Un fugitivo herido, un disfraz civil y un cerco tecnológico en una carretera del Tolima: así terminó la huida de John Edison Chalá, conocido como alias ‘Víctor Chalá’, señalado cabecilla de una comisión armada del frente 36 de las disidencias de las FARC y principal sospechoso del asesinato del periodista Mateo Pérez. La Policía Nacional de Colombia anunció su captura el 13 de junio de 2026 en el municipio de Flandes, departamento del Tolima, luego de una persecución que lo llevó desde el Norte de Antioquia hasta el corazón del país.

La detención de Chalá no fue producto de la casualidad. Detrás hay semanas de inteligencia, una millonaria recompensa que activó la red de informantes, y una fuga desesperada que reveló tanto las capacidades como las fisuras de los grupos armados ilegales que operan en el Nordeste antioqueño. Su captura representa uno de los golpes más significativos al Grupo Armado Organizado Residual 36 (GAOR-36) en lo que va de 2026.

Contexto y antecedentes

El nombre de alias ‘Chalá’ saltó a la agenda pública colombiana tras el asesinato del periodista Mateo Pérez, crimen que conmocionó al gremio de comunicadores en el país y generó una ola de condenas nacionales e internacionales. Pérez cubría la realidad de comunidades del Norte de Antioquia, una región históricamente disputada por actores armados. Su muerte, atribuida al frente 36 de las disidencias FARC, encendió las alarmas sobre la seguridad de los periodistas en zonas de conflicto y llevó a las autoridades a ofrecer una recompensa millonaria por información que condujera a la captura de los responsables.

El frente 36, también denominado GAOR-36, es una de las estructuras más activas de las disidencias en Antioquia. Opera principalmente en municipios como Briceño, Ituango y Valdivia, corredores estratégicos que conectan el Urabá con el Nordeste y que históricamente han sido rutas de tráfico de drogas y armas. Tras el acuerdo de paz de 2016, estos territorios quedaron en disputa entre diferentes facciones, y el GAOR-36 emergió como uno de los grupos que rechazó la desmovilización. La llegada de ‘Chalá’ a la estructura, junto al traslado de otro mando conocido como alias ‘Primo Gay’, reconfiguró el liderazgo interno y endureció la violencia en la zona.

La recompensa ofrecida por las autoridades colombianas activó redes de información que resultaron decisivas. Según la reconstrucción de los hechos, Chalá resultó herido durante su escape inicial desde el Norte de Antioquia, lo que complicó sus movimientos y obligó al grupo a improvisar una ruta de huida que pasó por Puerto Valdivia antes de internarse hacia el centro del país. El exgobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, había señalado públicamente la peligrosidad de esta estructura, lo que añade dimensión política al operativo.

Los puntos clave

  • John Edison Chalá, alias ‘Víctor Chalá’, fue capturado el 13 de junio de 2026 en Flandes, Tolima, luego de huir desde el Norte de Antioquia con una herida de bala.
  • Las autoridades lo señalan como el principal responsable del asesinato del periodista Mateo Pérez, crimen que generó repudio nacional e internacional y por el que se ofreció una cuantiosa recompensa.
  • Chalá lideró una comisión armada del GAOR-36, la estructura disidente de las FARC más activa en el Nordeste antioqueño, y su detención desestabiliza el mando operativo de ese grupo.
  • Su captura se logró gracias a un cerco tecnológico en el peaje de Flandes, donde las autoridades rastrearon su ruta luego de que intentara camuflarse como civil para atravesar el interior del país.
  • La operación fue anunciada por el director de la Policía Nacional, el general William Oswaldo Rincón Zambrano, quien la calificó como un ‘golpe contundente al terrorismo’.

¿Qué significa esto?

La captura de alias ‘Chalá’ tiene un valor simbólico y operativo de primera magnitud. En lo simbólico, responde al clamor de justicia por el asesinato de Mateo Pérez y envía un mensaje a los grupos armados que ven a los periodistas como objetivos: la impunidad tiene límites. En lo operativo, descabeza una comisión armada que controlaba corredores de movilidad clave para el narcotráfico en Antioquia, lo que podría generar fricciones internas en el GAOR-36 y abrir disputas territoriales con otros grupos, como el Clan del Golfo o facciones del ELN presentes en la zona.

Sin embargo, el análisis honesto obliga a matizar el optimismo. Colombia tiene una larga historia de capturas de mandos medios que no logran desarticular de fondo a las estructuras criminales. El GAOR-36 cuenta con mecanismos de reemplazo probados, y la región del Norte de Antioquia seguirá siendo un foco de conflicto mientras persistan las condiciones estructurales que alimentan a estos grupos: pobreza rural, ausencia estatal, economías ilegales. La pregunta que queda abierta es si esta captura se traducirá en un proceso judicial ejemplar o en otro expediente engavetado.

Perspectiva para América Latina

El caso de Mateo Pérez y la captura de su presunto asesino resuena con fuerza en toda América Latina, una región donde el periodismo sigue siendo una profesión de alto riesgo. Según organizaciones como Reporteros Sin Fronteras y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), América Latina concentra varios de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, con México, Honduras y Colombia a la cabeza de las estadísticas de periodistas asesinados. Cada captura de un responsable de este tipo de crímenes es, a la vez, un precedente judicial y una prueba de que la presión internacional y el trabajo de inteligencia pueden rendir frutos concretos.

Para los movimientos de libertad de prensa en la región, este caso también ilustra la importancia de los mecanismos de recompensa y protección a informantes como herramientas que complementan la investigación criminal. Varios países latinoamericanos han adoptado esquemas similares con resultados desiguales. Lo que Colombia demuestre con el procesamiento judicial de alias ‘Chalá’ podría convertirse en referencia para otros sistemas que buscan romper el ciclo de impunidad en crímenes contra comunicadores.

Lo que hay que seguir de cerca es el proceso judicial que se abrirá contra John Edison Chalá en los próximos días: los cargos formales que se le imputarán, la solidez de las pruebas reunidas por la Fiscalía y la posibilidad de que su captura sirva para desmantelar más nodos del GAOR-36. Cualquier avance o retroceso en esa causa será un termómetro de la verdadera voluntad institucional de Colombia de garantizar justicia para los periodistas asesinados en sus territorios.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 13 de junio de 2026
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