Ione Belarra sorprendió a propios y extraños durante la Fiesta de la Primavera de Podemos, celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, al anunciar que encabezará la candidatura del partido a la Comunidad de Madrid en las elecciones de mayo de 2027. El objetivo declarado por la secretaria general morada no dejó lugar a dudas: ‘torcerle el brazo’ a Isabel Díaz Ayuso, presidenta regional a quien describió sin ambages como ‘esa mala persona insufrible’.
El desafío que Belarra se impone es de una envergadura considerable. Podemos no cuenta con un solo escaño en la Asamblea de Madrid desde 2023, cuando obtuvo apenas el 4,7% de los votos, por debajo del umbral del 5% que exige la ley electoral madrileña para participar en el reparto de escaños. Recuperar representación desde cero en el parlamento regional más vigilado del país convierte esta candidatura en una apuesta de alto riesgo que va mucho más allá de lo estrictamente madrileño.
Contexto y antecedentes
Esta no es la primera vez que la cúpula estatal de Podemos dirige su mirada hacia la Comunidad de Madrid como escenario de una batalla política de alto voltaje. En 2021, Pablo Iglesias dio el paso más audaz de su carrera al abandonar la vicepresidencia segunda del Gobierno de España para presentarse a las elecciones autonómicas anticipadas convocadas tras la ruptura entre el PP y Ciudadanos. La jugada tenía una lógica clara: Iglesias apostaba por convertir los comicios en un pulso nacional entre la izquierda transformadora y Ayuso.
El resultado fue agridulce. Podemos logró entrar en la Asamblea con el 7,2% de los votos y 10 diputados, pero no alcanzó ninguno de sus dos grandes objetivos: ni evitó la mayoría absoluta del PP ni superó a Más Madrid, que arrasó con casi el 17% y 24 escaños, colocándose por delante incluso del PSOE como primera fuerza de la oposición. Iglesias ni siquiera llegó a tomar posesión como diputado regional. Meses después traspasó el liderazgo del partido a Belarra, quien fue elegida secretaria general en el congreso que siguió a aquella salida.
El perfil de Belarra no es el de una política improvisada. Nacida en Pamplona en 1987, es psicóloga de formación con un máster en psicología de la educación. Antes de entrar en política trabajó en Cruz Roja, en la Comisión Española de Ayuda al Refugiado y en el Ministerio de Educación, y fue activista en organizaciones como SOS Racismo. Entró en Podemos en 2014 y desde 2015 ha renovado su escaño en el Congreso por Navarra en varias legislaturas. Con el Gobierno de coalición fue nombrada secretaria de Estado para la Agenda 2030 y, posteriormente, ministra de Derechos Sociales, cargo que ejerció hasta las elecciones generales de 2023.
Los puntos clave
- Candidatura confirmada: Ione Belarra anunció oficialmente durante la Fiesta de la Primavera que será la candidata de Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid en las elecciones de mayo de 2027.
- Partido sin representación regional: Podemos no tiene ningún diputado en la Asamblea de Madrid desde 2023, cuando se quedó por debajo del 5% exigido por la ley electoral madrileña, lo que obliga al partido a reconstruir su presencia desde cero.
- Antecedente directo de Iglesias: En 2021, Pablo Iglesias protagonizó una apuesta similar, obtuvo 10 escaños con el 7,2% de los votos, pero no logró frenar la mayoría absoluta del PP ni superar a Más Madrid como líder de la oposición.
- Situación crítica en las autonomías: Podemos carece de representación en la mayoría de los parlamentos regionales de España, incluidos Cataluña, Valencia, Galicia, Euskadi o Canarias; solo conserva escaños en Murcia, Baleares y Extremadura.
- Doble dimensión del desafío: La candidatura de Belarra no es solo un test electoral en Madrid, sino una prueba de fuego sobre su capacidad para sostener el proyecto político que heredó de Iglesias hace cinco años.
¿Qué significa esto?
El anuncio de Belarra tiene una dimensión que trasciende lo meramente local. Madrid es, desde hace años, el territorio donde la derecha española ha construido su relato más potente y donde la izquierda alternativa ha sufrido sus fracasos más resonantes. Que la secretaria general de Podemos decida poner su liderazgo nacional en juego en este escenario revela una apuesta por la supervivencia del partido como actor relevante: sin presencia en la Asamblea de Madrid, Podemos corre el riesgo de quedar reducido a una fuerza marginal con escasa visibilidad mediática y política. La candidatura sirve así como una señal de vida, una forma de generar titulares y movilizar a una base militante que ha visto cómo el partido perdía espacio frente a Sumar y Más Madrid.
Las consecuencias de esta decisión son múltiples. Por un lado, Belarra tendrá que dividir su energía entre la dirección nacional del partido y la campaña autonómica, lo que puede generar tensiones internas. Por otro, la comparación con el fracaso relativo de Iglesias en 2021 estará omnipresente en el debate político. El umbral mínimo para considerar el resultado un éxito es superar el 5% y recuperar representación; cualquier resultado por debajo repetiría el vaciamiento de 2023 y pondría seriamente en cuestión el modelo organizativo del partido.
Perspectiva para América Latina
Para el observador latinoamericano, el caso de Podemos ofrece una lectura relevante sobre los ciclos de los partidos de izquierda que surgieron al calor de los movimientos sociales de la década de 2010. La trayectoria del partido español —de fenómeno electoral irruptor a fuerza en retroceso que lucha por mantener representación institucional— guarda paralelismos con procesos vividos en varios países de la región, donde organizaciones surgidas desde los movimientos populares han enfrentado el mismo dilema: cómo mantener la identidad transformadora sin quedar fuera de las instituciones que permiten incidir en las políticas públicas. La decisión de Belarra de apostar por Madrid, el corazón simbólico del poder conservador español, es también un mensaje sobre la necesidad de no ceder el campo de batalla en los territorios políticamente adversos.
A poco más de dos años de las elecciones autonómicas madrileñas, el tiempo político corre a distinta velocidad para cada actor. Ayuso llega como favorita y con la fortaleza de gobernar con mayoría absoluta. Belarra tendrá que construir una campaña que logre movilizar al electorado de izquierda que en 2023 no fue a votar o prefirió opciones como Más Madrid o el PSOE. Lo que hay que seguir de cerca en los próximos meses es si Podemos es capaz de articular una coalición electoral o si concurrirá en solitario, y cómo reaccionan sus potenciales socios —Izquierda Unida, Sumar— ante una candidatura que, inevitablemente, competirá con ellos por el mismo espacio electoral.



