El fenómeno climático conocido como El Niño está emergiendo con una velocidad superior a la prevista en el océano Pacífico, y las probabilidades de que alcance una intensidad histórica sin precedentes crecen semana a semana. Así lo advierte la última actualización del Centro de Predicción Climática de la NOAA, que eleva a dos de cada tres las posibilidades de que este ciclo se convierta en un episodio fuerte o muy fuerte.

Un fenómeno que avanza más rápido de lo previsto

El pronóstico más reciente del organismo estadounidense marca un cambio significativo respecto al mes anterior, cuando los modelos climáticos apuntaban todavía a condiciones neutras hasta junio. Ahora, se espera que las temperaturas del agua en el Pacífico ecuatorial superen el umbral de 0,5 grados Celsius por encima de la media en cuestión de semanas, el primer escalón para declarar oficialmente el inicio de El Niño.

El factor clave detrás de este avance acelerado es la acumulación de un enorme reservorio de agua cálida en las profundidades del Pacífico central y oriental. Con el paso del tiempo, esa masa de agua irá ascendiendo hacia la superficie, impulsando el fenómeno y fortaleciéndolo progresivamente.

¿Qué es El Niño y por qué preocupa tanto?

El Niño es un ciclo climático natural que ocurre cada dos a siete años y se prolonga habitualmente entre nueve y doce meses. Se produce cuando el Pacífico tropical se calienta lo suficiente como para alterar los patrones de viento a escala global, desencadenando una cadena de consecuencias meteorológicas en distintas regiones del planeta.

Sus efectos son devastadores y muy variados: sequías intensas, olas de calor, incendios forestales, lluvias torrenciales e inundaciones pueden producirse simultáneamente en distintos puntos del mundo. Además, El Niño tiende a frenar la actividad de los huracanes en el Atlántico y, a escala global, eleva las temperaturas medias del planeta, agravando el calentamiento ya provocado por el cambio climático.

Las probabilidades de un ‘Súper El Niño’ se disparan

Para que un episodio de El Niño sea catalogado como ‘muy fuerte’ o ‘Súper El Niño’, las temperaturas del agua deben superar en más de 2 grados Celsius la media histórica. Las probabilidades de que eso ocurra entre noviembre y enero han pasado de una en cuatro el mes pasado a aproximadamente una en tres según las últimas estimaciones del CPC.

Si los modelos más optimistas se confirman, el episodio de este año podría convertirse en el más intenso jamás registrado, superando incluso al de 2015-2016, el más fuerte en los archivos de la NOAA desde 1950. Sería, además, el primer Súper El Niño en casi una década.

La sincronía entre océano y atmósfera, clave para la intensidad

Según Michelle L’Heureux, científica responsable del pronóstico de El Niño en el CPC, la magnitud final del fenómeno dependerá en gran medida de si los cambios en la atmósfera continúan alineándose con los del océano durante el verano boreal. El debilitamiento de los vientos ecuatoriales al mismo tiempo que suben las temperaturas marinas sería la combinación que impulsaría al máximo su intensidad.

Aun así, los expertos advierten que ‘existe una incertidumbre sustancial respecto a la intensidad máxima’ del fenómeno. La ciencia climática puede identificar tendencias, pero la naturaleza siempre conserva su cuota de imprevisibilidad.

Lo que sí parece prácticamente seguro —con una probabilidad del 96%— es que El Niño se extenderá durante todo el invierno del hemisferio norte. El mundo deberá prepararse para un año climáticamente convulso.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 18 de mayo de 2026
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