El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) ha lanzado una señal de alarma sobre la salud económica de las regiones emergentes donde opera: el crecimiento agregado se frenará al 3,1% en 2026, medio punto porcentual por debajo de lo anticipado apenas tres meses atrás. El conflicto en Oriente Medio, que ha disparado los precios del petróleo y el gas y ha provocado interrupciones críticas en el estrecho de Ormuz, es señalado como el principal detonante de este deterioro.
El diagnóstico no podría llegar en peor momento. La inflación media en las regiones del BERD ya alcanza el 6,4% entre febrero y abril de 2026, un salto de 1,2 puntos porcentuales que borra buena parte del trabajo de enfriamiento logrado a finales del año anterior. Economías tan dispares como Egipto, Kazajistán, Rumanía, Turquía y Ucrania registraron resultados por debajo de lo esperado en el primer trimestre, confirmando que el impacto es transversal y no se limita a los países más cercanos al conflicto.
Contexto y antecedentes
El BERD es una institución financiera internacional fundada en 1991 para apoyar la transición hacia economías de mercado en la Europa poscomunista. Con el tiempo, amplió su mandato a Asia Central, Oriente Medio y el norte de África, convirtiéndose en un termómetro privilegiado de la salud económica de más de 35 países emergentes y en desarrollo. Su informe periódico de Perspectivas Económicas Regionales, conocido esta edición como ‘Strai(gh)t talk’, es considerado una referencia técnica de primer orden.
El agravamiento del conflicto en Oriente Medio ha introducido una variable que los modelos económicos de principios de 2026 no habían incorporado con suficiente peso: la vulnerabilidad del estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo. Las interrupciones en esta ruta marítima estratégica no solo encarecen el crudo, sino que elevan los costos de transporte y seguros para toda la cadena global de suministro.
A este shock externo se suman fragilidades estructurales preexistentes en las economías del BERD: una industria manufacturera debilitada tras años de disrupciones postpandemia, posiciones fiscales comprometidas por el gasto en defensa y subsidios energéticos, y monedas regionales que han perdido valor frente al dólar, amplificando el efecto inflacionario de los productos importados, especialmente alimentos y combustibles.
Los puntos clave
- El BERD rebaja su previsión de crecimiento agregado para 2026 al 3,1%, frente al 3,4% proyectado para 2025, en una revisión a la baja de 0,5 puntos porcentuales respecto a febrero.
- La inflación media en las regiones del banco escaló al 6,4% entre febrero y abril de 2026, impulsada principalmente por el encarecimiento de la energía y los alimentos, así como por la depreciación de monedas locales frente al dólar.
- Economías clave como Egipto, Kazajistán, Rumanía, Turquía y Ucrania registraron crecimientos por debajo de lo esperado en el primer trimestre de 2026, evidenciando un deterioro generalizado.
- Casi dos tercios de las economías del BERD han adoptado medidas de emergencia para proteger a los consumidores, incluyendo topes a precios de combustibles, rebajas fiscales y subvenciones, lo que incrementa la presión sobre las finanzas públicas.
- El banco advierte que un conflicto prolongado podría desencadenar nuevas subidas energéticas, agravar las disrupciones en cadenas de suministro y empujar las perspectivas de crecimiento aún más a la baja.
¿Qué significa esto?
Más allá de los números, el informe del BERD revela una trampa de política económica especialmente difícil: los gobiernos de la región están obligados a subsidiar energía y alimentos para evitar un deterioro social severo, pero esos mismos subsidios deterioran las cuentas públicas en un momento en que los mercados financieros internacionales exigen mayor disciplina fiscal. La economista jefe del banco, Beata Javorcik, lo resumió con precisión al advertir que el conflicto ‘ha supuesto un nuevo shock para unas regiones que ya arrastran debilidad en la industria manufacturera y posiciones fiscales frágiles’. Es decir, el golpe llegó cuando menos capacidad de absorción había.
El endurecimiento de las condiciones financieras globales complica aún más el panorama. Con tasas de interés elevadas en los mercados desarrollados y una mayor aversión al riesgo por parte de los inversores internacionales, las economías emergentes del BERD enfrentan un encarecimiento del crédito externo en el momento en que más lo necesitan para financiar tanto el déficit fiscal como la inversión productiva. Si la inflación se mantiene elevada ‘más tiempo del previsto’, como alerta el propio banco, los bancos centrales de la región tendrán poco margen para relajar su política monetaria, lo que frenará aún más el crecimiento privado.
Perspectiva para América Latina
Aunque América Latina no forma parte del ámbito de operaciones del BERD, las dinámicas descritas en este informe tienen implicaciones directas para la región. El encarecimiento del petróleo beneficia a exportadores netos como Colombia, Venezuela, Ecuador o México, pero castiga duramente a importadores como Chile, Brasil o los países centroamericanos, que verán presionadas sus balanzas comerciales y su inflación interna. Además, el fortalecimiento del dólar que acompaña a la incertidumbre global encarece las deudas soberanas denominadas en esa divisa, una vulnerabilidad histórica de varios países latinoamericanos.
En un plano más amplio, el escenario descrito por el BERD recuerda a América Latina que los shocks geopolíticos en regiones aparentemente lejanas tienen efectos en cadena inevitables en economías abiertas e integradas al comercio global. La dependencia energética, la fragilidad fiscal y la exposición cambiaria son variables que los gobiernos latinoamericanos deben monitorear con especial atención en este contexto de volatilidad prolongada.
El BERD proyecta una leve recuperación hasta el 3,6% en 2027, aunque esa cifra también fue revisada a la baja. La clave estará en la evolución del conflicto en Oriente Medio y en la capacidad de los mercados energéticos para estabilizarse. Mientras tanto, los próximos informes trimestrales del banco serán el indicador más preciso de si el deterioro se contiene o continúa profundizándose en las economías emergentes que opera.


