El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presumió recientemente haber ‘aniquilado por completo’ la Armada de Irán, describiéndola con desdén como una colección de ‘pequeñas embarcaciones con una ametralladora a bordo’. Sin embargo, lo que Trump minimiza con sus palabras, los expertos en seguridad internacional lo observan con una preocupación muy diferente.
Un arma diseñada para desestabilizar
Esas embarcaciones, conocidas en los círculos de análisis occidental como la ‘flota mosquito’, no son simples botes armados. Son una herramienta táctica deliberadamente diseñada para sembrar el caos en el estrecho de Ormuz, una de las arterias marítimas más vitales del planeta, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial.
Durante meses, estas lanchas han contribuido a generar serias perturbaciones en esa vía fluvial estratégica. Los analistas coinciden en que Irán las utiliza como palanca de presión contra Washington, buscando elevar los costos económicos del conflicto y forzar una negociación favorable a Teherán.
Un legado de la guerra contra Irak
La historia de esta flota se remonta a la década de 1980, cuando Irán libraba una sangrienta guerra contra Irak. Los combates se extendieron al golfo Pérsico durante la llamada ‘Guerra de los Petroleros’, lo que motivó la intervención de la Armada estadounidense para proteger el transporte de crudo.
Esos enfrentamientos dejaron a la flota naval convencional iraní gravemente debilitada. Fue entonces cuando el régimen comenzó a apostar por una doctrina alternativa: en lugar de competir en igualdad de condiciones con potencias navales superiores, desarrollaría una estrategia de hostigamiento basada en pequeñas embarcaciones veloces y difíciles de neutralizar.
La táctica del enjambre
Operada por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), esta flota no fue concebida para el combate naval clásico. Su propósito es hostigar, atacar en enjambre, confundir y perturbar el tráfico marítimo, según explica Saeid Golkar, profesor asociado de la Universidad de Tennessee en Chattanooga y asesor de la organización Unidos contra un Irán nuclear.
‘El CGRI sabe que no puede derrotar a Estados Unidos en una guerra naval convencional’, señala el experto. Por eso, su estrategia apunta a algo distinto: encarecer el tránsito por el Golfo para las empresas navieras, atacar buques cisterna comerciales y convertir el estrecho en una zona de alto riesgo operativo.
Las tácticas documentadas incluyen disparos intimidatorios cerca de embarcaciones mercantes, colocación de minas marinas y el despliegue simultáneo de enjambres de lanchas que se aproximan a gran velocidad desde múltiples ángulos, dificultando cualquier respuesta coordinada.
Armamento y características técnicas
Estas lanchas de ataque rápido suelen ir equipadas con ametralladoras, cohetes o misiles antibuque. Algunas han sido diseñadas y fabricadas directamente por el Estado iraní, mientras que otras son adaptaciones de embarcaciones civiles, incluidos antiguos barcos pesqueros de arrastre reconvertidos para uso militar.
Su principal ventaja estratégica reside en su bajo costo y su facilidad de reposición. Can Kasapoglu, investigador del Hudson Institute, señala en un informe reciente que esta característica permite a Irán amenazar activos militares y comerciales de alto valor ‘a un costo relativamente bajo’, poniendo en jaque tanto a sus adversarios como a la economía marítima global.
Un desafío para los sistemas de detección
Desde el punto de vista tecnológico, estas embarcaciones representan un problema real para las armadas convencionales. Al navegar casi a ras del agua, resultan difíciles de detectar por radar hasta que se encuentran a muy corta distancia. Para contrarrestarlas eficazmente se requiere una vigilancia continua mediante drones, helicópteros o aviones de patrulla marítima.
El tamaño exacto de la flota sigue siendo desconocido, en parte porque muchas de estas embarcaciones permanecen ocultas en cuevas, calas y túneles subterráneos excavados a lo largo de la costa sur iraní, lo que complica cualquier intento de evaluación precisa por parte de inteligencias extranjeras.
En definitiva, lo que Trump describe como un arsenal obsoleto y menor es, según los expertos, una herramienta asimétrica calculada y efectiva, que continúa redefiniendo las reglas del enfrentamiento naval en una de las zonas más tensas del mundo.



