dijo Soga.
Durante los dos primeros años, estuvo recluida en un cuartel militar. Desconocía el paradero de su madre y nunca preguntó al personal por qué la habían llevado allí. Soga presentía que no le dirían la verdad: «Salía del cuartel, miraba al cielo, veía la luna y las estrellas, y lloraba pensando en mi familia en Japón y en cuándo volvería a verlos».
A pesar del miedo y el aislamiento, intentó aferrarse a la esperanza de que algún día sería libre. «Siempre guardé eso en mi corazón. Tenía la esperanza de que todo esto llegaría a su fin, y esa esperanza nunca desapareció», dijo Soga.
Finalmente, en 1980, a Soga se le permitió abandonar el cuartel. Le dijeron que tendría que casarse con un hombre al que nunca había conocido, Charles Jenkins, un soldado estadounidense que había desertado a Corea del Norte en 1965.
Emparejar públicamente a dos países pertenecientes a los dos mayores adversarios de Corea del Norte, Japón y Estados Unidos, fue una propaganda eficaz para Pyongyang. «Recuerdo el día en que nos conocimos. Era un día muy lluvioso y me sentía muy preocupada y nerviosa», dijo Soga.
A pesar de no haber tenido opción en el matrimonio, Soga llegó a querer profundamente a su marido. Tuvieron dos hijas, y Jenkins le dio su apoyo incondicional hasta que finalmente se separaron debido a la guerra.
La experiencia de Soga es un recordatorio de la brutalidad y la crueldad que pueden enfrentar las personas inocentes en conflictos armados. Su historia es solo uno de muchos ejemplos de lo que puede pasar a los civiles cuando se encuentran en el medio de una guerra.
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📰 Este articulo fue redactado a partir de la informacion publicada por BBC News Mundo (publicado originalmente el 2026-08-30). Ver la fuente original.
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