En un giro diplomático que sacude las bases de la alianza entre Washington y Tel Aviv, el presidente estadounidense Donald Trump criticó abiertamente la estrategia militar de Israel en el Líbano durante la cumbre del G7 celebrada en Évian, Francia. Sus declaraciones apuntan a una fractura, al menos táctica, en la relación entre ambos líderes en uno de los momentos más delicados del conflicto en Oriente Medio.
‘Israel lleva demasiado tiempo combatiendo a Hezbolá y están muriendo demasiadas personas’, afirmó Trump ante la prensa internacional. La frase, pronunciada en un foro multilateral de primer nivel, no es un desliz: es un mensaje político que reorienta el rol de Estados Unidos en el conflicto y abre la puerta a un nuevo equilibrio de fuerzas en la región.
Contexto y antecedentes
El detonante inmediato de las declaraciones de Trump fue un ataque israelí sobre un edificio en Beirut el pasado domingo, que causó la muerte de tres personas e hirió a más de doce. Israel afirmó que el objetivo era un centro de mando de Hezbolá, pero la operación fue ejecutada con un nivel de destrucción que Trump calificó de excesivo. Según el medio especializado Axios, Trump ya había reprendido en privado a Benjamin Netanyahu, reprochándole que no tenía ‘ningún maldito criterio’ al ordenar el ataque.
El contexto es crucial: el ataque sobre Beirut se produjo justo cuando Washington se encontraba preparando el anuncio de un acuerdo marco con Irán para poner fin a la guerra. Las conversaciones, mediadas por Catar, buscan estabilizar la región y reducir la influencia de Teherán, incluyendo su apoyo financiero y logístico a Hezbolá. En ese escenario, una escalada israelí no coordinada complica los cálculos diplomáticos de la administración Trump.
Hezbolá, el grupo armado libanés respaldado por Irán, ha sido históricamente uno de los principales focos de tensión en la región. Desde la guerra de 2006 con Israel y la posterior reconstrucción del grupo, su poder militar y político en el Líbano no ha hecho más que crecer. El conflicto más reciente entre Israel y Hezbolá se intensificó en 2024 como extensión de la guerra en Gaza, dejando miles de víctimas civiles libanesas.
Los puntos clave
- Trump cuestionó a Netanyahu públicamente durante el G7 al afirmar que el ataque israelí sobre Beirut fue ‘brutal’ y ‘demasiado’, marcando un distanciamiento inusual entre los dos aliados.
- El presidente sirio Ahmed al Sharaa fue señalado por Trump como el actor mejor posicionado para contener a Hezbolá, calificándolo de ‘muy capaz’ y asegurando que ‘hará el trabajo’ si Israel no puede actuar sin causar víctimas civiles masivas.
- Las declaraciones ocurrieron en una reunión bilateral con el emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, quien actúa como mediador en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, lo que subraya el peso diplomático del momento.
- Trump anunció un acuerdo marco con Irán que se firmaría el viernes, con el objetivo de poner fin al conflicto armado, en un movimiento que cambia radicalmente la postura de Washington respecto a Teherán.
- El ataque israelí sobre Beirut mató a tres personas e hirió a más de doce, en una operación que Israel justificó como dirigida contra infraestructura de Hezbolá pero que Trump describió como innecesariamente destructiva para la población civil.
¿Qué significa esto?
Las palabras de Trump no son solo una crítica personal a Netanyahu: representan una reconfiguración de la política exterior estadounidense en tiempo real. Al señalar a Siria como posible actor estabilizador frente a Hezbolá, Trump revalida implícitamente al gobierno de Ahmed al Sharaa, quien llegó al poder tras la caída de Bashar al Assad y cuya legitimidad internacional aún se consolida. Esto implica que Washington podría estar apostando por un nuevo orden regional en el que Damasco juegue un papel activo en la contención del islamismo radical pro-iraní, algo impensable hace apenas dos años.
Para Israel, las consecuencias son políticamente delicadas. Netanyahu enfrenta presiones internas de su coalición de gobierno para mantener una postura militar firme, pero ahora también debe lidiar con la presión pública de su principal aliado. Si Trump mantiene esta línea crítica, podría condicionar el suministro de armas, el apoyo diplomático en la ONU o las garantías de seguridad que Estados Unidos ofrece a Tel Aviv, alterando el margen de maniobra israelí en una guerra que aún no tiene fecha de cierre.
Perspectiva para América Latina
América Latina no es ajena a este conflicto. Varios países de la región, entre ellos Colombia, Chile, Bolivia y México, han adoptado posturas críticas hacia las operaciones militares israelíes en los últimos años, y algunos han reducido o suspendido relaciones diplomáticas con Tel Aviv. Un distanciamiento entre Trump y Netanyahu, combinado con un posible acuerdo con Irán, podría aliviar tensiones en foros multilaterales como la ONU donde los países latinoamericanos han debatido resoluciones relacionadas con el conflicto.
Además, si el acuerdo con Irán prospera y reduce la inestabilidad en Oriente Medio, el impacto sobre los precios del petróleo podría beneficiar a economías importadoras de la región como Chile, Uruguay o gran parte de Centroamérica. Cualquier estabilización del precio del crudo tiene efectos directos sobre la inflación y el costo de vida en países latinoamericanos que dependen del mercado energético global.
La situación sigue en desarrollo. Lo que ocurra en las próximas horas —especialmente la confirmación o derrumbe del acuerdo marco con Irán— determinará si el distanciamiento entre Trump y Netanyahu es una señal de alerta pasajera o el inicio de una reconfiguración profunda de las alianzas en Oriente Medio. El G7 y las cancillerías del mundo entero tienen los ojos puestos en Évian.



