El estrecho de Ormuz se ha convertido en la principal pesadilla económica de Italia, según admitió el canciller Antonio Tajani en declaraciones exclusivas a Euronews. El ministro de Exteriores italiano advirtió que la libertad de navegación en esa vía marítima estratégica está en riesgo directo mientras no exista un alto el fuego con Irán, lo que bloquea cualquier iniciativa de coalición internacional para proteger el tránsito comercial.

Tajani hizo estas declaraciones al margen del foro ‘El Mediterráneo estratégico’, organizado por el Luiss Diplomatic and Security Forum, en un momento en que la diplomacia europea vive semanas de alta tensión en dos frentes simultáneos: el conflicto con Irán y la guerra en Ucrania. Sus palabras revelan no solo una preocupación económica urgente, sino también una profunda incomodidad política por el papel marginal al que está siendo relegada Italia en las grandes decisiones del continente.

Contexto y antecedentes

El estrecho de Ormuz, que separa Irán de la península arábiga, es uno de los puntos de paso más críticos del comercio mundial. Por allí transita aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el planeta, además de gas natural licuado y mercancías de todo tipo. Cualquier interrupción o escalada militar en esa zona tiene consecuencias inmediatas sobre los precios de la energía y las cadenas de suministro globales, y Europa, que ya sufrió el impacto de las restricciones en el Mar Rojo por los ataques hutíes, es especialmente vulnerable.

En paralelo, la guerra en Ucrania sigue sin resolverse pese a los reiterados anuncios del presidente Donald Trump, quien en menos de tres meses prometió ‘un acuerdo en días con Irán’ en al menos 39 ocasiones, cumpliendo apenas una. Esta retórica sin resultados ha forzado a Europa a buscar sus propios canales diplomáticos, lo que ha dado origen al llamado formato E-3: la iniciativa conjunta de Francia, Alemania y Reino Unido para abrir negociaciones directas con Moscú a instancias de Kyiv.

El problema es que Italia, la tercera economía de la eurozona y miembro fundador de la Unión Europea, quedó fuera de ese directorio informal. Tanto Tajani como la primera ministra Giorgia Meloni reaccionaron con críticas abiertas, argumentando que tres países no pueden arrogarse la representación de los 27 miembros de la UE. El asunto se abordará formalmente este lunes en la cumbre del G7 en Evian, lo que eleva aún más la presión diplomática.

Los puntos clave

  • Ormuz como prioridad económica: Tajani definió el estrecho como ‘el principal problema económico’ de Italia en este momento, vinculando directamente la crisis con Irán al riesgo de desabastecimiento y aumento de costos energéticos.
  • Coalición bloqueada: La iniciativa internacional para proteger la navegación en Ormuz, lanzada en mayo de 2025, permanece paralizada porque Italia condicionó su participación a que exista primero un alto el fuego efectivo con Irán.
  • Trump y su diplomacia fallida: El presidente estadounidense incumplió al menos 38 veces su promesa de cerrar un acuerdo con Irán ‘en días’, lo que erosiona la credibilidad de Washington como mediador y fuerza a Europa a actuar.
  • Exclusión italiana del E-3: Roma no fue invitada al formato diplomático creado por París, Berlín y Londres sobre Ucrania, lo que generó un conflicto abierto sobre quién tiene legitimidad para negociar en nombre de Europa.
  • Posición sobre el Líbano: Tajani hizo una declaración inusualmente directa al señalar que Israel ‘no tiene derecho a atacar el Líbano’, marcando distancia con posiciones más ambiguas de otros aliados occidentales.

¿Qué significa esto?

Las palabras de Tajani revelan una fractura que va más allá de la diplomacia formal: Europa no tiene una voz unificada en ninguno de los grandes conflictos que la rodean. Mientras Francia, Alemania y Reino Unido intentan reconstruir un rol protagónico en la mediación con Rusia, países como Italia, España o Polonia observan con frustración cómo se toman decisiones que los afectan sin que se los consulte. Esto no es un detalle procedimental: es una señal de que el proyecto de política exterior común de la UE sigue siendo más aspiración que realidad, justo cuando el mundo más lo exige.

En cuanto a Ormuz, el impacto económico es concreto e inmediato. Una escalada en el estrecho elevaría los costos del petróleo y el gas, golpearía las importaciones de fertilizantes hacia países ya vulnerables en África y Asia, y profundizaría la inflación en economías europeas que aún no se han recuperado del todo del ciclo de subidas de tasas. La postura italiana de no participar en ninguna coalición hasta que haya un alto el fuego es políticamente prudente, pero también significa que Europa podría quedarse sin instrumentos de disuasión en el momento más crítico.

Perspectiva para América Latina

Para América Latina, la crisis en Ormuz no es un asunto lejano. Varios países de la región, especialmente en Centroamérica y el Caribe, dependen de importaciones de fertilizantes que circulan por rutas afectadas por la inestabilidad en el Golfo Pérsico y el Mar Rojo. Brasil, Colombia y Chile tienen además vínculos comerciales con Europa que se encarecen cuando el transporte marítimo internacional se encarece o se interrumpe. Un deterioro en las cadenas de suministro globales también tiene efectos sobre las exportaciones agrícolas latinoamericanas, cuyos márgenes se estrechan cuando los fletes suben.

Además, la falta de cohesión europea en política exterior —que ilustra perfectamente la disputa entre Italia y el formato E-3— debería ser una señal de alerta para la región: en un mundo donde los bloques se reorganizan y Estados Unidos actúa cada vez más de forma unilateral e impredecible, ninguna región puede dar por sentado que contará con aliados estables y coordinados. América Latina, que también debate su propia arquitectura de integración regional, tiene mucho que aprender y también que reflexionar en este espejo europeo.

En las próximas horas, la cumbre del G7 en Evian será el primer termómetro real de cuánta tensión puede absorber la alianza occidental sin romperse. Lo que diga —o lo que calle— sobre Ormuz, Ucrania y el formato E-3 marcará el tono de la diplomacia europea en los próximos meses. Vale la pena seguirlo de cerca.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 13 de junio de 2026
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