Para 2050, las superbacterias podrían matar a más personas al año que el cáncer. No es una advertencia sacada de una novela de ciencia ficción: es la proyección que manejan expertos farmacéuticos y organismos de salud internacionales. La resistencia a los antimicrobianos (RAM) ya es hoy una crisis silenciosa que amenaza tanto la salud global como la economía mundial.

¿Qué es la resistencia antimicrobiana?

La RAM ocurre cuando las bacterias mutan y se vuelven capaces de sobrevivir al ataque de los antibióticos. Este fenómeno, que durante décadas fue ignorado o minimizado, es en gran medida consecuencia del uso excesivo e indiscriminado de estos medicamentos.

Estelle Fruchet, directora general de Shionogi Europe para Francia, una de las pocas farmacéuticas japonesas que aún investiga nuevos antibióticos, lo explica con claridad: ‘Cuando empecé hace 25 años, se recetaban antibióticos para una simple tos. Y cuanto más se utilizan, más capacidad tienen las bacterias de volverse resistentes’.

El resultado de este abuso acumulado durante décadas es alarmante: cada vez hay menos opciones terapéuticas eficaces frente a infecciones que antes eran fácilmente tratables.

El coste humano: miles de muertes evitables

Las cifras son difíciles de ignorar. Según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), las infecciones resistentes a los antibióticos causan más de 35.000 muertes al año solo en la Unión Europea.

A nivel global, la cifra asciende a aproximadamente 1,3 millones de personas anuales, un número equivalente a la población entera de ciudades como Praga, Dublín o Helsinki.

Si no se actúa con urgencia, una investigación publicada en 2024 por la prestigiosa revista ‘The Lancet’ advierte que para 2050 podrían morir 39 millones de personas en todo el mundo a causa de infecciones vinculadas a la RAM.

El impacto económico: billones en juego

La amenaza no es solo sanitaria. Las consecuencias económicas de la resistencia antimicrobiana son igualmente devastadoras. Las estancias hospitalarias más largas, la pérdida de productividad laboral y el aumento de los costes médicos ya pesan sobre los sistemas de salud de todo el mundo.

Solo en Europa, se estima que la RAM genera un coste de alrededor de 12.000 millones de euros anuales. Y las proyecciones apuntan a que esa cifra no hará más que crecer.

En el escenario más pesimista, los expertos calculan que para mediados de siglo la resistencia antimicrobiana podría generar 412.000 millones de dólares en costes sanitarios adicionales y 443.000 millones de dólares en pérdidas de productividad laboral al año. Algunas estimaciones van incluso más lejos y hablan de hasta 1 billón de dólares en gastos sanitarios extra y una caída del 3,8% del PIB mundial anual.

Un mercado roto que no atrae inversión

Desarrollar un nuevo antibiótico cuesta alrededor de 1.000 millones de euros y requiere entre diez y quince años de investigación, con una tasa de fracaso del 95%. A ese enorme riesgo se suma un problema estructural: el precio de los antibióticos en el mercado es bajo y su uso debe restringirse para evitar precisamente la resistencia, lo que hace que el retorno de la inversión sea muy poco atractivo.

‘Esto es lo que llamamos un mercado roto’, afirma Fruchet. ‘Necesitamos un nuevo modelo económico. Necesitamos que los gobiernos reflexionen y propongan esquemas de financiación que hagan este campo más atractivo para la industria’.

El ‘modelo Netflix’ como posible solución

El Reino Unido ha tomado la iniciativa con una propuesta innovadora: un sistema de suscripción por el que el servicio nacional de salud británico paga a las farmacéuticas una cuota anual fija por acceder a antibióticos esenciales, independientemente del volumen utilizado. El objetivo es desligar los ingresos de las empresas del consumo real del medicamento, incentivando así la investigación.

‘Se ha probado en el Reino Unido y está funcionando. Creo que podría aplicarse en otros países como Francia’, señala la directiva de Shionogi.

Sin embargo, los expertos coinciden en que ninguna solución aislada será suficiente. Médicos, legisladores, industria farmacéutica y ciudadanos deben actuar de forma coordinada si se quiere frenar una amenaza que, de ignorarse, podría redefinir la medicina tal y como la conocemos.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 18 de mayo de 2026
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