El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este sábado que el acuerdo de paz con Irán se firmaría el domingo, y que el estratégico estrecho de Ormuz quedaría abierto ‘inmediatamente’ tras la rúbrica. La declaración, hecha a través de su red social Truth, generó una nueva ola de confusión diplomática cuando Teherán la desmintió casi de inmediato, convirtiendo la jornada en otro capítulo del errático proceso de negociación que lleva semanas consumiendo la atención geopolítica global.

Según un cálculo de la CNN, Trump ha anunciado al menos en 39 ocasiones que la guerra —iniciada el 28 de febrero con un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel— estaba ‘a punto’ de terminar. Esta vez, sin embargo, hay elementos que sugieren que el proceso está más avanzado que nunca, aunque las contradicciones entre las partes siguen siendo la norma y no la excepción.

Contexto y antecedentes

El conflicto entre Estados Unidos e Irán que estalló en febrero se desarrolla sobre décadas de hostilidad acumulada. El punto de inflexión más reciente fue el acuerdo nuclear de 2015, conocido como el JCPOA, negociado durante la administración de Barack Obama, que Trump abandonó en su primer mandato y al que ahora ataca públicamente, calificándolo de ‘un camino fácil y sin obstáculos hacia un arma nuclear’ para Teherán. La tensión escaló hasta el punto de ruptura cuando Washington e Israel coordinaron operaciones militares que dieron inicio formal a las hostilidades.

Desde los primeros días del conflicto, Irán impuso un bloqueo de facto sobre el estrecho de Ormuz, el angosto paso marítimo del Golfo Pérsico por el que transita aproximadamente la quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos. Trump reforzó ese cierre con una orden ejecutiva el 7 de abril, creando un doble tapón que ha generado presión sobre los mercados energéticos globales. Las minas acuáticas colocadas por Irán en la zona añaden una capa adicional de peligro que requerirá operaciones de limpieza multinacionales antes de que el tráfico pueda normalizarse.

Pakistán ha jugado un papel crucial como mediador. El primer ministro Shehbaz Sharif fue quien, a media mañana del sábado, anunció que ambas partes habían acordado un texto definitivo y que la firma electrónica se produciría en menos de 24 horas. Trump retuiteó ese mensaje, aunque el portavoz iraní Esmaeil Baghaei lo desmintió poco después, pidiendo ‘cautela’ para fijar fechas. Un alto funcionario estadounidense, hablando bajo anonimato, indicó que su confianza en un acuerdo había subido ‘del 75% al 80 u 85%’ en las últimas horas.

Los puntos clave

  • Trump anunció en Truth que el acuerdo se firmaría el domingo y que Ormuz quedaría abierto de forma inmediata tras la rúbrica, aunque Irán negó que la firma fuera tan inminente.
  • El estrecho de Ormuz lleva cerrado desde los primeros días del conflicto por un bloqueo iraní y una orden ejecutiva de Trump del 7 de abril, afectando al 20% del comercio global de petróleo.
  • Francia y Reino Unido ya expresaron su disposición a participar en las operaciones de limpieza de minas en Ormuz, aunque se negaron a involucrarse militarmente en el conflicto sin ser informados con antelación.
  • Trump planea reunirse en el G-7 en Francia con los líderes de Egipto, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos para avanzar en el proceso de paz y coordinar la reapertura del estrecho.
  • Lo que ambas partes parecen tener en común es una prórroga sin plazo definido del alto el fuego existente y un período de 60 días para negociar los términos definitivos, aunque persisten divergencias sobre el contenido real del acuerdo.

¿Qué significa esto?

El impacto de este proceso va mucho más allá de la diplomacia: la reapertura de Ormuz podría aliviar una presión significativa sobre los precios globales del petróleo y el gas natural, que llevan meses en tensión por la incertidumbre en el Golfo. Para los mercados energéticos, cada declaración de Trump o Irán mueve cifras. Sin embargo, la persistente contradicción entre ambas partes sobre los términos reales del acuerdo advierte de que un colapso de última hora es perfectamente posible. El hecho de que ni siquiera coincidan en la fecha de firma sugiere que la arquitectura del pacto sigue siendo frágil.

Para los aliados europeos, la situación es incómoda. España, Francia y el Reino Unido fueron excluidos del proceso de toma de decisiones militares, lo que generó fricciones diplomáticas con Washington. Ahora se les pide que participen en la fase de limpieza y estabilización, un rol de soporte que algunos capitales europeos aceptan con reservas. La cumbre del G-7 en Francia será el primer escenario multilateral donde estas tensiones deberán gestionarse con la presión de un posible acuerdo de fondo.

Perspectiva para América Latina

Para América Latina, las consecuencias más directas de este conflicto y su posible resolución son energéticas y económicas. Países como Brasil, Argentina, Chile y Colombia son importadores netos de petróleo o dependen de mercados donde los precios del crudo impactan de forma directa en la inflación y el costo del transporte. Una reapertura estable de Ormuz podría traducirse en un alivio en los precios de los combustibles, que han mantenido presionados los índices de costo de vida en varios países de la región. Venezuela, por su parte, observa el conflicto con particular atención dado su propio vínculo histórico con Irán y su dependencia del mercado petrolero global.

Además, el rol mediador de Pakistán y la centralidad del G-7 en la resolución del conflicto reafirman una arquitectura geopolítica donde América Latina sigue siendo un actor periférico en las grandes crisis internacionales, pese a sufrir sus consecuencias económicas. La región tiene mucho que ganar con la estabilidad en el Golfo Pérsico, pero poco poder de influencia sobre su desenlace.

La próxima semana será determinante. La cumbre del G-7 en Francia, prevista para los próximos días, se perfila como el escenario donde Trump intentará convertir sus anuncios en realidad diplomática concreta. Si el acuerdo se firma —en los términos y plazos que aún se desconocen con precisión— comenzará la fase más compleja: la implementación, la limpieza de Ormuz y las negociaciones de fondo sobre el programa nuclear iraní, que siguen siendo el núcleo no resuelto de una crisis con décadas de historia.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 13 de junio de 2026
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