Ver a tu selección disputar una tanda de penaltis puede elevar tu frecuencia cardíaca hasta las 150 pulsaciones por minuto, un nivel equivalente al de correr a toda velocidad. No es una metáfora: es fisiología documentada. Y para millones de aficionados que ya padecen alguna enfermedad cardiovascular, ese dato tiene implicaciones médicas concretas que los cardiólogos ya no pueden ignorar.
Con el inicio del Mundial de fútbol, especialistas del corazón en toda Europa han alzado la voz con un mensaje que combina tranquilidad y advertencia: el fútbol no mata, pero las emociones intensas, combinadas con factores de riesgo previos, pueden actuar como detonante de eventos cardiovasculares graves. La cardióloga Paola Santalucia, miembro del consejo de la European Heart Network, lo resume con claridad: ‘Las emociones intensas, tanto positivas como negativas, pueden actuar como factores de riesgo precipitantes de eventos como un infarto’.
Contexto y antecedentes
La relación entre eventos deportivos de alta tensión emocional y problemas cardíacos no es nueva. Desde hace más de dos décadas, estudios epidemiológicos han registrado picos de infartos y muertes cardíacas durante torneos masivos como el Mundial o la Eurocopa. Un estudio publicado en el New England Journal of Medicine tras el Mundial de Alemania 2006 mostró que el número de emergencias cardíacas en ese país se triplicó durante los partidos más decisivos del torneo local. La ciencia, por tanto, lleva tiempo señalando este vínculo.
Lo que aporta de nuevo la investigación más reciente es precisión tecnológica. Un estudio basado en dispositivos wearables midió las constantes vitales de aficionados durante la final de la Copa de Alemania de 2025 y las comparó con mediciones obtenidas en días ordinarios a lo largo de 12 semanas. Sus resultados fueron contundentes: la respuesta fisiológica del cuerpo durante los momentos de mayor incertidumbre del partido —penaltis, revisiones del VAR, disparos al poste— superó con creces la activación registrada durante los goles. Christian Deutscher, profesor de economía del deporte en la Universidad de Bielefeld y coautor del estudio, señala que ‘como aficionados, buscamos precisamente esos momentos de incertidumbre, y son los que más impacto tienen en nuestras constantes vitales’.
Los actores clave en esta ecuación son múltiples: cardiólogos clínicos, investigadores del deporte, y el propio contexto de los estadios, donde el calor, el alcohol y la euforia colectiva se combinan de manera potencialmente peligrosa. Deutscher precisa que ‘el mayor impacto se da entre los aficionados que ven el partido en directo en el estadio mientras consumen alcohol’, y que el calor supone una carga adicional sobre el sistema cardiovascular.
Los puntos clave
- El corazón puede alcanzar 150 pulsaciones por minuto durante momentos de alta tensión en un partido, comparable al esfuerzo físico de un esprint, incluso si el aficionado está sentado en el sofá.
- Los momentos de incertidumbre son más peligrosos que los goles: las tandas de penaltis, los disparos al poste o las revisiones del VAR generan una respuesta fisiológica más intensa que el festejo por un tanto.
- Las personas con enfermedades cardiovasculares previas, hipertensión, obesidad o tabaquismo deben extremar la precaución, ya que el estrés emocional puede desencadenar la rotura de placas ateroscleróticas y provocar un infarto.
- La combinación de factores agrava el riesgo: el estrés emocional por sí solo es manejable, pero sumado al alcohol, el calor y una cardiopatía previa, el riesgo de un evento agudo aumenta de forma significativa.
- Ver el partido desde casa también genera respuesta fisiológica: los aficionados que siguieron el encuentro en televisión registraron un aumento de la frecuencia cardíaca comparable al de caminar, sin moverse del asiento.
¿Qué significa esto?
El mensaje central de los especialistas no es que la gente deje de ver fútbol, sino que quienes tienen factores de riesgo cardiovascular deben hacerlo con mayor conciencia. Dan Atar, profesor de cardiología en el Hospital Universitario de Oslo, explica que durante la emoción futbolística se produce una ‘estimulación adrenérgica máxima’, con tensión arterial elevada, frecuencia cardíaca alta y una descarga de adrenalina y cortisol que constituye un conocido desencadenante de eventos agudos. ‘Ver un partido de fútbol no es en absoluto peligroso —aclara Atar—, pero la combinación de estrés emocional, alcohol, calor y enfermedades cardiovasculares previas puede aumentar el riesgo de que ocurra algo indeseado’.
Esto afecta directamente a cientos de millones de personas en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte global, y una proporción significativa de aficionados al fútbol —especialmente hombres de mediana edad y adultos mayores— convive con hipertensión, colesterol elevado u otras condiciones cardíacas no siempre bien controladas. El Mundial no es solo un evento deportivo: es un fenómeno de salud pública.
Perspectiva para América Latina
En América Latina, donde el fútbol no es simplemente un deporte sino una manifestación cultural profunda y transversal a todas las clases sociales, este aviso médico cobra una dimensión especial. La región alberga a algunos de los aficionados más apasionados del planeta, y países como Brasil, Argentina, México, Colombia o Uruguay tienen también una alta prevalencia de enfermedades cardiovasculares, diabetes e hipertensión, muchas veces subdiagnosticadas o mal tratadas por falta de acceso a sistemas de salud robustos. Las reuniones multitudinarias para ver los partidos —con alimentos ultraprocesados, alcohol y ambientes cargados emocionalmente— recrean exactamente el cóctel de riesgo que los cardiólogos describen. Los sistemas de salud latinoamericanos deberían aprovechar este contexto para lanzar campañas preventivas dirigidas a grupos vulnerables.
Además, la realización del próximo Mundial en 2026 con sedes en México, Estados Unidos y Canadá pone a la región en el epicentro del evento. Las autoridades sanitarias mexicanas y los sistemas de emergencia tendrán ante sí el desafío concreto de atender a aficionados locales durante semanas de alta tensión emocional, lo que hace aún más urgente incorporar esta dimensión cardiovascular en los protocolos de salud pública asociados al torneo.
El equipo de Christian Deutscher ya está recopilando datos de aficionados durante el Mundial en curso, lo que promete aportar evidencia aún más amplia sobre la relación entre emoción deportiva y salud cardíaca. Mientras tanto, los cardiólogos insisten en un consejo práctico: si tienes una enfermedad del corazón, no abandones tu medicación durante el torneo, modera el consumo de alcohol, busca entornos frescos y, si sientes dolor en el pecho, presión o dificultad para respirar durante un partido, busca atención médica de inmediato. El fútbol puede esperar; el corazón, no.


