El Senado de Estados Unidos confirmó este miércoles a Kevin Warsh como el 17.º presidente de la Reserva Federal, entregándole al exbanquero de Morgan Stanley las riendas del banco central más poderoso del mundo en un momento de profunda turbulencia económica global.
Una votación histórica por su división partidaria
La confirmación se aprobó por un ajustado margen de 54 votos a favor y 45 en contra, en lo que se considera la votación más partidista de la historia para un candidato a presidir la Fed. Solo un senador demócrata, John Fetterman de Pensilvania, cruzó las líneas de su partido para respaldar la designación de Warsh.
Warsh sucede formalmente a Jerome Powell, cuyo mandato de ocho años estuvo marcado por múltiples crisis económicas y una tensa confrontación con la Casa Blanca para preservar la independencia política del banco central estadounidense.
Un nuevo jefe alineado con Trump, pero con presiones inflacionarias
Warsh es considerado ampliamente como un perfil más cercano al presidente Donald Trump, quien desde hace tiempo exige recortes en las tasas de interés. Sin embargo, asumirá el cargo en un contexto delicado: la inflación escaló en abril hasta su nivel más alto en tres años, según el último Índice de Precios al Consumidor, y ya supera el crecimiento de los salarios.
El conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel con Irán ha generado un fuerte shock energético que complica cualquier movimiento hacia una reducción de tasas. Los inversores ahora anticipan que la Fed mantendrá sin cambios su tasa de referencia durante el resto del año, e incluso contemplan la posibilidad de un aumento si la inflación continúa deteriorándose.
Esa perspectiva podría frustrar a Trump, quien incluso bromeó a comienzos de año con que demandaría a Warsh si no recorta las tasas de interés.
Poderes limitados dentro de la institución
Conviene recordar que el presidente de la Fed es solo un voto dentro de la Comisión Federal de Mercado Abierto, el organismo encargado de decidir los movimientos de tasas. Si bien Warsh controlará la agenda de cada reunión, no tendrá autoridad unilateral sobre las decisiones de la mayoría. Actualmente, varios miembros con poder de voto han manifestado serias preocupaciones sobre la inflación.
Los cambios que Warsh planea introducir
La llegada del nuevo presidente promete transformar el funcionamiento interno de la institución. Entre las reformas que Warsh ha propuesto o insinuado se encuentran:
Reducir el balance de la Fed, que actualmente asciende a 6,7 billones de dólares. Warsh ha sostenido históricamente que el banco central debe achicarlo para no depender de herramientas no convencionales como la flexibilización cuantitativa, y así preservar su independencia.
También planea coordinar más estrechamente con el Departamento del Tesoro, reducir las reuniones de política monetaria de ocho a solo cuatro anuales, celebrar menos conferencias de prensa, recortar personal en la sede de Washington y ofrecer menos señales anticipadas sobre la trayectoria de las tasas.
Según analistas de JPMorgan, todas estas medidas estarían dentro del alcance legal de sus atribuciones como presidente.
El debate sobre el balance: el cambio más controversial
El ajuste más desafiante será precisamente el relacionado con el balance. Durante la Gran Crisis Financiera y la pandemia de covid-19, la Fed compró masivamente activos como bonos del Tesoro y valores respaldados por hipotecas para apoyar la economía, en una política conocida como flexibilización cuantitativa.
Warsh sostiene que esas políticas erosionan la independencia de la Fed porque equivalen, en la práctica, a financiar al Gobierno. Su propuesta de acelerar la reducción de esas tenencias podría generar tensiones tanto dentro del organismo como en los mercados financieros.
El proceso de búsqueda impulsado por Trump duró varios meses y culminó en un tenso proceso de confirmación que estuvo estancado durante semanas, reflejando la profunda polarización política que rodea hoy al banco central más influyente del planeta.


