Colombia da un salto tecnológico sin precedentes en su historia energética: el país avanza en la integración de sistemas de almacenamiento con baterías a su red eléctrica nacional, una medida que permitirá capturar y conservar la energía producida por parques solares y eólicos que, hasta ahora, se perdía por falta de infraestructura adecuada para retenerla. Se trata de una de las reformas más relevantes del sector eléctrico colombiano en las últimas décadas.

La iniciativa, impulsada desde el marco regulatorio del sector energético colombiano, llega en un momento crítico: el país ha enfrentado episodios de racionamiento durante el fenómeno de El Niño y sigue dependiendo en gran medida de la generación hidroeléctrica, lo que lo hace vulnerable a las sequías. Incorporar baterías a la red no es solo una apuesta por la modernización, sino una respuesta concreta a la fragilidad estructural del sistema eléctrico.

Contexto y antecedentes

Colombia tiene uno de los sistemas eléctricos más dependientes de la hidroelectricidad en América Latina, con cerca del 70% de su generación proveniente de embalses y ríos. Esta dependencia ha sido históricamente su mayor fortaleza en términos de energía limpia, pero también su principal talón de Aquiles: cuando llega El Niño y los niveles de los embalses caen, el país queda expuesto a apagones y racionamientos que afectan tanto a hogares como a la industria.

En paralelo, Colombia ha venido apostando por la diversificación de su matriz energética con fuentes no convencionales de energía renovable (FNCER), especialmente en La Guajira y la Costa Caribe, donde los parques eólicos y solares han multiplicado su capacidad instalada. Sin embargo, estas fuentes tienen una limitación intrínseca: generan energía de forma intermitente, dependiendo del viento o la radiación solar. Sin sistemas de almacenamiento, gran parte de esa electricidad producida en horas pico simplemente no puede aprovecharse y se desperdicia.

Es en este contexto donde XM, el operador del sistema interconectado nacional, y los entes reguladores han empujado por establecer un marco normativo que permita a las baterías jugar un rol formal dentro del mercado eléctrico colombiano. Empresas como Celsia ya han desarrollado proyectos piloto con esta tecnología, sentando las bases técnicas para lo que ahora busca convertirse en política del sistema.

Los puntos clave

  • Colombia integrará baterías a su red eléctrica nacional, convirtiéndose en uno de los primeros países de la región en formalizar este tipo de almacenamiento dentro de su sistema interconectado.
  • La medida busca aprovechar la energía que hoy se desperdicia en los parques solares y eólicos cuando la producción supera la demanda o la capacidad de transmisión.
  • Se contemplan tres modalidades para la entrada de las baterías al sistema: flexibilidad, confiabilidad y libre competencia, lo que abre el mercado a distintos tipos de inversión y operadores.
  • La tecnología ayudaría a reducir la vulnerabilidad ante El Niño, al contar con reservas de energía almacenada que pueden despacharse cuando la generación hídrica cae.
  • Empresas como Celsia ya operan sistemas piloto de almacenamiento con baterías en Colombia, lo que demuestra la viabilidad técnica de la propuesta a escala mayor.

¿Qué significa esto?

El almacenamiento en baterías representa un cambio de paradigma en la forma en que Colombia concibe su sistema eléctrico. Hasta ahora, la lógica del sector era generar y consumir en tiempo real, con los embalses actuando como único ‘colchón’ energético. Introducir baterías implica pasar a un modelo donde la energía puede producirse cuando las condiciones son óptimas y consumirse cuando la demanda lo requiera, desacoplando producción y consumo. Esto no solo mejora la eficiencia del sistema, sino que abre la puerta a una integración mucho más profunda de las energías renovables sin sacrificar la estabilidad de la red.

Las consecuencias son amplias: para los usuarios finales, se traduce en mayor seguridad de suministro y menor riesgo de racionamientos. Para los inversionistas en renovables, significa que sus proyectos se vuelven más rentables al poder despachar energía en horarios de mayor precio. Para el Estado, implica avanzar en los compromisos climáticos asumidos en el Acuerdo de París sin comprometer el desarrollo económico. El reto, sin embargo, está en la implementación regulatoria: definir bien las tres modalidades de entrada de las baterías y garantizar que la libre competencia no se convierta en un mercado capturado por pocos actores.

Perspectiva para América Latina

Lo que ocurre en Colombia tiene un valor de laboratorio para toda América Latina. La región comparte el desafío de integrar masivamente energías renovables en sistemas eléctricos que no fueron diseñados para la intermitencia. Chile ya avanza con almacenamiento en su norte desértico, y Argentina, México y Brasil exploran marcos regulatorios similares. La experiencia colombiana, con sus tres modalidades de entrada al mercado, puede ofrecer lecciones valiosas sobre cómo estructurar incentivos para que el almacenamiento privado contribuya al bien público energético.

Además, en un contexto en que la transición energética es una prioridad tanto climática como económica para la región, los países latinoamericanos observan con atención quién logra primero escalar estas soluciones de forma sostenible. Colombia, con su combinación de renovables en expansión y vulnerabilidad hídrica, tiene incentivos poderosos para liderar este proceso y convertirse en referente regional.

El próximo paso crítico será la implementación concreta del marco regulatorio que defina cómo operarán estas tres modalidades en el mercado. La velocidad con que Colombia logre atraer inversión privada en almacenamiento y escalar los proyectos piloto ya existentes determinará si este anuncio histórico se convierte en una transformación real del sistema energético o queda como una promesa regulatoria más. El sector y los analistas estarán atentos a las primeras licitaciones y contratos bajo este nuevo esquema.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 20 de junio de 2026
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