La tasa de inversión empresarial de la Unión Europea ha tocado fondo. Según los últimos datos publicados por Eurostat, el índice se situó en el 21,8% durante el cuarto trimestre de 2025, su nivel más bajo en más de una década, encendiendo las alarmas entre economistas y responsables de política económica en todo el bloque.

¿Qué mide exactamente este índice?

El indicador refleja cuánto dinero destinan las empresas a bienes como maquinaria, equipos o edificios, en proporción al valor total que generan. Quedan fuera del cálculo los bancos y entidades financieras: el foco está en las llamadas ‘empresas normales’, es decir, hoteles, fábricas, supermercados, aerolíneas y similares.

Para entender la magnitud de la caída, conviene mirar atrás. El índice alcanzó su punto máximo justo antes de la pandemia, en el cuarto trimestre de 2019, cuando llegó al 26,77%, impulsado por el auge de las importaciones de propiedad intelectual y la dinámica globalizadora. Hoy, la cifra está apenas un punto por encima del mínimo histórico registrado en el primer trimestre de 2010, cuando solo alcanzó el 20,93%, en plena resaca de la gran crisis financiera.

Los grandes centros empresariales, entre los que menos invierten

Uno de los hallazgos más llamativos del informe es que algunos de los principales polos económicos del continente registran las tasas de inversión más bajas. Luxemburgo, Irlanda y los Países Bajos se sitúan todos por debajo del 17%, una cifra que sorprende dado su peso en la economía europea.

El caso de Irlanda resulta especialmente significativo: el país ha perdido 27 puntos porcentuales en menos de una década, una caída que no tiene precedentes entre las grandes economías del bloque. Luxemburgo, en cambio, mantiene históricamente una tasa baja debido a su reducido sector industrial.

En el extremo opuesto, Grecia ha protagonizado uno de los ascensos más notables desde 2015, con un incremento cercano al 10%. Por su parte, Hungría y Croacia encabezan el ranking con tasas superiores al 28% en el último año con datos disponibles.

¿Por qué las empresas frenan el gasto?

El Banco Central Europeo (BCE) ha tratado de dar respuesta a esta pregunta tras encuestar a 64 grandes compañías de la zona euro sobre sus decisiones de inversión actuales y futuras. Los resultados son reveladores.

Alrededor del 90% de las grandes empresas consultadas atribuyen su reticencia a invertir a la debilidad de la demanda. Pero no es el único freno: más del 80% cita también la baja rentabilidad, las cargas regulatorias y los elevados costes laborales como factores determinantes.

A esto se suman las tensiones geopolíticas, que golpean especialmente a los fabricantes expuestos a aranceles y disrupciones derivadas de conflictos bélicos. Y hay un elemento que cada vez pesa más en los planes a largo plazo: la incertidumbre regulatoria en materia climática, que según las empresas encuestadas supone un freno incluso mayor que la actual crisis energética.

La productividad europea, en el punto de mira

El catedrático de Economía del INSEAD, Antonio Fatas, subraya la gravedad de la situación. ‘La inversión empresarial es un factor determinante del crecimiento del PIB. La inversión en equipos, software, fábricas… está claramente detrás del motor de crecimiento de la productividad’, explicó a Europe in Motion.

Fatas también advierte que Europa lleva años perdiendo terreno frente a Estados Unidos en términos de productividad, con una brecha que roza el 2% y que el economista califica directamente de ‘escandalosa’.

¿Puede el gasto en Defensa reactivar la inversión?

Hay, no obstante, un rayo de esperanza en el horizonte. Según el BCE, el aumento previsto del gasto en Defensa es percibido por una parte significativa del sector empresarial como un posible catalizador. La mitad de las empresas industriales encuestadas y una quinta parte de las del sector servicios confían en que ese mayor desembolso en Defensa respalde sus planes de inversión durante los próximos tres años.

La pregunta ahora es si ese impulso será suficiente para revertir una tendencia que lleva meses consolidándose y que pone en entredicho la capacidad de Europa para competir en la economía global del siglo XXI.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 14 de mayo de 2026
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