Poco después de las oraciones vespertinas de una húmeda noche de abril, el teléfono de Santi Sanaya vibró con el mensaje que más temía recibir. Su esposo, el capitán Ashari Samadikun, navegaba por aguas del Medio Oriente mientras la guerra con Irán encendía la región. El barco que comandaba había esquivado proyectiles cerca del estrecho de Ormuz tras zarpar desde Emiratos Árabes Unidos el 2 de abril. Luego, se adentró en aguas infestadas de piratas.

Desde su pueblo en la isla indonesia de Célebes, rodeado de árboles de yaca, la familia recibía sus llamadas. Ashari intentaba sonar tranquilo, aunque reconocía que transportaba petróleo para el gobierno somalí. ‘Si Dios quiere, no pasará nada’, les decía.

Sin embargo, el 21 de abril llegó una nota de voz que lo cambió todo: ‘Mi barco está siendo atacado por piratas’.

El asalto al Honour 25

Frente a las costas de Somalia, hombres armados con fusiles AK-47 y lanzacohetes RPG emboscaron al buque tanque mercante Honour 25, que se dirigía a Mogadiscio con 18.500 barriles de petróleo a bordo. Los 17 tripulantes fueron tomados como rehenes.

Santi relató que su esposo no se percató de que estaban rodeados hasta que los asaltantes ya escalaban el casco del barco. Su primera reacción fue apelar a la religión compartida: ‘No me disparen, soy musulmán’, les dijo Ashari. La respuesta fue ordenar a toda la tripulación que se agrupara y confiscar todos los teléfonos.

El secuestro no fue un hecho aislado. En apenas dos semanas, piratas somalíes también capturaron el buque mercante Sward, cargado de cemento, y el petrolero Eureka, de bandera emiratí. Los tres barcos fueron conducidos hacia Puntlandia, la región semiautónoma del noreste somalí que históricamente ha funcionado como cuartel general de la piratería en el Cuerno de África.

Una amenaza que se creía superada

Por primera vez en más de una década, grupos piratas somalíes retienen simultáneamente tres buques comerciales con marineros de más de media docena de países a bordo, entre ellos ciudadanos de Egipto, India, Indonesia, Pakistán y Siria.

La Fuerza Naval de la Unión Europea (Eunavfor), encargada de supervisar las operaciones antipiratería en la zona, advirtió a la BBC que los grupos piratas ‘pueden percibir la crisis en el estrecho de Ormuz como una nueva ventana de oportunidad para reanudar sus actividades ilegales’.

La piratería somalí alcanzó su punto álgido en 2011, con 237 incidentes registrados por la Oficina Marítima Internacional. Ese año, los piratas llegaron a retener hasta 32 embarcaciones y 736 rehenes de forma simultánea. La respuesta de patrullas navales internacionales logró reducir drásticamente esa amenaza durante la siguiente década.

Consecuencias globales del resurgimiento

Expertos alertan sobre el impacto que tendría un regreso sostenido de la piratería somalí. Sofia Galani, profesora de la Universidad Panteion de Atenas y consultora de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, calificó de ‘catastrófico’ ese escenario para el transporte marítimo global.

‘Sumado a la amenaza de los hutíes en el mar Rojo y los riesgos en el estrecho de Ormuz, esto podría convertir toda la región —desde el mar Arábigo hasta el Cuerno de África— en un entorno operativo altamente peligroso’, advirtió la experta.

Las consecuencias no serían solo militares o logísticas. Según Galani, el encarecimiento de las primas de seguros y los costos de transporte terminaría repercutiendo directamente en los precios de los productos y, en última instancia, en los bolsillos de los consumidores de todo el mundo.

Mientras tanto, Santi Sanaya sigue esperando noticias de su esposo. Su historia pone rostro humano a una crisis que amenaza con desestabilizar una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 14 de mayo de 2026
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