El gremio eléctrico colombiano Acolgén lanzó una fuerte advertencia sobre la crisis energética que podría desatarse en el país si no se toman medidas urgentes antes de la llegada del fenómeno de El Niño. La presidenta de la asociación, Natalia Gutiérrez, fue contundente: las plantas térmicas deben encenderse de inmediato, sin esperar más dilaciones ni enfrentar obstáculos desde el propio Ejecutivo.
Una alerta que no puede ignorarse
El llamado de Acolgén no es menor. El gremio que agrupa a los generadores de energía eléctrica en Colombia considera que el país está jugando con fuego al postergar la activación de las centrales termoeléctricas. Estas plantas, que funcionan con combustibles fósiles como gas y carbón, son fundamentales para compensar la caída en la generación hidroeléctrica que trae consigo el estiaje provocado por El Niño.
Según Gutiérrez, el problema no es solo técnico ni climático. También hay un componente político que está frenando decisiones que deberían haberse tomado antes. Las empresas del sector, asegura, han recibido señales negativas desde el Gobierno, lo que genera incertidumbre y retrasa la operación de activos que hoy son indispensables para garantizar el suministro.
Tarifas al alza: el usuario pagará la cuenta
Uno de los puntos más sensibles del mensaje de Acolgén tiene que ver directamente con el bolsillo de los colombianos. El gremio advirtió que es prácticamente inevitable que las tarifas de energía eléctrica suban en los próximos meses. La combinación de mayor demanda, menor generación hídrica y costos más altos de operación termoeléctrica se traducirá, casi con certeza, en facturas más costosas para los hogares y las empresas.
Esta advertencia llega en un momento delicado, cuando los usuarios aún resienten los incrementos tarifarios de años anteriores y cuando casos como el de Vanti —empresa que se negó a reembolsar cobros adicionales de 2025— generan desconfianza en el sistema.
Un déficit que viene de lejos
Detrás de esta crisis asoma un problema estructural: proyectos de generación frenados o retrasados que han dejado al sistema sin el colchón de capacidad necesario para afrontar períodos de estrés climático. Colombia depende en gran medida de la generación hidráulica, y cuando los embalses bajan, la respuesta debe venir de las térmicas. Pero si estas no están listas o no reciben las condiciones adecuadas para operar, el margen de maniobra se reduce peligrosamente.
Expertos del sector han señalado que la falta de inversión sostenida, sumada a la incertidumbre regulatoria impulsada por algunas reformas del actual Gobierno, ha desalentado el desarrollo de nueva capacidad instalada.
El rol del Gobierno bajo la lupa
Acolgén también apuntó directamente a la incertidumbre generada por las políticas y reformas del Ejecutivo como un factor que complica la operación del sector. Las empresas necesitan reglas claras y estables para tomar decisiones de inversión y operación. Cuando esas reglas cambian o se percibe hostilidad institucional, el resultado es parálisis.
La situación también se ve presionada por eventos como la salida temporal de operación de la regasificadora de Cartagena en julio, decisión que genera interrogantes adicionales sobre la disponibilidad de gas para alimentar las plantas térmicas justo cuando más se necesitarán.
El mensaje de fondo es claro: Colombia necesita actuar ahora, con decisión y sin confrontaciones innecesarias entre el Estado y los operadores privados, si quiere evitar un apagón o una crisis energética de consecuencias graves para la economía y la vida cotidiana de millones de ciudadanos.


