Una fotografía que hubiera sido impensable hace apenas unos años resume el nuevo capítulo de la diplomacia de presión que Washington despliega sobre La Habana: el director de la CIA, John Ratcliffe, sentado en la misma mesa que altos cargos del régimen cubano, incluido el nieto de Raúl Castro, Ramón Rodríguez Castro. La reunión tuvo lugar en La Habana, en el mismo día en que el gobierno cubano lanzaba una señal de alarma: las últimas reservas de combustible de la isla se habían agotado por completo, mientras las protestas y los apagones sacudían el país.

El mismo mensajero, el mismo método

No era la primera vez que Ratcliffe asumía un papel protagonista en este tipo de gestiones. Apenas unos meses antes, en enero, se había desplazado a Caracas para reunirse con Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela, en un contacto de naturaleza muy similar. El patrón se repite: el mismo hombre, el mismo mensaje y, aparentemente, el mismo objetivo.

El jefe de la inteligencia estadounidense llegó a Cuba con un discurso que combinaba la zanahoria y el palo. Por un lado, transmitió que Estados Unidos está dispuesto a colaborar ante la grave crisis que atraviesa la isla. De hecho, horas antes de la reunión, el Departamento de Estado había reiterado públicamente una oferta de cien millones de dólares en ayuda humanitaria. Por el otro, dejó claro que esa asistencia tiene condiciones.

Cambios fundamentales, la exigencia de Washington

La administración de Donald Trump no disimula sus pretensiones. Reclama ‘cambios fundamentales’ para ‘abordar seriamente cuestiones económicas y de seguridad’. Y el mensaje implícito no podría ser más directo: el presidente estadounidense, ocupado durante la semana con su cumbre en Pekín junto al mandatario chino Xi Jinping, empieza a mostrar impaciencia ante la ausencia de avances concretos.

La presencia de Ratcliffe en sí misma ya era un mensaje. Un alto cargo de la máxima confianza de Trump acudiendo personalmente a La Habana subraya la seriedad con la que la Casa Blanca toma estos contactos, la urgencia de la situación agravada por las sanciones y el bloqueo energético impuesto desde enero, y la posibilidad real de llegar a un acuerdo que evite el colapso total del régimen.

La CIA no precisó qué medidas concretas debe adoptar el gobierno cubano. Sin embargo, el comunicado difundido tras el encuentro fue suficientemente claro: Washington espera reformas económicas y políticas, y advierte que Cuba no puede convertirse en refugio de los enemigos de Estados Unidos en el hemisferio occidental.

Un guion calcado al de Venezuela

El paralelismo con Venezuela resulta difícil de ignorar. Ese mensaje es casi idéntico al que Ratcliffe transmitió a la presidenta encargada venezolana tras la operación militar estadounidense que capturó a Nicolás Maduro y lo sacó del país por la fuerza. La secuencia parece diseñada desde Washington como una plantilla: primero la presión máxima, luego el mensajero de confianza, después la oferta condicionada.

Sin secretos esta vez

A diferencia de visitas anteriores de directores de la CIA a La Habana, como la que realizó John Brennan en 2015 tras el histórico deshielo impulsado por Barack Obama y que Washington nunca reconoció oficialmente, esta reunión no se mantuvo en secreto. Fue el propio gobierno cubano el primero en revelarla. Poco después, la CIA la confirmó y difundió imágenes del encuentro en redes sociales.

Que ambas partes hayan decidido hacer pública la reunión no es un detalle menor. A los dos les convenía que el mundo lo supiera. Cuba, para mostrar que mantiene canales abiertos con la potencia que la asfixia. Estados Unidos, para demostrar que su presión está funcionando y que el régimen acepta sentarse a negociar.

Ratcliffe no es un director de la CIA convencional. En una administración que ha roto sistemáticamente con los protocolos establecidos, su papel como enviado diplomático en territorio enemigo representa una apuesta arriesgada, pero coherente con el estilo de Trump: máxima presión, máxima visibilidad y resultados rápidos.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 18 de mayo de 2026
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