A menos de una semana de la segunda vuelta presidencial en Colombia, la Registraduría Nacional del Estado Civil encendió las alarmas ante la circulación de correos electrónicos fraudulentos que informan falsamente sobre supuestos cambios en los puestos y mesas de votación. La entidad fue contundente: se trata de una comunicación engañosa que busca desorientar a los ciudadanos y que, además, contiene un enlace potencialmente malicioso.
El mensaje falso también hace referencia a un inexistente proceso de ‘registro biométrico’ previo al voto, lo cual no corresponde a ningún procedimiento oficial vigente. La Registraduría recordó que la inscripción de cédulas cerró en marzo de 2026 y que los datos de puesto y mesa de votación de cada ciudadano permanecen invariables respecto a lo ya asignado. La desinformación electoral, lejos de ser un fenómeno menor, puede suprimir la participación ciudadana al generar confusión justo cuando más se necesita claridad.
Contexto y antecedentes
Colombia atraviesa uno de sus ciclos electorales más tensos en años recientes. La segunda vuelta presidencial de 2026 enfrenta a candidatos con visiones opuestas sobre el modelo económico y la política de seguridad del país, lo que eleva el interés ciudadano pero también el riesgo de manipulación informativa. En este escenario, las campañas de desinformación dirigidas a los votantes no son nuevas: en las elecciones de 2022 ya circularon mensajes similares por WhatsApp que confundían a electores sobre sus lugares de votación.
La Registraduría Nacional es la entidad autónoma encargada de organizar y garantizar los procesos electorales en Colombia. Para esta jornada, ha habilitado tres canales oficiales de consulta: la aplicación móvil aVotar, un chatbot institucional y su sitio web oficial. Cualquier comunicación que llegue por correo electrónico anunciando cambios debe considerarse sospechosa, ya que la entidad no utiliza ese medio para notificar modificaciones individuales a los votantes.
El uso de phishing —correos falsos que suplantan instituciones— con fines de manipulación electoral es una tendencia global documentada por organismos como la OEA y el Centro Carter. En América Latina, este tipo de ataques informativos han ganado sofisticación: ya no solo buscan robar datos personales, sino influir directamente en la conducta del elector, disuadiéndolo de ir a las urnas o enviándolo al lugar equivocado.
Los puntos clave
- La Registraduría confirmó que el correo es falso y solicitó a la ciudadanía no abrir el enlace que contiene, ya que podría tratarse de un intento de phishing o instalación de software malicioso.
- No hubo ningún cambio en puestos ni mesas de votación: los datos del ciudadano permanecen exactamente como fueron asignados desde el cierre de inscripciones en marzo de 2026.
- El ‘registro biométrico’ mencionado en el mensaje falso no existe como requisito previo para votar en la segunda vuelta presidencial colombiana.
- Los únicos canales oficiales de consulta son la app aVotar, el chatbot institucional de la Registraduría y su página web oficial; ningún correo externo es fuente válida de información electoral.
- La desinformación electoral puede suprimir el voto: enviar a un ciudadano al lugar equivocado equivale, en la práctica, a impedirle ejercer su derecho al sufragio.
¿Qué significa esto?
Más allá del hecho técnico de un correo fraudulento, lo que está en juego es la integridad del proceso democrático. Cuando la desinformación se dirige específicamente a los mecanismos de participación —como el lugar y la hora de votar— su efecto no es solo confundir: es desmovilizar. Un ciudadano que recibe un mensaje aparentemente oficial indicándole que su mesa cambió, y que debe ‘registrarse’ de nuevo, puede simplemente desistir de ir a votar. En una segunda vuelta presidencial donde los márgenes suelen ser estrechos, miles de votos suprimidos por desinformación pueden inclinar la balanza.
El llamado de la Registraduría también pone sobre la mesa la responsabilidad del ecosistema digital. El correo electrónico sigue siendo uno de los vectores de engaño más efectivos porque genera una falsa sensación de formalidad. Que una institución del Estado deba salir públicamente a desmentir comunicaciones que usan su nombre es un síntoma de la vulnerabilidad informativa que enfrentan los procesos electorales modernos, incluso en países con instituciones electorales relativamente sólidas como Colombia.
Perspectiva para América Latina
El fenómeno que vive Colombia es un espejo de lo que ocurre en toda la región. Brasil, México, Venezuela y Argentina han reportado en los últimos años operaciones de desinformación electoral que circulan principalmente por WhatsApp y correo electrónico, suplantando entidades electorales o difundiendo datos falsos sobre procedimientos de voto. La diferencia en el caso colombiano es que la respuesta institucional fue rápida y pública, lo que representa una buena práctica replicable: las autoridades electorales deben tener protocolos de respuesta inmediata ante este tipo de ataques informativos y comunicarlos con claridad a través de sus canales verificados.
Para los países latinoamericanos que se preparan para elecciones en los próximos años, la lección es clara: la educación digital del votante y la verificación de fuentes oficiales deben formar parte de cualquier estrategia de integridad electoral. No basta con tener sistemas de votación seguros si el ciudadano puede ser engañado antes de llegar a las urnas.
La segunda vuelta presidencial en Colombia se realizará en los próximos días. La Registraduría mantiene activos sus canales de verificación y ha instado a los ciudadanos a reportar cualquier comunicación sospechosa. Lo que habrá que seguir de cerca es si este intento de desinformación fue un hecho aislado o si forma parte de una estrategia más amplia de interferencia electoral, algo que las autoridades competentes, incluida la Fiscalía General, deberán investigar con rigor.



