Víctor Andrea D’Orsi, propietario del restaurante Al Giorno en Maturín, Venezuela, decidió abandonar su negocio el 25 de junio para trasladarse a La Guaira con un único propósito: cocinar para las víctimas de los devastadores terremotos que sacudieron el norte del país el día anterior. Con cuatro amigos y solo sus ollas como herramienta, este cocinero emprendió un viaje de día y medio que lo llevaría a convertirse en símbolo de la solidaridad venezolana en la peor crisis humanitaria del país en los últimos años.

Los dobles terremotos del 24 de junio dejaron un saldo inicial de 3.685 personas muertas, casi 17.000 heridas y decenas de miles de desaparecidas en La Guaira y sus alrededores. A pesar de la magnitud de la tragedia, Víctor reconoce que en Maturín la información fue limitada: «Había leído algo durante la noche, pero no nos habíamos enterado de la totalidad de la tragedia. Se había ido la luz en muchos lugares. No hubo señal ni redes sociales por horas después del terremoto». Sin embargo, las imágenes que logró ver le impactaron profundamente, motivándolo a actuar inmediatamente.

Contexto y antecedentes

Venezuela atraviesa una de sus peores crisis humanitarias de la historia reciente, agravada por años de deterioro económico, escasez de alimentos y servicios básicos deficientes. Los terremotos de junio llegaron en un momento particularmente vulnerable para el país, encontrando infraestructuras ya debilitadas y una población que sobrevive con recursos limitados. La zona de La Guaira, puerto histórico de Venezuela ubicado a apenas 40 kilómetros de Caracas, es una de las regiones más densamente pobladas del territorio, lo que multiplicó el impacto de la catástrofe natural.

La respuesta institucional a desastres naturales en Venezuela ha sido históricamente limitada, lo que ha generado que iniciativas ciudadanas y comunitarias jueguen un papel crucial en la atención de emergencias. En este contexto, acciones como la de Víctor D’Orsi no son excepcionales sino parte de un patrón de resiliencia y solidaridad que caracteriza a la sociedad venezolana, donde comunidades enteras se movilizan sin esperar coordenadas del gobierno para asistir a los damnificados.

Puntos clave

  • Un chef venezolano viajó 500 kilómetros desde Maturín hacia Caracas para cocinar comidas para víctimas de los terremotos que dejaron más de 3.685 muertos.
  • Víctor D’Orsi y su equipo distribuyen entre 200 y 700 comidas diarias a funcionarios de Protección Civil, personas damnificadas y especialmente a menores de edad.
  • El grupo opera desde una casa prestada en Caracas, cocinando diariamente arroz con pollo, costilla guisada, pasta, sopa y otros platos para ser transportados a La Guaira cada noche.
  • La iniciativa se ha expandido con la participación de decenas de voluntarios de Caracas que se turnan para colaborar, además de empresas y ciudadanos que envían insumos desde distintas zonas de la capital.
  • A pesar de las limitaciones logísticas y sanitarias, el equipo mantiene una rutina de trabajo intenso, durmiendo en el piso y dedicándose a cocinar desde las 10 de la mañana hasta altas horas de la noche.

Qué significa esto?

La acción de Víctor y su equipo representa mucho más que un acto de caridad: simboliza la capacidad de resistencia y solidaridad que emerge en Venezuela frente a crisis sistémicas. Cuando las instituciones fallan, son los ciudadanos ordinarios quienes asumen responsabilidades extraordinarias, demostrando que la ayuda humanitaria puede brotar desde espacios inesperados. Un chef de provincia que deja su negocio, un grupo de voluntarios desconocidos que se convierten en familia, y personas que cocinan a diario sin esperar remuneración configuran un modelo de cooperación que sostiene la vida cuando los sistemas fallan. Este fenómeno no es anecdótico: es la estructura invisible que mantiene a flote a la sociedad venezolana en tiempos de crisis.

Además, esta iniciativa pone en evidencia cómo los desastres naturales amplifican las desigualdades existentes y revelan las debilidades estructurales de países ya frágiles. Venezuela, enfrentada simultáneamente a una crisis económica prolongada y a una emergencia natural, depende crucialmente de estas redes de solidaridad para mitigar el sufrimiento. La ausencia de coordinación estatal clara, reconocida incluso por los propios actores sobre el terreno, contrasta con la organización emergente desde la base: voluntarios que se comunican por redes sociales, que cocinan en casas prestadas, que transportan alimentos en condiciones precarias, que duermen en pisos para poder levantarse a las 10 de la mañana a empezar de nuevo.

Perspectiva para Colombia y América Latina

La experiencia venezolana en La Guaira ofrece lecciones pertinentes para toda América Latina en un contexto de mayor frecuencia e intensidad de desastres naturales. Países como Colombia, Ecuador, Perú y otros enfrentan vulnerabilidades similares: infraestructura débil, sistemas de respuesta institucional limitados, y poblaciones que viven en condiciones de precariedad. El modelo de solidaridad orgánica venezolano, aunque nacido de la necesidad, demuestra que la sociedad civil puede ser más efectiva que las burocracias lentas en situaciones de emergencia. Para América Latina, esto sugiere la importancia de fortalecer no solo las capacidades estatales, sino también las estructuras de autoorganización comunitaria, las redes de confianza local, y los sistemas informales de cooperación que ya existen en nuestras sociedades.

Simultáneamente, la historia de Víctor también subraya la urgencia de la inversión en infraestructura resiliente y en sistemas de alerta temprana robustos en toda la región. Un continente donde personas deben cocinar en la calle o dormir en pisos para ayudar a víctimas de desastres es un continente que falla en garantizar el derecho básico a la protección. La solidaridad ciudadana, por admirable que sea, no debe ser un sustituto de la responsabilidad estatal.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas personas ha logrado ayudar el equipo de Víctor D’Orsi?

Según el propio chef, han repartido miles de comidas desde que iniciaron operaciones. En los primeros días llegaban a distribuir hasta 700 comidas diarias, aunque posteriormente la cifra se ha estabilizado entre 200 y 400 diarias, dependiendo de los recursos disponibles. Las comidas se entregan principalmente a funcionarios de Protección Civil, personas damnificadas y especialmente a menores de edad.

¿Cómo financia el grupo sus operaciones si no recibe salario?

La iniciativa opera con contribuciones voluntarias de ciudadanos de Caracas y otras zonas de Venezuela. Personas contactan a Víctor enviándole arepas, pan, agua, verduras, carne y otros insumos. El grupo prepara la comida en la casa prestada y luego la transporta a La Guaira cada noche. La mayoría de los participantes son voluntarios que se turnan según su disponibilidad, aunque Víctor y sus amigos de Maturín, junto con Crismary López, trabajan diariamente sin retribución económica.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 8 de julio de 2026
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