Axel Archaga Ríos tenía un sueño claro: terminar sus estudios, arreglar sus documentos y unirse al Ejército de Estados Unidos. Hoy, con apenas 18 años, ese sueño se ha convertido en pesadilla. Fue deportado a Honduras, un país del que casi no guarda recuerdos, tras haber crecido toda su vida en Georgia.

Una vida construida en Estados Unidos

Axel llegó a territorio estadounidense el 25 de junio de 2014, cuando tenía apenas cuatro años. Creció en Dunwoody, donde era estudiante con buen expediente académico en la escuela secundaria local y formaba parte del equipo de fútbol. Nunca tuvo antecedentes penales. Su vida era la de cualquier joven americano.

‘Yo estaba viviendo la vida, el sueño de Estados Unidos’, recuerda el joven en entrevista con CNN. Todo cambió el 27 de marzo, cuando fue detenido por un agente de tránsito acusado de no respetar una señal de alto. Axel asegura que sí se detuvo, pero que el oficial consideró que la parada no fue inmediata.

De una parada de tránsito a la deportación

Tras ser arrestado, Axel fue trasladado a la cárcel del condado de DeKalb para su procesamiento. Las autoridades del condado notificaron al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que asumió su custodia. El Departamento de Seguridad Nacional informó que un juez de inmigración había emitido una orden de deportación en su contra el 1 de septiembre de 2015, cuando era menor de edad. Axel asegura que nunca supo que esa orden existía.

Su abogado, Alejandro Cornejo, explicó que la orden se dictó porque la madre del joven, cuyo caso de asilo incluía a su hijo, no pudo presentarse a las audiencias en Florida tras huir de una situación de violencia doméstica. Según Cornejo, ella jamás recibió notificación alguna sobre las citas en el tribunal de inmigración.

‘Ella no tuvo jamás ningún tipo de notificación de que tenía una audiencia con el juez de inmigración en Florida. Por lo tanto, el juez dicta una orden de deportación’, detalló el letrado.

Una llegada traumática a un país desconocido

El regreso a Honduras fue un golpe devastador para el joven. Al llegar, tuvo que pedirle el teléfono a un desconocido para llamar a su abuela y que fuera a buscarlo. ‘Me sentía muy asustado porque era de noche’, relató. ‘Me quitaron todo en solo un mes’, resumió con dolor.

Actualmente vive en casa de sus abuelos maternos en Tegucigalpa, en un barrio marcado por la presencia de maras y pandillas. Prefiere no salir a la calle por temor a su seguridad. ‘Solo paso aquí con mis abuelos porque no tengo más familia acá, todos viven en Estados Unidos y tengo miedo de que me pase algo allí afuera’, confiesa.

El desgarrador testimonio de su madre

Kelin Ríos, la madre de Axel, describió lo ocurrido como un acto cruel e inhumano. ‘A mí me llamó él de Honduras cuando llegó. Esto es lo más cruel. Es inhumano. Se llevaron a mi niño’, declaró entre lágrimas. ‘Trataron a mi hijo como a un criminal’.

Kelin había contado antes de la deportación que su hijo siempre fue respetuoso de las leyes y que su gran ilusión era enlistarse en el Ejército una vez regularizara su situación migratoria. ‘Él se ha dedicado a estudiar y siempre me decía: mami, el día que llegue a arreglar papeles, quiero entrar al Ejército. Ese siempre fue su sueño’.

Axel creció hablando más inglés que español, ya que toda su vida transcurrió en Georgia. Ahora enfrenta la realidad de un país que siente completamente ajeno, lejos de su madre, de su hermano Daniel de 16 años y de su pequeña hermana Brianna de 8. Su único deseo es poder regresar a Estados Unidos, terminar sus estudios y reencontrarse con su familia.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 18 de mayo de 2026
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