El Steppe Arena de Ulán Bator fue escenario de una jornada histórica para el judo mongol. Ankhzaya Lavjargal se convirtió en el héroe local al conquistar la medalla de oro en la categoría de -73 kg del Grand Slam de Ulán Bator, desatando la euforia de un público entregado que llenó las gradas para presenciar los primeros puntos de clasificación del nuevo ciclo olímpico rumbo a Los Ángeles 2028. La victoria en la prórroga mediante un waza-ari ante el canadiense Jack Yonezuka hizo vibrar a toda Mongolia.

La segunda jornada del Grand Slam superó en intensidad a la primera, con cuatro categorías en disputa y la presencia de algunas de las figuras más destacadas del judo mundial. El evento arrancó con una llamativa ceremonia inaugural que incluyó actuaciones y bailes tradicionales mongoleses, reflejando el peso cultural que este torneo tiene para el país anfitrión. Las autoridades presentes, desde el tesorero de la Federación Internacional de Judo hasta el propio alcalde de la capital, subrayaron la dimensión que ha alcanzado este deporte en la nación de las estepas.

Contexto y antecedentes

El Grand Slam de Ulán Bator no es un evento menor en el calendario internacional del judo. Mongolia ha apostado por convertirse en una potencia global de este deporte, una apuesta que tiene raíces históricas profundas: la cultura de lucha mongola —el Bökh— forma parte de la identidad nacional, y el judo ha encontrado en ese sustrato cultural un terreno fértil para crecer. El país ha producido medallistas olímpicos y mundiales, y organizar un Grand Slam en su capital es la consolidación de ese proyecto deportivo.

El ciclo olímpico hacia Los Ángeles 2028 acaba de comenzar, lo que convierte a cada Grand Slam en un escenario de máxima tensión competitiva: los puntos obtenidos ahora influirán directamente en las clasificaciones que determinarán quiénes compiten en los Juegos. Esto explica la presencia de figuras como las japonesas Kaju Haruka y Tanaka Shiho, ambas campeonas del mundo en activo, que no se pueden permitir ceder terreno en ninguna competición.

Japón, por su parte, llega a este ciclo como la nación dominante del judo global. El país nipón ha invertido décadas en su sistema de formación y en la profesionalización de sus atletas, lo que le permite mantener una cantera inagotable de campeones. Corea del Sur, con Lee Joonhwan, representa la otra gran potencia asiática del tatami, históricamente rival directa de Japón en las categorías intermedias.

Los puntos clave

  • Ankhzaya Lavjargal dio al público local su momento de mayor alegría al ganar el oro en -73 kg con un waza-ari en la prórroga frente al canadiense Jack Yonezuka, una victoria que tiene enorme valor simbólico para el judo mongol.
  • Kaju Haruka mantuvo su récord de invicta en el Circuito Mundial al superar a la excampeona mundial Joanne Van Lieshout en una final táctica en la categoría de -63 kg, consolidándose como la judoka más dominante de su peso.
  • Tanaka Shiho se adjudicó el oro en -70 kg al atrapar a la australiana Aoife Coughlan en el borde del tatami para anotar un yuko, sumando otro título mundial a su ya abultado palmarés.
  • Lee Joonhwan protagonizó el momento más espectacular de la jornada al derrotar con un contundente ippon al japonés Oino Yuhei en la final de -81 kg, otorgando a Corea del Sur su medalla de oro más vistosa del torneo.
  • Mongolia completó su jornada con una medalla de bronce adicional gracias a Uranbayar Odgerel, quien ejecutó un técnico tai-otoshi para subirse al podio y ampliar el medallero del país anfitrión.

¿Qué significa esto?

Más allá de los resultados individuales, esta jornada en Ulán Bator traza con claridad el mapa de poder del judo internacional de cara a Los Ángeles 2028. Japón reafirma que su dominio no es coyuntural: con dos campeonas del mundo ganando en la misma jornada, demuestra una profundidad de plantel que ningún otro país puede igualar. Corea del Sur, con el ippon de Lee Joonhwan, envía una señal de que competirá palmo a palmo en las categorías intermedias. El hecho de que estos puntos sean los primeros del nuevo ciclo olímpico les otorga un peso psicológico adicional: sentar las bases desde el inicio suele ser determinante en la clasificación final.

Para Mongolia, el impacto va mucho más allá del medallero. Organizar y ganar en casa refuerza la narrativa de un país que usa el deporte como herramienta de proyección internacional. La presencia de altas autoridades del Estado en la entrega de medallas —incluido el jefe de gabinete de la Presidencia— revela que el judo es considerado un asunto de Estado, no meramente deportivo. Esto influye directamente en la financiación, la infraestructura y el desarrollo de nuevos talentos para los próximos años.

Perspectiva para América Latina

América Latina observa el judo mundial con creciente interés. Brasil es la potencia regional indiscutida y uno de los países con mayor tradición judoca fuera de Asia, con medallistas olímpicos que han competido precisamente contra las figuras que brillaron en Ulán Bator. El inicio del ciclo hacia Los Ángeles 2028 es especialmente relevante para la región porque los Juegos se celebrarán en el continente americano, lo que genera expectativas de mayor visibilidad y apoyo institucional para los deportes olímpicos. Países como Cuba, Argentina, Colombia y Venezuela también tienen representación en el circuito mundial y seguirán de cerca cómo se perfilan las clasificaciones.

El modelo mongol —un país pequeño que se convierte en potencia en un deporte de combate mediante inversión estatal y aprovechamiento de su tradición cultural— es un esquema que varios países latinoamericanos han intentado replicar con distintos resultados. La diferencia está, en gran medida, en la continuidad de las políticas deportivas y en la apuesta decidida por los ciclos olímpicos completos.

La competición continuará con nuevas jornadas del Grand Slam de Ulán Bator donde se definirán más medallas en las categorías de mayor peso. Los próximos eventos del Circuito Mundial irán perfilando quiénes serán los principales candidatos al podio olímpico en 2028. Las actuaciones de Kaju, Tanaka y Lee Joonhwan han puesto el listón muy alto, pero el ciclo apenas comienza y aún hay mucho tatami por recorrer.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 20 de junio de 2026
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